El tema del Asociacionismo, ayer en el Consejo Nacional     
 
 Madrid.    16/12/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Los cuatro oradores que ayer hicieron uso de la palabra en el Pleno del Consejo Nacional que aprobó la reforma de estructura de la Secretaría General del Movimiento fueron los señores Labadie Otennín, Fraga Iribarne, Bailarín Marcial y Hertogs Echemendia. Los cuatro hablaron movidos por los mismos resortes, en líneas generales: el asociacionismo, al plantearse la supresión de la Delegación de Asociaciones.

Fueron como cuatro interpelaciones dirigidas al ministro correspondiente, cosa poco usual, tanto en las Cortes, "órgano superior de participación del pueblo español en las tareas del Estado´´, como en el Consejo Nacíonal del Movímiento.

Pero las reglas del juego en ambos Organismos (la previa presentación, con mayor o menor plazo, de la materia de interpelación) produce el peculiar efecto de dejar al interpelante en "off-side". Por ejemplo, si por casualidad el ministro, en íntervención previa, invalidara la razón de discrepancia, el que pidió el uso de la palabra, si no depone su derecho y habla conforme a sus previsiones anteriores, podrá recibir una respuesta como la que ayer dio el ministro Fernández Miranda: "El señor Fraga ha hecho una apasionada defensa del asociacionismo, pero a veces, con todo respeto, le digo que parecía no me había oído, que no había tenido en cuenta las palabras que he pronunciado, porque yo he subrayado precisamente que no se trata de eludir el asociacionismo, sino que se trata de subrayar el asociacionismo político, que con todos los respetos debidos entiendo que el planteamiento de ese estatuto asociativo no estaba suficientemente perfilado y, por tanto, se confundía con los demás."

"La Cámara no tiene que tragarse nada—ha dicho el ministro del Movimiento refiriéndose al Consejo Nacional—, porque, en el uso de sus propias atribuciones, teniendo en cuenta que (el asociacionismo) no ha sido sancionado por el jefe nacional, puede tomar el acuerdo de reconsiderarlo". Nadie duda, tras el debate de ayer, que el Consejo Nacional, pese a la unanimidad registrada en el Pleno del mes de julio, tomara el acuerdo que se le sugiere.

Recientemente se preguntaba MADRID (13-XII-69) en su sección "La Semana Española", si asumiría alguien la tarea de dar una explicación a la opinión publica sobre la demora que sufre el asociacionismo y si se escucharía en el Consejo alguna voz reclamándola. Ambas cuestiones se plantearon explícitamente en la sesión de ayer y, al parecer, de modo satisfactorio salvo para doce consejeros d« los ciento ocho que integran la representación colegiada del Movimiento.

La tesis del ex ministro Fraga de que la función del Consejo en cuanto al Asociacionismo es de aprobación y no de mera propuesta, razón por la que no necesita más trámite que el de publicación, no fue "contestada", pero quedará para siempre inoperante. Y es que aunque la discrepancia pueda ser lúcida, en ciertas condiciones y bajo ciertas normas, resulta inoperante, vista desde las realidades del Poder. En cualquier caso debe aceptarse el reparto de la responsabilidad que desde el 3 de julio hasta el 29 de octubre corresponde al ministro So-lís y sólo desde el 29 de octubre hasta la fecha al nuevo titular.

Fernández Miranda.

Del examen de la composición del Consejo Nacional y de los procedimientos establecidos para la designación de los consejeros podía haber deducido por sí mismo el señor Bailarín la trascendental influencia que el Jefe Nacionall tiene sobre el Consejo Nacional Nada menos que 47 consejeros son libremente designados por él.

Si el cambio de Gobierno espresa un cambio en la voluntad del Jefe del Estado, esa nueva voluntad podría manifestarse también desde su vertiente de Jefe Nacional en forma verdaderamente decisiva.

En cuanto a la suerte que aguarde al proyecto aprobado en julio, puede adivinarse tras la afirmación rotunda del ministro de no renunciar a ninguna de las facultades que le confiere la Ley.

Por último, cabe señalar que en la reunión de ayer se han conservado las notas habituales de otros Plenos: premura de tiempo para el análisis de los textos propuestos, imposibilidad de formular enmiendas y debatirlas, candidaturas únicas para la provisión de los diferentes cargos vacantes y votaciones favorables para la presidencia. Nada parece abonar la solemne afirmación que sonó en boca de un consejero, en el sentido de que tras su actuación de ayer la Cámara no será la misma.

 

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