Autor: Ceberio, Jesús. 
 Carta de don Marcelino Oreja a la feria del libro y disco vascos. 
 "El estado debe dejar a la sociedad la responsabilidad de crear la cultura de su tiempo"     
 
 Informaciones.    02/11/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

CARTA DE DON MARCELINO OREJA A LA FERIA DEL LIBRO Y DISCO VASCOS

"El Estado debe dejar a la sociedad la responsabilidad de crear la cultura de su tiempo"

«Y CUIDAR DE QUE SE DEN LAS CONDICIONES SOCIALES Y POLÍTICAS PARA EL

LIBRE JUEGO, SIN TRABAS, DE LA CREACIÓN Y LA PARTICIPACIÓN»

Por Jesús CEBERIO

BILBAO, 2. (INFORMACIONES.)—Tuvo lugar ayer en la villa vizcaína de Duran-go la inauguración de

la novena edición de la Feria del Libro y Disco Vascos, en la que se exhiben 300 discos y unos 1.500

libros, repartidos en 23 «stands».

En el acto inaugural, que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Durango, participaron el delegado de

Información y Turismo de Vizcaya, don Antonio López, que presidió el acto, y don Gregorio Monreal,

profesor de la universidad de Valladolid, quien pronunció una conferencia sobre «Las instituciones

públicas en la merindad del duranguesado hasta el siglo XVIII».

Estaba previsto que el subsecretario del Ministerio de Información y Turismo, don Marcelino Oreja

Aguirre, presidiese esta inauguración, pero los últimos acontecimientos políticos se lo han impedido. No

obstante, envió una carta que fue leída en el transcurso del acto, en la que, tras excusarse por no poder

asistir a esta inauguración, señaló la importancia de los grupos sociales, las comunicaciones locales,

provinciales y regionales en la creación cultural.

«El Estado ha de procurar -continúa la carta- la posibilidad de que todos participen en el desarrollo

cultural, administrando un patrimonio de riqueza colectiva, pero debe dejar a la sociedad la

responsabilidad de crear la cultura de su tiempo que le sea propia y que la refleje, y cuidar de que se den

las condiciones sociales y políticas para que ese libre juego de la creación activa y la participación

comunicante pueda darse sin trabas, marcando sólo los límites que hagan posible la pública convivencia,

el respeto a la ética y el bien común y la salvaguardia de aquellos valores que aseguran la identidad de los

pueblos. Sólo de esta forma la cultura, entendida como una aventura común propuesta por los hombres

para una deseable solidaridad, podrá florecer de forma múltiple, espontánea y diversa y acomodarse a la

variedad regional de nuestro territorio.»

Continúa su cana el señor Oreja manifestando que esta descentralización territoria1 sólo se puede

conseguir con la participación y colaboración de centros regionales, asociaciones intermedias y

comunidades que pongan la cultura como meta de su existencia.

 

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