Autor: Cortés-Cavanillas, Julián (ARGOS). 
 En pocas líneas. 
 En torno a Federico Silva     
 
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EN POCAS LINEAS

EN TORNO A FEDERICO SILVA

Es sintomático e importante, tanto por cantidad como por calidad, el atractivo que ejerce y la

capacidud de convocatoria que produce el ex ministro de Obras Públicas Federico Silva

Muñoz. Entre los hombres civiles que han formado parte de los varios Gobiernos del régimen nacido el

18 de julio de 1936, este político, todavía joven, que procede de los selectos grupos forjados por la

Asociación Nacional de Propagandistas Católicos, supo ganarse, por su obra en «Obras Públicas», un

relieve nacional de primer orden y a la postre una sólida estimación pública por haber dimitido su cargo

de ministro, gesto raro y excepcional, que también adoptó el insigne y recién desaparecido ex

ministro de Hacienda José Larraz, que a su vez procedía de la «Santa Casa» y que fue un gran maestro en

tantos órdenes para todos los españoles que se honraron con su amistad. La extensa multitud que

anteayer pretendió escuchar la palabra política de Federico Silva en el Club Siglo XXI, ha tenido que

contentarse con leer, en su mayor parte, en la Prensa el discurso que tanta expectación había

despertado, porque aun contando con la gran capacidad del salón, no hubo posibilidad de albergar a

más de dos mil personas. El tema oratorio se centraba sobre el tema de que era llegada la hora de la

participación política. El discurso fue muy denso, aun-que muy concreto en puntos muy fundamentales y

como tales muy interesantes. Por ejemplo, en la afirmación de que la Ley Orgánica está

necesitando como exigencia actual de su desarrollo de un mecanismo de participación política de

todos los españoles. Consecuentemente, de la necesidad rotunda de las Asociaciones políticas y de dotar

al pueblo español del mecanismo idóneo de participación en la cosa pública, bajo la Corona —dijo—

de una Monarquía social y vigorosa a la que el Destino ha llamado, sobre lodo, para insertar a

España en las corrientes del mundo moderno y cancelar para siempre la imagen que desde

antiguo nos atribuyen de parta peninsular de la Europa opulenta. Federico Silva ha plantado una

bandera que puede ser atractiva para muchos españoles. Su figura política tiene brillantez y seriedad y

lo importante es no comprometerla con el lastre que el sistema tendrá que arrojar algún día para que el

navio del Estado se mantenga a gala, sin más preocupaciones que las inherentes a una navegación

normal. ARGOS.

 

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