Autor: Cavero Beyard, Carlos. 
   Puntualizaciones sobre la asociación política "democracia social"     
 
 Madrid.    27/05/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

TRIBUNA LIBRE

PUNTUALIZACIONES SOBRE LA ASOCIACIÓN POLÍTICA «DEMOCRACIA SOCIAL»

Por CARLOS CAVERO BEYARD

Se espera que para finales del próximo mes de junio se apruebe el Reglamento de las Asociaciones

políticas, previstas en el estatuto del Movimiento, y ya se están cubriendo los primeros puestos en cuanto

a anuncio de promoción de tales asociaciones, tema que ofrece indudable interés a los ciudadanos que se

preocupan por la vida política de la comunidad.

De tales propósitos fundacionales, el que ha tenido mayor difusión es el que corresponde a la futura

Asociación que se denominará Democracia Social, de la que es promotor Alberto Ballarín, con el que he

coincidido durante algún tiempo en las Cortes y, en otras ocasiones, por nuestra común inquietud por los

múltiples problemas que padece el campo español; conocimiento del que ha nacido un sentimiento de

amistad.

Por ello, y por el interés que ofrece el propósito de Ballarín, me gustaría hacer algunas puntualizaciones

que quizá sirvan para que él—en su día—aclare algunos conceptos.

Las Asociaciones políticas, si han de servir para conjuntar y orientar las opiniones de un grupo más o

menos amplio de ciudadanos, han de plantearse sobre bases claras y concretas, huyendo de la demagogia,

pues en otro caso las adhesiones serán muy parciales y limitadas, con lo cual, aunque se amplíe el campo,

se pierde eficacia. Y conviene no sólo programar los fines perseguidos—que lógicamente en este tipo de

Asociaciones han de perseguir la mayor satisfacción y bienestar de toda la comunidad nacional—, sino

también los medios para alcanzar tales fines.

Democracia Social, según interpreto las declaraciones de Ballarín, representará una posición centro, con

filosofía cristiana, según el Concilio Vaticano—sin que por ello vaya a ser confesional—, y en ella cabrá

cualquier persona partidaria de una socialización sin socialismo, que tenga inquietud por perfeccionar la

representación popular en lo político; por conseguir la mayor igualdad entre los ciudadanos en lo

económico; por eliminar cualquier discriminación social clasista en lo social, y, en lo intelectual y

religioso, una completa libertad de creer y de crear sin más límites que los del orden público.

Estos puntos—como es lógico en una declaración inicial— adolecen de una absoluta falta de concreción,

aunque se orientan hacia el principio general de que "la libertad, la justicia y la paz tienen por base el

reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales o inalienables de todos los

ciudadanos", principio del que parte la Declaración Universal de Derechos Humanos, y creo que para el

desarrollo de la Asociación deberán tenerse en cuenta algunos de los 29 puntos de tal Declaración, en los

que están concretadas y ampliadas algunas de las principales ideas generales expuestas por Ballarín. Pues

si así no se concreta, creo que una gran mayoría de españoles se podría considerar llamada a participar,

pero con llamada demasiado lejana y ambigua. Por otra parte, considero necesario señalar que algunos

puntos concretos que observo en la declaración de Ballarín los encuentro muy discutibles como medios

para alcanzar los fines antes apuntados; tales son:

1.° "Hay que acometer la reforma de la empresa para conseguir una empresa comunitaria desencadenando

un proceso continuo y ascendente de acceso al control y a la propiedad en favor de los trabajadores, sin

que ello suponga eliminar la iniciativa privada."

2.° "Quizá se esté desarrollando en exceso el gusto por la "seguridad": seguridad social, de empleo, de

salario."

Respecto al primero de los puntos conviene aclarar el concepto de "democracia económica", que se basa

en el principio socialista de reconocimiento de ciertos derechos a los productores de las empresas,

derechos que pueden llegar desde una forma de organización de la empresa que confiere a los obreros

ciertos derechos de participación en el establecimiento de las condiciones de trabajo y en la gestión de la

empresa, así como en el reparto de los beneficios; hasta la colectivización de la propiedad de los medios

de producción.

En concreto, las Trade Unions británicas mantienen el principio de la democracia industrial, que se define

como el derecho de todo obrero a sentir que participa realmente en la determinación y el control de las

condiciones en las que se desarrollan su vida y su trabajo. Para ello no consideran ni necesario ni

conveniente el cambio de propiedad de los medios de producción (de gran efecto demagógico, pero

rechazado por su poco interés real). Este derecho no está concebido como una autogestión de los obreros,

sino como un control y una limitación de los intereses de los capitalistas.

Tras esta aclaración expongo mi criterio de que en el punto de desarrollo alcanzado por la economía

española, tal declaración, aunque pueda resultar efectista, carece de sentido de realidad en cuanto se

refiere al interés de los trabajadores.

Respecto al punto segundo, quiero recordar los puntos 22 al 24 de la Declaración Universal de los

Derechos Humanos, en los que se reconoce el derecho a la seguridad social, el derecho al trabajo y a la

protección contra el desempleo y el derecho al salario justo. Por tanto, no encuentro apropiado definir

como gustos "demasiado cómodos" lo que son nada más y nada menos que derechos humanos

universalmente reconocidos.

Otra puntualización que querría hacer, como sugerencia para el momento en que se concrete el programa

o ideario de ésta u otras Asociaciones políticas, es la conveniencia de aclarar la idea de los promotores

sobre un punto que es del mayor interés para todo el país cuando mira hacia el futuro. Dice Ballarín:

"Entiendo el Movimiento como un conjunto constituido por todos los españoles de buena fe que aceptan,

sin reservas mentales, la legalidad vigente."

La Ley Orgánica del Estado, aprobada rotundamente por más del 90 por 100 de los españoles, con gran

visión política, prevé para el futuro que la Jefatura del Estado, hoy ocupada por un hombre extraordinario,

será llevada en el futuro por el hombre que sea designado como cabeza visible y representativa de una

institución que es un patrimonio español, conformado y legado a través de largos siglos de nuestra

Historia. Algunos hombres que se consideran del Movimiento, a través de ataques a las personas han

pretendido desprestigiar este patrimonio español que es la Monarquía y, continuando en esta línea, sí

ofrecen reservas mentales respecto a la legalidad vigente, en cuanto se refiere a la restauración de la

institución monárquica para que ésta sirva a España en el futuro, al igual que la sirvió al país en el pasado.

Conviene, por tanto, ser explícito en este punto.

No me resta más que felicitar a Alberto Ballarín por ésta nueva prueba de su vocación de servicio a

España y desearle los mejores éxitos en el empeño.

 

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