Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
   El proceso de participación política     
 
 ABC.    20/06/1974.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 1. 

EN POCAS LINEAS

EL PROCESO DE PARTICIPACIÓN POLÍTICA

«Estamos dispuestos a dar cima al proceso de participación.» Son palabras del presidente del Gobierno en

Barcelona, que hay que creer por su sinceridad y no olvidar en ningún momento. En esa misma línea y

propósito ha desenvuelto e1 ex ministro Federico Silva su discurso de ingreso en la Academia de

Jurisprudencia y Legislación de Valencia, exponiendo un proyecto de ley electoral que gobernantes y

legisladores debieran examinar muy atentamente. Una de sus afirmaciones ha sido: «Democracia directa

para la elección de procuradores familiares y consejeros nacionales, representantes de las provincias y,

cuando sea posible, de los procuradores representantes de la Administración Local.» Mi única objeción a

Silva Muñoz sería preguntarle: ¿Es que todavía no es posible esta última cosa? ¿Para cuándo entonces?

Por su parte, la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, por boca de su presidente, Abelardo

Algara, ha pedido a sus miembros que no accedan al poder por el poder y que, buscando la verdad y la

justicia, no contribuyan conscientemente a situaciones injustas. Lo que se pretende es que «en su

participación política sean ardientes defensores de la primacía de la persona humana, que salvaguarden la

libertad como bien fundamental, que defiendan los derechos humanos y su efectivo reconocimiento y

puesta en práctica, que afirmen la familia y el matrimonio como sacramento y que condenen la violencia

como forma de reivindicación». A lo mejor habría que inscribir en el proceso de participación política la

posible dimisión de Fraga —aunque la ha desmentido— como embajador en Londres, y acaso su

ascensión a la presidencia de las Cortes, o su presencia permanente en Madrid para organizar una de las

futuras asociaciones, si es que, por fin, llegan a cuajar. Con Portugal, en cuanto a relaciones, estarnos casi

mejor que en otros tiempos, y las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Soares, correctas,

afirmativas y optimistas, demuestran, como ha dicho Calvo Hernando, que el nuevo régimen carece de

aquellos complejos antiespañoles de la derecha portuguesa. También es interesante, aunque queden al

margen del proceso de participación, que las conversaciones concordatarias marchen por un cauce

netamente cordial, prometiendo buenos frutos.—ARGOS.

 

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