Autor: Senillosa Cros, Antonio de. 
   En torno a la Sucesión     
 
 ABC.    03/07/1969.  Página: 18-19. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

LA MAÑANA. PAG. 18.

OPINIONES AJENAS, POLEMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

EN TORNO A LA SUCESION

"La Vanguardia Española", de Barcelona, publicó hace unos días el artículo que por su interés nos permitimos reproducir a continuación:

No sé si influirá la "mesura mediterránea" que tanto apreciaba Camus, o será quizá por la lejanía del horno donde se cuecen los bollos políticos, pero lo cierto es que la Prensa barcelonesa posee un alto grado de ponderación que ojalá tuvieran por otras latitudes. Aquí no nos pasamos la vida tirándonos los unos a los otros frases a la cabeza como si fueran proyectiles, ni aludiéndonos con pataditas debajo de la mesa o con cómplices guiños al vecino.

Viene este preámbulo a cuento de la campaña que alguna publicación de la meseta vocea sobre la necesidad del nombramiento de un presidente de Gobierno, o de un sucesor en la Jefatura del Estado, o de ambas cosas a la vez. No nos referimos, claro está, a aquellos que lógicamente andan preocupados por el porvenir de España. Apuntamos a los inmovilistas, a quienes gritaban días atrás que era preciso cerrar las ventanas para que no entrara el viciado aire de Europa y son ahora los primeros en pedir movimiento, como si la ostra, cansada de serlo, quisiera convertirse en pez y ponerse a nadar.

En un documentado trabajo, ha escrito en "La Vanguardia" el profesor Carlos Ollero: "La Ley Orgánica contiene, como es sabido, unas disposiciones transitorias. En la primera se prescribe que las funciones y deberes señalados al Jefe del Estado por dicha Ley serán por él asumidas cuando se cumplan las previsiones de la Ley de Sucesión. En la segunda se establece que las leyes de enero de 1938 y agosto de 1939 subsistirán y mantendrán su vigencia hasta que se produzca el supuesto a que se refiere el artículo anterior. Parece fuera de duda que entre las atribuciones comprendidas en esas leyes figura la vinculación de la presidencia del Gobierno a la Jefatura del Estado. Eso fue lo que me llevó a plantear hace algún tiempo mis dudas sobre la posibilidad de que el desglose de ambos cargos pudiera realizarse sin distorsión jurídico-constitucional." Y más adelante añade: "La interpretación de que las funciones y atribuciones de la Jefatura del Estado son renunciables por ella en cualquier momento, son muy discutibles. La Jefatura del Estado es una institución objetiva y constitucíonalizada en los términos previstos en la Ley Orgánica y es más que dudosa la interpretación de las repetidas funciones y atribuciones como si fueran títulos privados."

Que tomen buena nota los madrugadores, aquellos que amparados en la sombra de Franco se atreven a solicitar de él la dejación de una parte de sus atribuciones actuales, es decir, la disminución de su fondo de poder.

Aunque el Jefe del Estado puede en cual-quier momento proponer a las Cortes la persona que deba sucederle, no parece inclinado a usar de tal prerrogativa. La minuciosidad con que está descrito el mecanismo sucesorio "ocurrida la muerte o declarada la incapacidad del Jefe del Estado sin que hubiese designado sucesor" (art, 8); la misma sempiterna cautela de Franco; el hecho de no haberlo nombrado durante veintidós años; el apartamiento de don Hugo Carlos del escenario político español; un montón de gestos y palabras, en fin, me conceden el derecho de suponerlo asi con tanta razón al menos como la que esgrimen quienes piensan lo contrario.

Tan sólo dos palabras sobre los republicanos: "qui n´osent pos dire son nom", y se camuflan en regencialistas. No hay duda de que la Regencia es uno situación provisional y el regente es un cargo transitorio concebible sólo en la expectativa de un Rey, como muy bien ha escrito en ´Tele-Exprés” Pedro O. Costa. Por ello, quienes piensan que "en la práctica la Regencia presenta posibilidades de un amplio contenido estructural que no debemos perder de vista en este trance", debieran no perder de vista tampoco que España es un Reino y que la Regencia no puede ser nunca un punto de parada. Y piensen también—pensamiento que, de seguro, les ayudará a vencer la tentación—que la República va en contra de las Leyes Fundamentales Españolas.

Ha llovido bastante en algunas zonas desde que en un violento editorial antimonárquico comentaba un periódico madrileño: "No somos nosotros los que alentamos a nadie en una anticipada carrera hacia la sucesión de Franco." Nosotros tampoco. Nosotros estamos, por una vez, completo acuerdo con dicho periódico, si es que sígue pensando así. Es más, a nosotros, desde cierta distancia, nos divierte ver a tanto espontáneo concursante arrojar muletas y cargas doctrinales, que ahora resultan muy pesadas, y ponerse a correr alocadamente. Nos da risa, porque el silbato que anuncia la salida de la carrera no ha sonado todavía y habrá que ponerse otra vez en línea.

Pienso que no se ha dado la importancia que se merece al artículo 13 de la Ley de Sucesión, que dice textualmente: "El Jefe del Estado, oyendo al Consejo del Reino, podrá proponer a las Cortes queden excluidas de la sucesión aquellas personas reales carentes de la capacidad necesaria para gobernar o que por su desvío notorio de los Principios Fundamentales del Estado o por sus actos merezcan perder los derechos de sucesión establecidos en esta ley"

Es claro que sólo puede perder derechos quien los tiene, y todos sabemos perfectamente que existe una única persona con derechos a la Carona española. Podrá negarse el valor de estos derechos, pero si los hay, si existen, el depositario de ellos es Don Juan de Barbón. El hecho de que Franco considere que el Conde de Barcelona no ha merecido perderlos permite formular una grata y lógica hipótesis. ¿Será preciso recordar la negativa de Franco a que Don Juan arriesgara su vida en la contienda civil, seguida año más tarde de su afirmación de que "el Rey tendría que venir con el carácter de pacificador y no debe contarse en el número de los vencedores"? ¿O los honores y atenciones hacia Doña Victoria y hacía Don Juan Carlos, es decir, hacia la madre y el hijo del Conde de Barcelona?

Pero hay algo más. El artículo 57 de la Ley Orgánica llama a las Fuerzas Armadas para que garanticen la defensa del Orden Institucional. Y eso sí está muy claro. Recuérdenlo, pues, quienes sueñan en repúblicas presidencialistas. Y también esos madrugadores que, en certera frase de José María de Areilza, "madrugan para ver sí el sol sale más temprano", los de la alocada carrera, los que quisieran nombrar un sucesor de Franco que, saltándose el orden sucesorio institucional, les debiera a ellos el cargo.

 

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