Autor: Sanz Jarqué, Juan José. 
   El campo: problemática y soluciones  :   
 Libertad y unidad sindical. 
 Ya.    28/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

28-IV-77

EL CAMPO: PROBLEMÁTICA Y SOLUCIONES LIBERTAD Y UNIDAD SINDICAL

El problema sindical está en la calle y es tal vez el que con más urgencia exige una inmediata solución en

el campo. Sin ello, el sector agrario quedará expuesto a ser manipulado, sometido al paternalismo de la

Administración y aun a la misericordia y el egoísmo de los demás sectores económico-sociales del país,

cuando no de vergonzantes y poderosas fuerzas extrañas y su pranacionales, interesadas en dirigirlo y

llevarse su sudor.

El viejo sistema del sindicalismo vertical ha sido ya desarbolado, siquiera los agricultores siguen en

muchos casos como si nada pasara junto a sus hermandades y cámaras.

HA sido precisa la llamada "guerra de los tractores" para que los agricultores y ganaderos hayan visto

claro que además de las cuestiones económicas de la venta de la patata, la defensa de los precios en

general y la cuestión de la Seguridad Social, hay otras muchas cuestiones de fondo entre las que está,

como más trascendente, la sindical.

Mas, realmente, los agricultores quedan asombrados, en general, cuando oyen decir que sus viejas

organizaciones de las hermandades y de las cámaras van a perder su esencia sindical, de la que quedan

como huérfanos, aunque se integren y organicen junto a la Administración del Estado, siquiera sea con

cierta autonomía y personalidad propia, al servicio de los intereses generales del campo, como ocurre en

Francia, donde las cámaras tienen gran prestigio, pero con independencia de la fuerte acción sindical

agraria, que permanentemente ejercen otras poderosas organizaciones sindicales del país vecino.

NOS encontramos, pues, ante un enorme vacío sindical en el campo, que es de urgencia llenar, bajo el

peligro de males insospechados y nuevos. A tal fin parece ser que va dirigida la promulgación de la

anunciada ley de Libertad Sindical, dictaminada ya por la correspondiente comisión de las Cortes

Españolas.

Aprobada y publicada que sea esta ley, se habrá abierto el camino para la legalización y legitimación de

las diferentes asociaciones profesionales y sindicales agrarias, que de hecho ya existen y funcionan por

las diversas comarcas y regiones españolas. Pero, ¡atención!, porque es aquí donde nos surge la cuestión

sobre la efectividad que de hecho habrá de producirse en el campo en cuanto a la deseable libertad

sindical. ¿Cuántos agricultores se sindicarán? ¿Será posible arbitrar armónicamente después la

imprescindible unidad sindical que también propugnamos?

Las contestaciones extraídas de aquello que piensan y dicen los propios agricultores son significativas y

contradictorias.

De una parte hay unanimidad en los agricultores cuando dicen que nada más importante para ellos que

organizarse y estar unidos para defender todos juntos sus intereses profesionales.

ES criterio unánime en los pueblos la idea de que en esta acción sindical, dirigida a la defensa de los

intereses agrarios, coinciden todos los agricultores sin excepción y al margen de credos, tendencias e

ideologías políticas que pretenden dividirlos y que no aceptan.

Pero de otra parte es un hecho evidente también que a pesar de esa unánime aceptación expuesta, sólo una

minoría está decidida a un compromiso efectivo y continuado de sindicación. En general, respecto a

"apuntarse", "firmar" y "pagar cuotas", de eso en el campo y la mayoría, "nada".

En consecuencia, creemos que, de momento, la sindicación formal será muy pequeña, es decir, que van a

ser muy pocos los agricultores y ganaderos y aun los trabajadores que se apunten con sus cuotas a

organizaciones profesionales y a sindicatos libres, que son los únicos que en el futuro van a existir.

Si en general se dice que sólo un 25 por 100 de la población activa de los países más desarrollados está

sindicada, en España y entre los agricultores es posible que no lleguemos al referido porcentaje.

MAS surge otra cuestión dentro ya de ese mínimo de sindicación agraria que se provee en nuestra

agricultura. ¿Seremos capaces de lograr la integración, federación y confederación de las diversas

asociaciones y sindicatos agrarios que se constituyan al calor del principio y de la normativa de libertad

sindical?

En verdad, creemos que será muy difícil conseguir esa unidad que tan decididamente pretendemos para el

campo, en razón a ciertos intereses que se presentan como irreconciliables y como en polos opuestos.

Sin embargo, y con todo, estimamos que esa pretendida unidad que defendemos podrá lograrse, al menos

y de modo aformal, en un 80 por 100 de los agricultores españoles, esto es, en casi toda la población

activa del campo, la cual, unánimemente, es defensora de los valores sustanciales de la persona y de la

familia, del ejercicio de la libertad entre sí y frente al Estado, del reconocimiento de la personalidad y de

la dignidad del hombre; en este caso del agricultor, y de la propiedad privada, sobre la que cada agricultor

quiere asentar su explotación y su empresa, sea individual, familiar, asociada o cooperativa, según las

circunstancias y las decisiones de la propia voluntad de los mismos.

Nos encontramos, pues, ante una nueva etapa en la historia del sindicalismo agrario español. Si todo se

desarrolla como deseamos, será un éxito. En otro caso, tendremos que seguir acogidos, y ello como

necesario recurso y por incapaces, a la tutela de la Administración Pública y a la gestión que en favor de

los intereses generales del campo habrán de seguir haciendo las viejas instituciones sindicales

transformadas, tal vez, en entidades agrarias locales, cámaras agra-rías y consejo de cámaras.

Juan José SANZ JARQUE

 

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