Ante un abuso de poder (I)     
 
 ABC.    30/05/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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Editor: PRENSA ESPAÑOLA, S. A. ANTE UN ABUSO DE PODER (I)

La Organización Sindical Española adoptó un acuerdo autorizando al diario Pueblo para montar redacciones y maquinaria en Barcelona, Bilbao y Sevilla. ABC reprodujo dos editoriales aparecidos en El Diario Vasco y Norte Exprés contrarios a esa expansión. Don Emilio Romero, director de Pueblo, ha insertado, con su firma, en la tercera página dé aquel periódico, un largo artículo en e! que busca convencer a sus lectores de la sinrazón de nuestros colegas.

De intento hemos querido dejar que transcurran unos días para serenar el tono de la polémica. El artículo del señor Romero está lleno de insinuaciones. Y de afirmaciones en gran medida gratuitas o aventuradas, a las que responderemos en dos tiempos: entre hoy y mañana.

Según don Emilio Romero, «la tesis del artículo de El Diario Vasco es que el periódico Pueblo debe renunciar a su espléndida situación presente». Dejemos que sea el propio El Diario Vasco quien responda acerca de sus intenciones. Pero no podemos dejar sin puntualizar el punto tocante a la esplendidez de la situación de Pueblo. Porque Pueblo pierde —ahí están BUS cifras— varias decenas de millones de pesetas al año. Lo que ocurre es que esos millones los sufragan todos los españoles que trabajan. Y entre éstos, precisamente, las empresas de diarios privados. Entonces, ¿será exagerado aspirar a que esa constante sangría de millones no se multiplique con esta llamada expansión de Pueblo? ¿Será inoportuno querer que con nuestros propios fondos no se nutran las arcas de un diario en perpetua bancarrota, haciendo la competencia desde el órgano de los Sindicatos a los mismos sindicados, cuyos intereses tienen ex lege la obligación de defender? Y que no califique el señor Romero esta expansión, como lo hace, de modesta. Cataluña, Vascongadas y Andalucía, junto con Madrid, donde ya se vende Pueblo, suponen un 55 por 100 de la población española y un porcentaje aún mayor de la riqueza patria.

Frente a realidades de hecho como las expuestas, el director del Pueblo afirma las suyas. Por ejemplo, dice que las tiradas de Pueblo «se acercan paulatina e inexorablemente a los 300.000 ejemplares diarios y los ingresos por publicidad rebasan los 200 millones de pesetas». Dicho así, esos 200 millones de pesetas pueden impresionar al no iniciado. Pero, ¿realmente es mucho? Por lo pronto, ¿cómo se pueden conjugar esos ingresos por publicidad con aquellas cuantiosas pérdidas? ¿No será que todo obedece a un mal planteamiento económico-financiero? Es sabido que el precio del periódico que percibe la empresa que lo edita apenas si alcanza —en muchos casos no— para cubrir el coste del papel que se le entrega al lector.

Todos los demás gastos que gravitan sobre una empresa periodística —maquinaria, información, redacción, administración, talleres, amortizaciones, etc...— los cubre la publicidad, que es, en realidad, quien mantiene la economía de un diario. Pues bien, si el volumen de ingresos por publicidad en Pueblo es suficiente, entonces es que los demás gastos son exagerados. Si no lo es, no viene a cuento y no se demuestra nada con la invocación de esos 200 millones. Quizá se trate tan sólo de un mero ardid para impresionar a aquellos lectores que sean profanos en el tema del correcto planteamiento económico-financiero de la Prensa. Para Pueblo perder es indiferente o, por lo menos, no es grave: el déficit lo enjuga con cargo al bolsillo de todos los Sindicatos, es,decir, de todos los españoles que trabajan. Una última apelación del director de Pueblo, de claro signo demagógico, es la pregunta que hace sobre a quiénes no interesa la expansión del diario de la tarde madrileño. Inmediatamente responde: «A los trabajadores les interesa porque van a aumentar los puestos de trabajo en 200 trabajadores por unidad.» Colosal argumento! ¿Ha calculado el señor director de tan vasta red de publicaciones, cuántos trabajadores, hoy en plantilla, van quizá a verse obligados a abandonar su quehacer actual como consecuencia de esa expansión de Pueblo hecha a costa de sus aportaciones sindicales? Porque si el intento tiene éxito, no por ello los lectores catalanes, vascos y andaluces van a comprar dos periódicos —el de antes y Pueblo—. Se limitarán a sustituir aquél por éste. Ni el anunciante va a duplicar sus anuncios. Suprimirá la publicidad anterior por publicidad en Pueblo porque, a no dudarlo, se seguirá ajustando a su antiguo presupuesto.

Con ello, las empresas privadas podrían verse abocadas a situaciones críticas paradójicamente solo posibles en función de sus propias aportaciones económicas. Y si el intento fracasa, se habrán perdido muchos millones en balde.

Y no es que se tema a la competencia de Pueblo. Es que esa competencia se hace con armas desiguales. Y eso, diga lo que quiera. el señor Romero, es lo que no es justo.

 

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