Autor: Buil Giral, León J.. 
   Participación en las tareas públicas     
 
 Ya.    05/04/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

PARTICIPACIÓN en las tareas públicas

EL Consejo Nacional va a examinar las sugerencias presentadas sobre "medidas concretas para ampliar la participación de los españoles en las tareas públicas". Algo menos de la mitad de los señores consejeros han creído que puede mejorarse el campo de participación política de los españoles y, haciendo uso a una de sus dotes de realismo e imaginación, han puesto pluma a sus ideas para la más importante tarea que tiene encomendada el Consejo: conseguir que el Movimiento sea de todos y para todos. Hoy no lo es en la práctica, acaso porque las medidas adoptadas en tal sentido han sido" tímidas y muchas veces inacabadas.

La representatividad es, en. general, poco directa; la participación tiene un ahormado escape en los Consejos del Movimiento" y en la vida local, y su normal expresión se reduce al ejercicio del derecho a votar. En no pocos casos, por otra parte, empieza a ser difícil encontrar personas idóneas que consientan en ostentar cargos gratuitos de libre designación: las causas y los efectos comienzan a empujar en el mismo sentido. De igual modo, la participación representativa propiamente dicha aparece débil y excesivamente condicionada, sin que se aprecien mejoras notables a no ser en el ámbito sindical.

ESTOS grandes rasgos de la cuestión participativa hacen evidente que estamos ante el más difícil problema político de nuestra nación, que en este punto se asemeja a las otras, de igual modo que se distingue por el frecuente desplazamiento de la política a campos impropios, perturbando el normal funcionamiento de mTP" chas instituciones. No son necesarias grandes dosis de perspicacia para concluir que las prolongadas crisis que afectan a elementos esenciales de la estructura social traen causa de un incumplimiento de sus funciones propias. No puede tranquilizarnos la afirmación, que responde a una realidad, de que es conveniente la politización de la gente, porque esto es muy distinto a politizar en sentido amplio o ideologizar las instituciones. De la Universidad deben salir fundamentalmente las soluciones de política universitaria, no las de otras cuestiones generales o particulares que, a lo sumo, pueden interesar a los universitarios particularmente, sin implicar en nada a la institución. La afición muy hispana de arreglar la casa del vecino y llevar la discusión familiar a la calle encuentra apoyo en la dificultad para participar en la política general, lo que induce al empleo de las vías indirectas.

Si estas desviaciones son debidas en buena parte a la inadecuación de los medios de intervención en la política, no cabe restar importancia a otros defectos de la propia estructura político-administrativa que, por ha1larse presentes como elementos habituales de ella, se aceptan sin reparo y ´sin otras medidas correctoras que limar pequeños inconvenientes funcionales. Sin embargo, tienen una gran trascendencia que se echa de ver inmediatamente: los puntos de poder son pocos y centralizados; un gran porcentaje de las medidas de gobierno se adopta en unos contados centros de decisión. Y esto ocasiona que en las periferias

León J. BUIL GIRAL

Participación en las tareas públicas

políticas la participación quede reducida al título del cargo y a concurrir a las reuniones y actos en los que nada o poco se decide, o tiene tan escasa importancia cuantitativa y cualitativa que mis piotuaciones, en el conjunto de las decisiones políticas de la nación, pesan menos que las letras de la ley que las institucionaliza. El proceso de desconcentración por delegación de funciones puede crear la impresión de que se está luchando contra tal defecto. No obstante, nada más lejos de la realidad. Las competencías atribuidas originaria mente, o bien delegadas, tienen tales condicionamientos, que pueden considerarse como actividades consultivas dentro del proceso de la resolución, que viene inspirada o determinada por unas pocas personas u órganos. En la práctica, lo que se delega es el acto material de la firma, y, en cuanto a las competencias conferidas, esconden una amplia trastienda, desde la que se imparten consignas o meras orientaciones que, con cuenta de la exquisita veneración hada el poder que se da por ahí, reducen el papel de muchas personas al de portavoces.

Habrá quien se sienta satisfecho asi, reducido a ser transmítante de propuestas y decisiones; pero serán muchos los que preferirían asumir la responsabilidad real de las decisiones a ostentar una apariencia de poder.

Los cargos políticos y Árganos verdaderamente decisorios son bastante escasos en nuestra nación. La confusión entre la estructura política y la Administración

hace que la deseable coordinación de funciones se alcance por el sencillo, pero poco funcional, recurso de que los hilos de la actuación pública los manejen unos pocos operadores; con la excepción de lag corporaciones locales—y esto es muy relativamente—, los órganos colegiados de cualquier naturaleza son la proyeccddn de sus dirigentes. Es indiferente que examinemos la esfera nacional o la provincial, porque la inspiración política de ambas es la misma. Nunca o casi nunca podremos representar la pirámide del poder truncada, sino con el vértice afilado, dominante e indiscutible.

Una auténtica descentralización como la que, en términos moderados y no poco recelosos, se propone ensayar la proyectada ley de Régimen Local, próxima a discutirse en nuestras Cortes, puede presentarnos a la vuelta de unos pocos años, una imagen bien distinta de la participación política si se insiste en el mismo sentido. Participar en las funciones públicas con base en unas competencias precisas y de contenido real, definidas con palabras rectas y claras; sentirse responsable ante los administrados (y no sólo ante los superiores) de las decisiones propias, con el lógico efecto de un cumplimiento más escrupuloso del objeto cometido; sopesar los pros y contras de la decisión, sin ampararse en los superiores Jerárquicos, supone convertirse en elemento activo de la función: bien distinto de una participación pasiva, muchas veces sin otro contenido ni realidad que la presencia física. El campo de .la participación tiene un vasto horizonte de posibilidades para acrecentarse. La oportunidad, fruto de un reto a la Imaginación y buen sentido de los consejeros nacionales, está a la mano.

León J. BUIL GIRAL

 

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