Autor: Baró Quesada, José. 
 Conmemoración de la muerte de Alfonso XIII. 
 El Caudillo y el Príncipe asistieron a las honras fúnebres oficiadas en El Escorial  :   
 En toda España hubo piadosas ceremonias en sufragio del último Monarca y de los demás Reyes de nuestras Dinastías. 
 ABC.    01/03/1970.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CONMEMORACIÓN DE LA MUERTE DE ALFONSO XIII

EL CAUDILLO Y EL PRINCIPE ASISTIERON A LAS HONRAS FUNE-BRES OFICIADAS EN EL ESCORIAL

En toda España hubo piadosas ceremonias en sufragio del último Monarca y de los demás Reyes de nuestras Dinastías

San Lorenzo del Escorial, 28. (De nuestro redactor político.) Hoy, XXIX aniversario del fallecimiento, en un hotel de Roma, del Rey de España Don Alfonso XIII, se han celebrado por su alma y por los Monarcas de todas las dinastías españolas, solemnes honras fúnebres en el monasterio de este Real Sitio, con asistencia de Su Excelencia el Jefe del Estado y de Su Alteza Real el Príncipe Don Juan Carlos, nieto de aquel inolvidable Soberano.

El Principe, a quien acompañaban desde su residencia del Palacio de La Zarzuela el jefe de su Casa, coronel marqués de Mondéjar, y su ayudante de servicio, teniente coronel del Ejército del Aire, don Juan Manuel Santos Suárez, fue cumplimentado a su llegada por el vicepresidente del Gobierno y los ministros, el presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, el capitán general de la I Región y otras autoridades.

A las once y veinticinco llegó el Caudillo, con los jefes de sus Casas Militar y Civil, mientras la banda del Regimiento Inmemorial del Rey, a cuyas fuerzas pasó revista en compañía del ministro del Ejército, interpretaba la Marcha Real española, Himno Nacional. Después de ser saludado por Don Juan Carlos, el Gobierno y otras altas representaciones de la Nación, entró el Generalísimo en la basílica bajo palio, portado por religiosos agustinos. En el atrio —donde se hallaban el prior y el vicario general castrense—se efectuó la tradicional ceremonia del agua bendita y del "Lig-num Crucís". Su Excelencia ocupó un sitial del lado del Evangelio. Su Alteza Real lo hizo en otro, colocado en lugar preferente, a la cabeza de los miembros del Gobierno. Detrás de Don Juan Carlos tomaron asiento el jefe de su Casa y su ayudante de servicio. Franco llevaba uniforme de capitán general, con la Cruz Laureada de San Fernando sobre el pecho; el Príncipe, uniforme de general, con el Toisón de Oro.

En los asientos designados de antemano por el Jefe del protocolo estaban, además de las personalidades indicadas, el presidente y los consejeros del Reino, la Mesa del Consejo Nacional, la de las Cortes, las Reales Academias, el Consejo de Estado, los Grandes de España, los Altos Tribunales, el capitán general, el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, los jefes de las Jurisdicciones Centrales del Aire y de la Marina, los subsecretarios, los directores generales, las autoridades de la provincia, los representantes del Municipio local y del Ayuntamiento de Madrid, muchas damas, dignidades eclesiásticas y el Cuerpo diplomático extranjero con el nuncio.

Actuó la Schola Cantorum del monasterio. Ante el catafalco, cubierto con un paño del siglo XVI, bordado en oro y rematado por la Corona Real de España, fue rezado un responso. Franco, al retirarse, saludó al Príncipe. La mañana era intensamente fría. En la lonja y en el Patio de los Reyes recibieron el Jefe del Estado y Don Juan Carlos entusiásticas demostraciones de cariño y adhesión.—J. B. Q.

 

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