Voluntad de solución     
 
 ABC.    13/01/1970.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC MARTES 13 DE ENERO DE 1970.

VOLUNTAD DE SOLUCIÓN

En las declaraciones del ministro del Movimiento, señor Fernández Miranda, a nuestro director

publicadas en A B C el pasado domingo, se advierte, por encima de cualquier matizado pormenor de las

respuestas concretas, una voluntad de solución del problema planteado por el asociacionismo que merece

el más completo y sincero elogio.

El planteamiento del señor Fernández Miranda se ajusta a una limpia lógica; a una dialéctica de

autenticidad, verdaderamente difícil de discutir. No parte de una elusión, o una aminoración de la

importancia del problema, sino de una afirmación sobre la necesidad de plantearlo en sus términos

políticos exactos, rigurosos.

El problema del asociacionismo—problema clave del 70—se presenta polarizado en torno a tres

actitudes: quienes desean la vuelta a los partidos políticos, quienes los niegan absolutamente y, en fin, los

que creen en la posibilidad de un asociacionismo político dentro del Movimiento, sin partidos

disgregadores del orden de la armónica convivencia social.

Naturalmente, el ministro se adscribe, en principio, a esta última actitud. Y explica el condicionamiento

de su salvedad ("en principio"), porque estima, con sobrada razón, que aún no existe respuesta elaborada

con seguridad o con certeza plena a varias cuestiones implícitas en el tema del asociacionismo.

Cuestiones referidas a su posible existencia, sin desembocar en los partidos, a su configuración de

acuerdo con las leyes, a su necesidad cierta para el contraste de pareceres, la participación, etc., etc.

Ahora bien, con una correcta interpretación de cuál es el contenido de su función ministerial, el señor

Fernández Miranda se abstiene—en sus declaraciones— de prejuzgar personalmente ninguno de estos

puntos: " La solución no me corresponde a mí, aunque sí me corresponda la responsabilidad de llegar a

ella. La solución hemos de lograrla todos juntos. Y el órgano competente para tomar la decisión es el

Consejo Nacional. Lo que yo no puedo hacer es constituirme en pedante arbitrista. Mi responsabilidad es

hacer, en la medida de mis atribuciones, que el camino se ande."

Estas palabras, bien entendidas, son esclarecedoras de aspectos decisivos del problema. El

asociacionismo, contra lo que han entendido algunas interpretaciones, no está detenido; no es un proyecto

"congelado". El asociacionismo acaba de entrar en otra fase de replanteo, de estudio. Y en esta fase,

además, la solución a la que se llegue no será una decisión ni política, ni administrativa, ni

colegiadamente minoritaria. Será la solución que, oídos los diversos pareceres sociales, en la forma que se

adopte, decida el Consejo Nacional.

Rechaza, con muy exacto sentido de la prudencia y la responsabilidad política, el señor Fernández

Miranda toda pretensión de definición personalista, y afirma, en cambio y al mismo tiempo, su voluntad

de solución—en la que se comprende, desde luego, el estímulo hacia la solución—y el carácter colectivo

del empeño, de la tarea, de la formulación del asociacionismo dentro de los cauces y límites

constitucionales.

Radica aquí, en esta proyección colectiva, una de las premisas que más honda repercusión van a tener en

el futuro del asociacionismo político. Las actitudes tomadas sobre el asociacionismo por los diversos

grupos, por los distintos pareceres, manifestándose sobre su contenido, su función, sus fines, seguramente

van a ser decisivas para la existencia, reconocimiento y configuración del asociacionismo. Una vez más

podrá tener aquí, en esta circunstancia política, un efecto regresivo la exagerada demanda de libertad de

aquellos que aspiran al poder político para imponer, desde él, un programa de negación de las verdaderas

libertades.

Sin entrar en análisis críticos sobre las formas o modalidades del asociacionismo —propósito ajeno a este

comentario—, es evidente, por otra parte, que la solución del tema encara al sistema con un desafío hacia

sí mismo sobre el despliegue de sus auténticas posibilidades de libertad política. Posibilidades que, a

nuestro juicio, son más amplias que las reconocidas o articuladas hasta ahora, sin riesgo de la estabilidad

ni del orden en el plano social, y sin mengua de autenticidad en el plano de los principios o plano

constitucional.

La sincera voluntad de solución, expresada por el ministro, señor Fernández Miranda, es una manera

personal y políticamente honrada, valiosa y eficaz de comenzar la respuesta a este desafío.

 

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