Don Marcelino Oreja, en Bilbao. 
 "Hay que abordar una descentralización política "     
 
 Informaciones.    28/02/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

DON MARCELINO OREJA, EN BILBAO:

"Hay que abordar una descentralización política"

«MI PROGRAMA PARTE DE LA LEGALIDAD VIGENTE, PERO SIN EXCLUIR LA REFORMA

CONSTITUCIONAL»

BILBAO, 28. (INFORMACIONES.}

Con todo respeto, me permito discrepar de la interpretación que el presidente Arias dio al tema del

regionalismo en la rueda de Prensa del miércoles. Tal como quedó descrito su pensamiento, no se trata

más que de una fórmula técnica para descentralizar los servicios del Estado. Esto resulta insuficiente y es

necesario abordar una descentralización política.»

Así se refirió ayer al tema del regionalismo don Marcelino Oreja Aguirre en el transcurso de una

conferencia pronunciada en Bilbao, en el Colegio Mayor Deusto, ante un público estudiantil que hubo de

agolparse en los pasillos que conducen al salón de actos.

Representación y descentralización fueron los dos pilares sobre los que giraron sus «reflexiones en torno

al actual momento político». Señaló la velocidad del cambio y la conflictividad social como las dos

características más acentuadas de nuestro tiempo, «Por eso es preciso superar la interpretación simplista

de que la menor alteración debe ser tratada como desorden, si bien ha de quedar muy claro que la garantía

del orden constituye exigencia inexcusable para al mantenimiento de un marco democrático de

convivencia.»

Insistió en el hecho de que el orden debe ser una consecuencia de una estructuración justa de la sociedad.

«Es falso - añadió - enfrentar el orden y la justicia. Un orden sólo puede perdurar si es un orden justo.»

Son muchos hoy los españoles que admiten hoy una sociedad estructurada al estilo de los países

democráticos europeos, «que no creen ni en la peculiaridad congénita de un país ingobernable, ni en la

falta de preparación social para participar en las decisiones, unos españoles que creen que cuanto suponga

mutilación violenta, exclusión permanente, interdicción apriorística o interpretación mesiánica, es

perjudicial, crea nuevos problemas y no contribuye a solucionar los antiguos».

A la hora de fijar los principios básicos para una organización política aceptable, se fijó especialmente en

los aspectos enunciados: representación y descentralización.

REPRESENTACIÓN

En el orden de la representación hizo un juicio crítico del Estatuto asociativo, inscrito en un marco

insuficiente que ha provocado el recelo de unos y la repulsa de otros muchos españoles, que han

manifestado su voluntad de no participar. En este orden de cosas, abogó por una salida democrática del

sistema, «sin convulsiones, pero de forma acelerada». En este punto fueron significativas sus citas de

recientes declaraciones políticas de Praga, Juan Antonio Ortega y Miguel Benzo. Abundó en la idea de

que sólo un Estado democrático es un Estado fuerte, ya que sólo él puede evitar que quienes detentan el

poder se dediquen a asegurar su permanencia.

Como programa mínimo para la participación, señaló la incorporación al ordenamiento jurídico español

de los derechos y libertades contenidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el

Convenio Europeo para la Salvaguardia de los Derechos del Hombre, derogando asi las disposiciones vi-

gentes que tipifican hoy como delitos conductas protegídas por los documentos antes mencionados.

REFORMA CONSTITUCIONAL

El señor Oreja repitió una y otra vez que su programa político parte de la legalidad vigente, pero sin

excluir la reforma constitucional siguiendo los cauces marcados ya por la leyes. Esta reforma

constitucional debería abordar la elección por sufragio universal de la Cámara Legislativa, la unidad de

jurisdicción y el reconocimiento del hecho diferencial regional.

Sobre el Estatuto asociativo dijo que el procedimiento regulador pudiera estar reñido con lo que señala el

artículo 16 del Fuero de los Españoles, que establece que han de ser los órganos del Estado quienes

regulen el tema. En esta línea deberían ser las Cortes las encargadas de legislar y reglamentar el derecho

de asociación. Los Tribunales habrían de correr con el enjuiciamiento de cada actividad concreta, y en

todo caso el Gobierno podría suspender temporalmente su ejercicio.

