En el Consejo Nacional     
 
 Informaciones.    27/05/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 2. 

ACCIÓN POLÍTICA Y PARTICIPACIÓN

ESTA vacante la más genuino «dirección peñera?» de Secretaría General del Movimiento: la Delegación Nacional de Acción Política y Participación. Y el cese de don Rafael Ruiz Gallardón a su frente ha levantado la suposición, aireada en la Prensa, de que «Acción Política» puede desaparecer del organigrama de Secretaria General.

Durante la posguerra española y la guerra mundial primó el concepto del Movimiento organización, sobre el de Movimiento-comunión de todos los españoles, consagrado años más tarde en la ley Orgánica. Entonces, Secretaría General tenía unas funciones bastante claras y definidas. Luego (principalmente en la prolongada etapa regida por don José Solísj la unión de Secretaría con la Delegación Nacional de Sindicatos en la persona de un mismo ministro imprimió una especie de «compás de espera» a este Departamento, hasta el punto de que la principal actividad del ministro Salís se decantaba precisamente del cargo que no tenía rango ministerial: Sindicatos. La paulatina evolución del Régimen y los resabios de los vencedores en la guerra mundial hicieron cambiar de apariencia y significado al edificio de la calle de Alcalá.

C´on el nuevo Gobierno de octubre de 1969, la Delegación Nacional de Sindicatos, adquirió, rango ministerial, con su propio hombre al frente, y Secretaria General pareció tomar un nuevo rumbo más abierto y más dinámico. Las reminiscencias históricas a nivel formal se disolvían con la desaparición de F. E. T. y de las J. O. N. S. Baste recordar la tormenta en un vaso de agua que provocó la decisión del nuevo ministro señor Fernández Miranda de sustituir las camisas azules del funcionario subalterno de la casa de Alcalá por otras blancas. Comenzaba a extenderse el rumor, bien infundado como ha podido verse, de que se pretendía «desfalangistizar» el sistema.

Secretaría General, no obstante, tenía que encontrar su función especifica recabando la participación política de la mayoría de los españoles, porqife el Movimiento había sido definido por las leyes y por las más altas autoridades del sistema como un lugar de encuentro de todos y porque la evolución política del país producía tensiones aperturistas a las que era preciso atender. Desde antiguo, el organigrama de este Departamento venía siendo cuestionado. No carece de lógica, por ejemplo, la reiterada solicitud de que se cree un Ministerio de la Familia, la Juventud y el Deporte, al uso de otros países europeos, y que «rebañaría» de Secretaría General las delegaciones de Sección Femenina, Deportes, Familia y Juventudes. De llevarse a cabo este empeño, Secretaría General quedaría ceñida —o quién sabe si potenciada— a su terreno específico: la acción política.

Pero aun soslayando la anterior especulación, a nadie se le oculta que el eje de gravedad de Secretaría General está—debería estar al menos— en la Delegación Nacional de Acción Política. Un Ministerio del Movimiento no tendría sentido orgánico si se limitara a aglutinar las rectorías del deporte o de la juventud o de la familia; por más que el señor ministro viceprésida el Consejo Nacional del Movimiento, el Ministerio encuentra su más exacta justificación en la articulación de la participación política del pueblo español.

Así se entendía cuando finalizando 1969 la vieja Delegación Nacional de Asociaciones se transformaba en Delegación Nacional de Acción Política y Participación. El cambio, propiciado por el señor Fernández Miranda, distaba mucho de ser meramente funcional. El cambio venía de la mano de un «replanteamiento» del asociacionismo político, que entonces tenía posibilidades de llegar a ser regulado. Acción Política y Participación estaba llamada a obrar de acuerdo con su nombre. Pero esta delegación nacional, para qué negarlo, no ha funcionado. Enterrado el asociacionismo, poco podía hacer el señor Ruiz Gallardón al margen de mantener la estructura y él registro asociativo de la extinta Delegación Nacional de Asociaciones.

Recordamos que se ha especulado con la posibilidad de que desaparezca esta delegación nacional. Pues bien: si no vamos a tener asociaciones poli-ticas a corto plazo, lo más realista es que las asociaciones «del Movimiento» sean trasvasadas a Gobernación bajo la ley de Asociaciones de 1964. Es en Gobernación donde en la actualidad se registran los «clubs» políticos del país. Todos estos «clubs», de raíz francesa, han preferido el registro asociativo de Gobernación al registro asociativo del Movimiento. Y la elección está plenamente justificada en tanto el Movimiento no abra cauces explícitos a la participación política de los grupos. El «impasse» en que ha permanecido esa Delegación Nacional de Acción Política y Participación, de tan prometedor nombre, obedece en principio a que los españoles siguen sin saber bien qué es ti Movimiento. Y esto no lo decimos nosotros solos, lo dijo en su día el recién cesado delegado señor Ruiz Gallardón, cuando aún estaba en el cargo.

Encuestas, polémicas, discursos, no han faltado para esclarecer el tema. Y las opiniones han sido muchas veces dispares y hasta antitéticas. Presumiblemente la única manera de que los españoles nos pongamos de acuerdo en esto consiste en potenciar nuestra acción y participación políticas en el respeto debido a la Constitución. Esta es, a nuestro juicio, la principal tarea de la Secretaría General del Movimiento: su apoyo subsidiario a la participación política de los españoles. Por el contrario, sin Delegación Nacional de Acción Política y Participación o con el mantenimiento de ésta en estado de congelación, Secretaría General se reduce funcionalmente a un «collage» de actividades varias en los órdenes deportivo, familiar, cultural, informativo, etc., en duplicidad muchas veces con otros departamentos ministeriales. Y a mayor abundamiento, el señor ministro es más importante que el Ministerio todo, en tanto la más política de las funciones de Secretaría General reside en la vicepresidencia del Consejo Nacional que ostenta el titular del Departamento.

 

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