Ante un abuso de poder (II)     
 
 ABC.    31/05/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. MIÉRCOLES 31 DE MAYO DE 1972.

ABC

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Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

ANTE UN ABUSO DE PODER CID

Continuamos con nuestro comentario al articulo del director de «Pueblo» sobre la pretendida expansión de aquel diario a Barcelona, Bilbao y Sevilla. Ayer discrepábamos de sus supuestos apoyos económicos.

Hoy lo hacemos —y con mayor vigor si cabe— de las insinuaciones políticas que contiene.

Por lo pronto no acabamos de comprender que la misión del órgano oficial de la Organización Sindical sea, como escribe el señor Romero, la de «llenar el vacío de la Prensa derrotada en la guerra». Trabajo nos cuesta frenar la imaginación para no ver en esas palabras un larvado espíritu, una cierta intención de justificar la periclitada tesis de la lucha de clases. Late en el fondo de aquella afirmación un sutil deseo o una irreprimible tendencia a presentar al lector al empresario español como una especie de desalmado vampiro atento sólo a sus intereses personales, cerrado a todo cuanto represente derechos de los trabajadores y de «la clase débil y desheredada de este país, que son los más». Que esto no es así lo sabe el señor Romero perfectamente. Pero preferimos no ahondar más. No es nuestra costumbre hacer demagogia.

Ahora bien, lo que desde un punto de vista político nos parece gravemente equivocado es pretender parangonar la situación de la Prensa extranjera con la española. Cuando el señor Romero literalmente dice que «en Europa conviven la Prensa de las instituciones o sociedades políticas y obreras con la Prensa de los particulares», y luego añade rotundamente «ésta es la Prensa democrática», está haciendo juegos logomáquicos. Recurrir al democrático ejemplo europeo sólo cuando y en lo que conviene, no es buen camino dialéctico. En Europa, la Prensa de partido y la Prensa sindical parten del substrato político de que existen partidos y no existe unidad sindical. Aquí ni lo uno ni lo otro. Aquí, la Prensa sindical la pagan todos: todos los empresarios y todos los trabajadores. Porque hay una sola Organización Sindical. Allí, sólo los agremiados, porque las organizaciones sindicales son múltiples. En Europa esa Prensa sindical lucha con la Prensa privada con las mismas armas. No tiene ni privilegios, ni bulas ni exenciones fiscales.

¿Y «Pueblo»? Porque si acepta el sistema español convendrá el señor Romero que no es para éste predicable lo que ocurre allende los Pirineos.

Pero donde raya políticamente el colega en lo inadmisible es en punto a insinuaciones. No se puede —porque no se debe— hablar sin la debida y responsable concreción de «toda» la Prensa privada en términos ambiguos y sugeridores de algo turbio. Cuando Emilio Romero escribe «vamos a dejar el asunto que hierva en esta cazuela y que no se nos obligue a destaparla», ¿a qué cazuela alude y qué es lo que tiene que destapar? ¿A quién se refiere? ¿Por qué parece implicar a todas las empresas periodísticas privadas? Recuerde el señor Romero que si él cree que hay «cazuela» que destapar quizá existan otras donde el guiso resulte más acibarado. ¡ Destape —pues— en buena hora lo que quiera! Pero que no pretenda amparar tras de esas cortinas de humo —alusiones a consorcios periodísticos de banqueros, o ayudas bancadas subterráneas o famosos barones de la industria, como controladores de medios privados de información— sus propias pretensiones. En este periódico, y en muchísimos más, no hay barones de la industria, ni consorcios de banqueros ni nada subterráneo. Lo que ha escrito el señor Romero no es de recibo: insinuar al lector del periódico oficial´ de la Organización Sindical que la apoyatura y la justificación de aquella pretendida expansión de su órgano se encuentra en la mala conciencia de la Prensa privada. Mal argumento si los hay. Primero y fundamental, porque no es verdad. Segundo, porque la sociedad a la que la Prensa sirve como insustituible canal de información ni tolera ni hubiera tolerado que una Prensa tal, con tanto que ocultar como insinúa don Emilio Romero, pueda no sólo subsistir, sino hasta justificar una competencia desleal, antieconómica y totalizante. No. «Los españoles no son necios». Y los españoles saben perfectamente que ha sido, es y será precisamente la Prensa privada quien, desde sus respetables puntos de vista concretos, ha defendido los intereses de todos no sólo contra la vorágine devoradora del burocratismo cada día más agobiante, sino antes que nada los de la España que vivimos, los supremos intereses de. la Patria. Esa es su ejecutoria y ése. su mayor timbre de honor. Ponerlo en duda, dejarlo en nebulosa, hacer afirmaciones a medias tiene en castellano un nombre: detracción; Y- estamos seguros que ésa no ha sido, no ha podido ser la intención del director de «Pueblo».

 

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