¿Organización sindical o industrial?     
 
 ABC.    08/06/1972.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC

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¿ORGANIZACIÓN SINDICAL O INDUSTRIAL?

En un largo artículo de 3.070 palabras —el menos convincente .de cuantos han salido de su brillante pluma— tercia de nuevo don Emilio Romero en la polémica suscitada a propósito de la inversión de capitales por parte de la Organización Sindical destinados a la creación de determinadas industrias.

Nosotros vamos a contestarle, con muchas menos. Exactamente con 1.015, y siguiendo el mismo orden por él establecido.

PRIMERA PARTE

La divide en dos:

A) Dice que «Pueblo» no pierde dinero. Y transcribe una llamada «rendición de cuentas» referente al año 1970. Según ella, «Pueblo» (es decir, la empresa propietaria, que es la Organización Sindical) en ese año ni ganó ni perdió —rara avis—. Ingresó 466.271.892,26 y gastó exactamente otro tanto. Pero entre las partidas que forman los gastos de esa cuenta de explotación, que no es un balance en sentido técnico-contable, no aparecen ni impuestos, ni amortizaciones, ni otras muchas rúbricas usuales. ¿Es que «Pueblo» no paga impuestos? ¿Por qué los demás sí? ¿Es que las máquinas de «Pueblos no hay que amortizarlas? ¿No se gastan? ¿No se deprecian? Y en cuanto a los ingresos, ¿qué significado tiene que «Pueblo» «venda» servicios informativos por 32.890.136,32 pesetas? ¿A quién los vende? ¿No hay tal vez en esa partida una pérdida encubierta?

Conclusión: «Pueblo» (es decir, la Organización Sindical) pierde dinero. Lo ha perdido siempre. La suma dé lo perdido hasta ahora es ingente. Lo que ocurre es que luego lo contabiliza a su manera.

B) Decíamos nosotros y recoge Emilio Romero «que "Pueblo" está costeado por los Sindicatos, y como las empresas periodísticas pertenecen también a la Organización Sindical se las va a hacer una competencia desleal, por un abuso de medios, desde la propia Organización a que pertenecen». Exacto.

La Organización Sindical debe proteger a los sindicados. Y no crear industrias que (con los fondos que provienen de los sindicados) se dañen los intereses de los mismos a los que se debe proteger. Los fines de la Organización Sindical son otros. Y hay que tener todo el respeto a los fondos con que se atienden esos fines. En este tema hay que ser mas que escrupuloso. Hasta el ultimo céntimo debe estar justificado. Porque no son fondos privados: son de todos los españoles que trabajan y de todas las empresas que dan trabajo. Perder una sola peseta injustificadamente comporta una enorme responsabilidad pública. Invertir para perder más carece de sentido.

SEGUNDA PARTE La expansión de «Pueblo» se pretende justificar por el señor Romero, primero en el hecho de que los transportes son caros. Sí, pero lo son de manera" igual para todos. Segundo, en que «los periódicos nacionales de Madrid no es verdad que sean nacionales, sino locales». Falso, porque ABC, por ejemplo —que cuenta con 56 corresponsales en toda España—, desde siempre dedica a las regiones toda su atención. Tercero, porque Cataluña, Vascongadas y Andalucía «necesitan» esa expansión. ¿De dónde se saca esta conclusión el señor Romero, rayana´ en la soberbia? Esas regiones necesitan información y ya la tienen. Precisamente esas tres regiones son las que cuentan con mayor número de periódicos diarios de toda España. A saber, Cataluña, catorce; País Vasco, siete; Andalucía, diecisiete.

TERCERA PARTE Dice el señor Romero que no hay competencia desleal. Es este caso —sigue di-

ciendo— similar al del Instituto Nacional de Industria. Pues bien, no son supuestos parangonables. El I. N. I. respetó y respeta el principio de subsidiaridad, que es, le guste o no le guste a don Emilio Romero, principio básico consagrado en el X de los del Movimiento Nacional: «la iniciativa privada, fundamento de la actividad económica, deberá ser estimulada,´ encauzada y en su caso suplida por la acción del Estado». Suplida, «en su caso». No destruida y boicoteada.

CUARTA PARTE

También hubo, en tiempos, dice el director de «Pueblo», ayuda estatal a la Prensa privada. Y, añadirnos nosotros, a la oficial, y a la sindical. Con un mismo criterio para todos. Si lo que se hacía era repartir unas primas al papel, lo lógico era que el reparto se basara en el papel consumido. No en otros criterios subjetivos.

QUINTA PARTE

«Madrid», diaria de la tarde, perdía dinero. Al cancelarse su inscripción hubo periódicos que pidieron que la Organización Sindical se hiciera cargo del mismo hasta que resolvieran los Tribunales. Y en ello ve el señor Romero un grave pecado. Pues bien, no hay tal. Había precisamente que proteger, que ayudar a unos trabajadores y el primero de los fines de la Organización Sindical —artículo 1." de la ley— es cabalmente el de «la defensa de los intereses profesionales de los empresarios, técnicos y trabajadores en cuanto participan en el trabajo y la producción». Y eso es lo que se pedía: que los defendieran.

EPILOGO

El dedo en la llaga o el problema de fondo. Dice el señor Romero: «La ley de Prensa no contiene una sola disposición que impida la expansión de una empresa periodística.» La ley de Prensa no, la ley Sindical sí. En efecto: es cierto que el artículo 33 de la ley Sindical en su número 4.º dice que «corresponde a la Organización Sindical crear y orientar sus propios medios de difusión, información y comunicación social». Naturalmente. Pero ello sólo puede ser entendido para el cumplimiento de sus fines. No para otra cosa. Y los fines de la Organización Sindical los señala el artículo primero de la ley. Entre ellos no aparece el hacer Ja competencia a las empresas, técnicos y trabajadores que en aquéllas se integran. Todo lo contrario: deben representarlas, defenderlas, promocionarias «fortaleciendo la libre y justa convivencia entre cuantos participan en el proceso productivo integrados en la comunidad nacional». ¿Y cree de verdad el señor Romero que se fortalece la convivencia, libre y justa, al destinar unos fondos obligatoriamente aportados por trabajadores, empresarios y técnicos a hacer la competencia a esas mismas empresas, a esos mismos técnicos, a esos mismos trabajadores? Ese es el problema. Juzguen los lectores y mediten las autoridades. El señor Romero nos dice que su obligación como director de «Pueblo» es «tener ideas». De acuerdo: siempre que no sean malas... para los demás.

 

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