A la hora de regular el derecho de asociación había dos opciones: una. capaz de suscitar esperanzas en un

momento tan crítico como éste, y la otra, que ha sido la elegida, que hace más difícil el inevitable tránsito

hacia el futuro.

Señaló también el señor Oreja la urgencia de regular el derecho de reunión, que a su juicio es previo al de

asociación, ¿Cómo será posible asociarse si hay problemas para reunirse?» Expresó su parecer de que en

este campo el comportamiento del poder público es restrictivo.

«Actualmente la sistemática interposición de compromisarios, la restricción del sufragio activo y pasivo,

la ausencia de opciones reales que puedan ser zanjadas por el voto son factores decisivos para una

languidez crónica de las elecciones, manifestada en los elevados índices de abstenciones.» Dijo también

que unas asociaciones ideológicas que se moviesen en un sistema de voto directo potenciarían el

acercamiento del pueblo al poder.

DESCENTRALIZACIÓN

Tras aludir a la necesario reconciliación de los españoles, pasó a ocuparse del tema de la

descentralización. que tal como ha quedado expuesto al comienzo de esta crónica no puede quedar en una

mera cuestión económica, de administrar los dineros de cada región, sino que debe ir hasta la

descentralización política, con órganos de gobierno intermedios. Esta fórmula sólo tendría cabida en un

régimen democrático, «ya que regionalismo y democracia son líneas trenzadas».

Esta ordenación regional dijo que resulta difícil de admitir en el actual ordenamiento constitucional, y

señaló que incluso el proyecto de ley de Bases de Régimen Local ignora el hecho de la región, tema en el

que retrocede sobre el proyecto anterior.

Sobre el concierto económico, señaló que a su parecer se trata de una solución insuficiente y que de todas

maneras, en el caso de admitirse, debiera ser con carácter generalizado, sin que suponga un privilegio

para unas determinadas regiones. Terminó su conferencia, abundante en citas y casi todas ellas muy

recientes, con una llamada a buscar entre todos esa realidad política de la que se había hablado en el

legítimo uso de la libertad responsable.

Al término de la conferencia, y como respuesta al último momento político, preguntamos al señor Oreja

su opinión sobre las declaraciones del presidente Arias:

«Pienso que es favorable el hecho de que el presidente del Gobierno haya iniciado un estilo nuevo,

dirigiéndose al país a través de sus medios de comunicación. En otro orden de cosas, creo que se

abordaron temas de actualidad, de interés general. Ahora bien, en la política no son suficientes las

palabras ni los gestos. Son los hechos los que importan.»

TÁCITO BUSCA CAMPO

El grupo Tácito, mientras tanto, ha iniciado en Bilbao su primera tentativa de ampliar el grupo

fundacional de Los Cincuenta. Coincidiendo con la conferencia pronunciada por don Marcelino Oreja, se

han mantenido contactos con un reducido grupo de personas que inicialmente pueden ser afines al

pensamiento de los tácitos.

Junto con el señor Oreja, estuvieron también presentes en esta inicial toma de contactos don Carlos

Guerra Zunzunegui y don Fernando Jiménez, que esta tarde iban a celebrar otra reunión similar en San

Sebastián.

Tácito trata de ampliar así su campo de acción en las provincias españolas para sondear la posibilidad de

constituir en el futuro una asociación, aunque no sea ésta la finalidad inmediata de las reuniones iniciadas

ayer en Bilbao, que continuarán en las próximas semanas a través de Badajoz, Valencia y Barcelona.

A pesar de los amplios cambios de impresiones mantenidos por los tácitos con personas de diferentes

campos políticos —«solo hemos excluido aquellos que pretendan una ruptura violenta desde la

clandestinidad»—, no se había abordado hasta ahora la extensión del grupo más allá del círculo de

fundadores, tarea esta que se emprende una vez definido el programa básico.

 

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