Señor Utrera Molina, en Logroño. 
 "No se puede sostener la minoría de edad política de todo un pueblo"  :   
 "Sólo tememos a la regresión y al inmovilismo". 
 Informaciones.    01/06/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

SEÑOR UTRERA MOLINA, EN LOGROÑO:

«No se puede sostener la minoría de edad política de todo un pueblo»

«SOLO TEMEMOS A LA REGRESIÓN Y AL INMOVILISMO»

MADRID, 1. (INFORMACIONES.)

«El Movimiento jamás ha hecho dejación de sus responsabilidades ante España El Movimiento, que es pueblo, que ha vivido y vive por el pueblo, entre el pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Ha vivido en la lealtad a Franco y en el cumplimiento de sus consignas. No se ha permitido la siesta o el descanso.

Estamos preparados para que la sucesión que defendemos y proclamamos suponga la renovada continuidad de nuestra esencia política. El cumplimiento de las previsiones sucesorias nos emplazará para que todos y cada uno de los españoles acepten la parte que en la articulación responsabilizada de la convivencia nacíona1 le corresponde. Será la hora de ser consecuentes con la obra política de Franco, el cual, desde la concentración de todos los poderes que en su día le fueron entregados, se propuso desde eí principio, con voluntad fundante, articular la vida pública española, con criterios institucionales de racionalidad y acorde con pautas legales y legítimas. Será la hora de dar la medida de nuestra capacidad para lograr sin traumas el sentido de la continuidad y para asegurar la permanencia de lo fundamental», ha dicho el señor Utrera Molina, ministro secretario genera1 del Movimiento, en su discurso de clausura del XXVII Consejo Nacional de ]a Sección Femenina, pronunciado hoy a mediodía en Logroño.

Somos fieles al pasado, insistió, y al futuro: «Se ha hablado que ante la construcción del futuro los españoles no debemos tener miedo. Comparto esa opinión y afirmo de forma contundente y clara que nosotros no tenemos miedo.»

«Nosotros —añadió— no hablamos desde el miedo, hablamos desde la serenidad de nuestras creencias, desde la energía de nuestro ánimo, sin desmayo de nuestra voluntad, sin debilitación política de nuestro carácter. Nosotros sólo tememos a la regresión y ai inmovilismo, porque suponen freno a nuestro avance social y revolucionario, a nuestro afán social incesantemente reformador, corrector y regresivo.»

Después de recordar cómo el Movimiento nació en una España rota, empobrecida, alicorta y triste, afirmó que es muy otra la España que hoy vivimos y muy otra la que habrán de recibir los que nos sucedan. «¿Seremos, pues, tan Insen satos que clamemos contra nuestra propia obra? Porque, cabalmente, fue el ideario del Movimiento, incorporado casi en su totalidad a nuestras Leyes Fundamentales, la ideología impulsora de la renovación de España, lograda bajo la capitanía de Franco.»

«No proclamo —dijo— ninguna pretensión elitista o patrimonialista si digo que el Movimiento, en cuanto totalidad intérnamente concurrente, tiene que ser animado por sus órganos rectores (la Jefatura Nacional, el Consejo Nacional, la Secretaría General y todos los organismos representativos o asociativos del mismo), por su Organización, que, en definitiva, está representada por esa minoría preocupada y atenta que a la luz de los Principios proclama su fe en el sistema y los sirve con la lealtad del que, fiel a la legalidad, pide la autentificación de los procesos políticos y la sinceridad de las proclamaciones y actuaciones públicas.»

«GUSTE O NO GUSTE», ESPAÑA HA CAMBIADO

«Guste o no guste, la España de hoy, la España de los setenta, ha cambiado, y aunque frente al cambio no vamos a incurrir en la actitud simplista de aceptar que todo es bueno por el mero hecho de ser distinto, hemos de aprender a extraer de él sus factores positivos de progreso y maduración social, aceptando con realismo la renovación y aprendiendo a dominar y reconocer con valor, sin escondernos cobardemente en la falsa seguridad de los conceptos establecidos, las líneas conductoras del futuro, el cuadro de la nueva sociedad que queremos, sin renunciar a nuestra responsabilidad en el compromiso de su construcción.»

«En esta coyuntura —añadió—, la acción política tiene que moverse en un estrecho margen dialéctico entre ilusión y realidad. Y el talante personal y colectivo con el que nos enfrentamos a ella ha de ser, como siempre, de servicio y respuesta leal a las incitaciones del presente, sin estéril nostalgia del pasado —que ha de operar desde el interior de nosotros mismos y nuestras instituciones como una fuerza viva y configuradora del futuro— y con plena conciencia de nuestra responsabilidad, al saber que nuestro quehacer de hoy será la herencia que entreguemos a las generaciones que nos sigan en el ritmo inexorable del tiempo.»

LA DICOTOMÍA DE LOS EXTREMISMOS

Se refirió el ministro seguidamente a que no podemos dejarnos clasificar en la dicotomía de los extremismos que creen que nuestro ciclo está cumplido y pretenden edificar el futuro sin contar con nosotros, o de quienes, por el contrario, pretenden que nos cerremos sobre nosotros mismos, convirtiéndonos en un reducto romántico e inoperante. «Es ya la hora y dijo— de servir con valentía, con rigor y sin nostalgias, el proceso en el que el pueblo español está empeñado. Ahora mismo es ya la hora de servir sin reservas los afanes de modernización y puesta a punto de las instituciones del régimen.

Fieles, pues, a esta hora de España y al signo de los tiempos, hemos de poner a punto nuestro bagaje ideológico y rearmar valerosamente nuestra doctrina, haciéndola más incisiva y operante en la concurrencia, robusteciendo nuestra voluntad de hallar la melodía que esta circunstancia histórica requiere.»

«Nuestra concepción espiritualista de la vida no puede sostener la minoridad política de todo un pueblo, ni menos justificar una política concebida´como mero cambio material de las condiciones de vida.

Proclamamos, por el contrario, que la política es hacer operante cada día el compromiso de un pueblo con su historia y con su destino común. Proclamamos, en definitiva, la necesidad permanente de que el pueblo español se exprese en conformidad a la historia que vive.»

«No negamos a nadie su voz, pero no creemos tampoco que nadie es poseedor de la verdad absoluta en lo que de por si es discutible. No excluyamos, no apartemos, porque nunca como hoy es necesario que cada cual hable claro desde su personal fidelidad. El futuro no será nuestro si nos dominara un sentido patrimonialista del presente o si el peso del pasado nos privara de la vista ilusionada y generosa del porvenir»

 

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