Autor: Baró Quesada, José. 
   El Príncipe clausuró ayer en el Instituto de Estudios Políticos el Consejo General de la Guardia de Franco  :   
 "He ofrendado tolo lo que soy y tengo, incluso mi vida, al servicio de España", dijo Don Juan Carlos. 
 ABC.    11/02/1970.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. MIERCOLES 11 DE FEBRERO DE 1970. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 19.

EL PRINCIPE CLAUSURO AYER EN EL INSTITUTO DE ESTUDIOS POLÍTICOS EL CONSEJO GENERAL DE LA GUARDIA DE FRANCO

«He ofrendado todo lo que soy y tengo, incluso mi vida, al servicio de España», dijo Don Juan Carlos

«LA LEALTAD QUE DEBEMOS AL CAUDILLO Y AL MOVIMIENTO SE LA DEBEMOS TAMBIÉN A VUESTRA ALTEZA, QUE TAMBIÉN CON EL SACRIFICIO DE MUCHAS COSAS ENTRAÑABLES HA SIDO LEAL A AMBOS» (PALABRAS DEL LUGARTENIENTE GENERAL DE LA GUARDIA)

Madrid. (De nuestro redactor político.) En la sede del Instituto de Estudios Políticos, situada en la planta superior del Consejo Nacional, presidió a media tarde de ayer el Príncipe, en medio de gran expectación, la clausura del Consejo General de la Guardia de Franco, que ha durado dos días, y en cuyas sesiones han participado cincuenta y dos lugartenientes provinciales, ayudantes, inspectores y la Junta de Mandos de la Lugartenencia General. Entre los asambleístas figuraban ex combatientes de la guerra- española y de la División Azul, miembros de la Vieja Guardia, de Falange y afiliados de las Juventudes. Ayer precisamente se publicó en el "Boletín Oficial" el decreto ordenador de la Guardia de Franco, de acuerdo con la Ley Orgánica del Movimiento.

Don Juan Carlos llegó al antiguo edificio del Senado, procedente del Palacio de la Zarzuela, en compañía del ministro secretario general del Movimiento y vicepresidente del Consejo Nacional, don Torcuato Fernández Miranda; de su ayudante de servicio, teniente coronel don Manuel Dávila Jalón, y de los inspectores de su escolta. Al entrar en el salón de actos se pusieron todos los asambleístas en pie y aplaudieron largamente a Su Alteza Real, a cuya derecha tomaron asiento el señor Fernández Miranda y el vicesecretario general, señor Ortí Bordás; a la izquierda lo hicieron el lugarteniente general de la Guardia de Franco, don Luis Soriano, y el director del Instituto de Estudios Políticos, don Luis Legaz Lacambra.

Abierta la sesión por el Príncipe, habló el señor Soriano, que dijo, entre otras cosas:

"Esta Organización, que por ser viva no es inerte ni estática, sino dinámica, se encuentra en este instante en un fecundo esfuerzo por adecuar sus estructuras a la realidad del tiempo en que vivimos. Nosotros, la Guardia de Franco, en este Movimiento, nos sentimos parte integrada de un todo con vocación nacional, y lo único que queremos es que se escuche nuestra propia voz, que a veces algunos mal intencionados han pretendido tachar de monopolista, cuando en realidad lo que pretendía era defender la unidad de todos los españoles, aun a costa de muchos sacrificios hondos y entrañables. La Guardia de Franco hizo desde el principio juramento de fidelidad al Caudillo y lealtad a los Principios Fundamentales del Movimiento.

Designado Vuestra Alteza por nuestro Caudillo ante las Cortes Española como sucesor, en el Caudillo y Vuestra Alteza se encarna el futuro de España, donde los Principios Fundaméntales del Movimiento han de alcanzar su plena realización. La lealtad que debemos al Caudillo y al Movimiento se la debemos también a Vuestra Alteza, que también con el sacrificio de muchas cosas entrañables ha sido leal a ambos.

Lealtad con lealtad se paga, y la nuestra, Alteza, es la de unos hombres que no han dudado ni dudarán en entregar su vida para conseguir la España que José Antonio soñara.

Como signo de agradecimiento de vuestra presencia en el acto de clausura del Consejo General de la Guardia de Franco, que es la representación colegiada de toda la Guardia de Franco de España, y como testimonio de la lealtad que hoy ofrecemos a Vuestra Alteza, le ruego acepte el emblema del Yugo y las Flechas, símbolo de la unidad de la Patria y emblema del Movimiento, con el que tantos españoles supieron dar cara a la muerte, o lo que es más difícil, a los trabajos de la vida diaria, con una sonrisa ilusionada."

Entregados al Príncipe, entre grandes aplausos, dos emblemas del Movimiento, uno de ellos de solapa, labrado en oro, pronunció Su Alteza Real este discurso:

"Es para mí una satisfacción estar ante vosotros. Comprendo perfectamente vuestra voluntad de servicio, pues toda mi vida ha sido orientada precisamente en el cumplimiento del deber. El sentido más radical y profundo de mi existencia está en mi consagración a la Patria. Como la semana pasada decía en Barcelona, he ofrendado todo lo que soy y tengo, incluso mi vida, al servicio de España. El 23 de julio, cuando ante las Cortes juré mi condición de Príncipe de España como Sucesor a título de Rey, afirmé que mi pulso no temblaría. Y estad seguros de que no temblará.

Vosotros estáis integrados en una Organización que, de acuerdo con el artículo octavo de los Estatutos del Movimiento, hace de vuestras tareas un servicio activo a los Principios del Movimiento y Leyes Fundamentales del Reino. Habéis jurado servir a España; yo, también. Habéis jurado fidelidad a los Principios del Movimiento y a las Leyes Fundamentales; yo, también. Habéis jurado lealtad a Franco y a lo que Franco significa; yo, también. Queréis para España el esfuerzo continuado que le asegure su grandeza y su libertad; yo también quiero lo mismo. Por eso comprenderéis mi satisfacción al encontrarme ante vosotros y presidir este acto. ¡Viva España!"

Las palabras de Don Juan Carlos fueron acogidas con una fuerte ovación de todos los representantes nacionales de la Guardia de Franco, puestos nuevamente de pie. Al imponérsele al Príncipe la insignia de solapa, los aplausos se reprodujeron. Su Alteza bajó del estrado y saludó uno por uno a los veteranos y los jóvenes allí presentes que le rodearon entre reiteradas demostraciones de adhesión. Después, con todos ellos, acompañado del ministro secretario general, pasó al bar y recorrió posteriormente las viejas dependencias del noble caserón que fue Senado de la Monarquía y que, a través de un siglo de historia, visitaron sus antepasados los Reyes de España.—José BARO QUESADA.

 

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