¿Libre competencia?     
 
 ABC.    06/06/1972.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPINIONES AJENAS, POLÉMICAS, CARTAS, PUNTUALIZACIONES, COMENTARIOS.

¿LIBRE COMPETENCIA?

Nuestro prestigioso colega de Madrid «Ya», publicó, el pasado sábado, bajo el título «¿libre competencia?». este editorial, que. por su eran interés, reproducimos ahora íntegramente:

«Pueblo» ha publicado un» caricatura de gran tamaño —ocupa casi toda la anchura de su plana— en la que hay dibujadas tres figuras: un hombre con una boina, en el centro toca un acordeón —«Pueblo»— y es estorbado por los acordeones de las otras figuras de los lados, ambas de etiqueta; están sentados en el «banco de la libre competencia» y sus acordeones son A B C y «Ya». Estas dos figuras dicen a la del centro: «¡No trate usted de estirarse que es de muy mala educación!»

Sabido es que nosotros, en esta polémica sobre la proyectada tirada del periódico sindical en Barcelona, Bilbao y Sevilla, hasta ahora nos hemos limitado a recoger los comentarios de ABC en nuestra sección «Ver y Oír». Pero «1 planteamiento que hace el colega nos obliga a terciar para que se vea qué clase de «libre competencia» es la de ese banco en que se nos alude y donde las figuras están sentadas. En la polémica han intervenido diarios de Madrid y provincias. Creemos que el interés público es evidente en esta cuestión, que no puede ser planteada como un asunto privado en el que los demás no tengamos nada que decir, porque está en juego nada menos que el empleo de la cuota sindical, con cargo a la cual tienen que ir las pérdidas —actuales y futuras— de una publicación sindical, como es lógico, porque no creemos que se reciban donativos ajenos con esa finalidad.

Y la cuota sindical no es libre, sino obligatoria, y la pagan todos los españoles laboralmente activos y todas las empresas, incluso las periodísticas, a quienes la entidad que teóricamente está obligada a defender pretende hacer una competencia todavía más grave que la que ya les está, haciendo, en cnanto que no lucha con armas iguales y dispone de privilegios que sólo en condiciones muy concretas serían admisibles. El dinero de los Sindicatos merece una administración que quienes lo paran —los trabajadores y los empresarios— tienen—tenemos— perfecto derecho » enjuiciar.

Si los Sindicatos españoles fueran entidades privadas, sostenidas por las aportaciones voluntarias de sus asociados, nada tendríamos Que decir en este asunto. A nadie más que a ellos mismos perjudicaría una conducta que habrían elegido libre y responsablemente. Pero ya vemos que no es este el caso.

Sabido es que una empresa periodística normal « Independiente —éste es nuestro caso— vive de modo exclusivo de sus ingresos por venta y publicidad. Y las acciones están en manos de Quienes libremente han querido adquirirlas. La venta apenas cubre, en muchos casos, una tercera parte del coste por ejemplar.

Es rigurosamente exacta en cuanto a los periódicos la frase tópica que asegura que «el papel vale más». El soporte auténtico de los periódicos es la publicidad. Pero como la publicidad acude a los periódicos en función de la venta efectiva —que no siempre equivale a número de ejemplares Impresos— y no todos los periódicos venden suficiente número de ejemplares para atraer una publicidad suficiente, resulta que muchos no son económicamente viables. En cambio, una publicación sindical, sea cual fuere su situación, no puede tener problemas de subsistencia, porque las decenas de millones de pesetas que pueda perder las sufragan, como queda dicho, las raptas sindicales. Se habla ahora de centrares de millones más de pesetas necesarias para los gastos de primer establecimiento de las nuevas redacciones e imprentas que se quieren establecer. A ellos habrá que añadir los millones indispensables para, cubrir las pérdidas, probablemente indefinidas, que la experiencia nos permite prever sin exageraciones de ningún género. El interés público es evidente que no es ajeno a esto.

Pero, además, el hecho supone una competencia desleal. Un periódico sindical, por el hecho de serlo, dispone ya de privilegios fiscales y otros que le ponen en mejor situación que la Prensa privada. A pesar de que no se trate de un periódico estrictamente sindical, sino de información general.

Véase, por ejemplo, el texto del Acuerdo último de la Unión Nacional de Empresarios del Sindicato de Prensa, que ilustra mucho:

«Solicitar del ministro de Relaciones Sindicales, de conformidad con la petición formulada por la Agrupación Nacional de Diarios, se cancele el proyecto de publicar nuevas ediciones de «Pueblo»

impresas simultáneamente en Bilbao, Barcelona y Sevilla,, a la vez que en Madrid, por estimar que supone una competencia de la Organización Sindical con un sector de sus miembros en condiciones de abrumadora superioridad respecto a la Prensa privada o del Movimiento, en cuanto a medios de financiación de inversiones, obtención de créditos, disposición de los recursos sindicales para cobertura económica de servicios informativos, ediciones especiales, suplementos o medios extraordinarios de distribución y absorción «te pérdidas.»

Si a las pérdidas actuales se unen las que forzosamente iban a suponer esas expansiones anunciadas, por cifras muy altas de millones, tanto en pérdidas para la subsistencia como en inversiones de maquinaria, edificios, etc., véase si no tenemos razón cuando decimos que aquí hay un asunto que, en su doble vertiente de empleo de los ingresos de la cuota sindical y de competencia con armas desiguales, tiene un evidente bíteres público que no es posible ocultar y que incluso se convierte en un problema politice.

 

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