"La Iglesia de España ha sido a lo largo de los siglos un poderoso baluarte de la civilización cristiana"  :   
 Hay personas que dan la mayor publicidad a los ataques hechos a esta institución por algunos de sus hijos extravidos. 
 ABC.    09/07/1960.  Página: 47-48. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

ABC. SÁBADO 9 DE JULIO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 47

«LA IGLESIA DE ESPAÑA HA SIDO A LO LARGO DE LOS SIGLOS UN PODEROSO SALVARTE DE LA CIVÍLIZACIÓN CRISTIANA»

"HAY PERSONAS QUE DAN LA MAYOR PUBLICIDAD A LOS ATAQUES HECHOS A ESTA INSTITUCIÓN POR ALGUNOS DE SUS HIJOS EXTRAVIADOS"

Alocución del Nuncio de Su Santidad a los miembros del VI Congreso Mundial de Prensa Católica

Durante una recepción en la Universidad Pontificia de Comillas, el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Antoniutti, dirigió la siguiente alocución a los miembros del VI Congreso Mundial de Prensa Católica, que se celebra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander:

"Es sumamente grato para mí el daros la más cordial bienvenida a este país que Paul Claudel, en un admirable poema escrito a los pocos días de la tragedia de 1936, denominaba la "Santa España", y me consideró muy dichoso al recibidos en esta Universidad, donde vosotros, movidos por un sentimiento filial, habéis querido rendir un homenaje, al Santo Padre, representado, por su nuncio apostólico.

No es preciso que os hable de la misión de la Prensa ni de los deberes y responsabilidades de los periodistas. Formados en la escuela del pensamiento católico, tenéis clara conciencia de vuestra obligación de servir siempre a la causa de la verdad. Además, habéis recibido un mensaje de la Santa

Sede en el que, a propósito del tema d.e vuestro Congreso, "la Prensa católica, lazo de unión entre los pueblos", se os sugieren orientaciones positivas y prácticas que constituyen la materia de vuestros Estudios y deliberaciones. Yo Quiero solamente introduciros en el conocimiento de esta Iglesia de España, que es el campo de mi misión, porque sé que vosotros, periodistas católicos, deseáis recibir alguna indicación sobre las realidades presentes de la misma, sobre sus dolorosas heridas, sobre sus pruebas y sus progresos.

No ignoráis que, a lo largo de los siglos, la Iglesia de España, ha sido un poderoso baluarte de la defensa de la civilización cristiana y una fuerza admirable para la expansión del catolicismo en el mundo. Pero en ana hora trágica de su reciente historia, esta Iglesia ha sufrido cruelmente y ha sido la principal víctima de una agresión atea que, para emplear las severas palabras del Papa Pío XI, "minaba los cimientes de toda creencia religiosa, de todo orden civil de toda cultura y de toda civilización" (discurso a los refugiados españoles, 14-XI-36). En el curso de esta gran tragedia, doce obispos y más de siete mil sacerdotes y religiosos fueron bárbaramente asesinados, sin proceso alguno, solamente por odio a la religión, y al mismo tiempo, cosas e instituciones sagradas, inestimables tesoros de piedad y de fe, preciosos objetos de arte, reliquias muy veneradas, desaparecieron bajo la violencia de las fuerzas tenebrosas del anticristo moderno.

Con su resistencia heroica, con sus sufrimientos y sus martirios, los católicos españoles salvaron su patria y preservaren su inapreciable herencia religiosa y cultural.

El Santo Padre Pío XI, en su Encíclica "Divini Redemptoris", de 19 de marzo de 1937, hablando de la conjuración del silencio de la Prensa mundial no católica sobre la penetración y la difusión del comunismo en el mundo deploraba el silencio que se guardaba, entonces, a propósito de los horrores perpetrados en diversos lugares, particularmente en España, por los enemigos de la civilización cristiana y, con acento conmovedor, ponía en guardia a los católicos frente a toda, cooperación, directa o indirecta, con los comunistas, poniendo de relieve los graves peligros que de ella se derivan para las personas, para la familia y para la sociedad. "Ninguna persona de sano juicio, ningún hombre de Estado consciente de su responsabilidad —añadía el Papa--- puede pensar, sin estremecerse de horror, que los acontecimientos de España pudieran repetirse mañana en otras naciones civilizadas". Por desgracia, esos acontecimientos, como lo prevenia el Papa en 1937, se han repetido en otros países que sufren todavía sus tremendas consecuencias.

Hoy, en el mando occidental, se mira al menos con cierta conmiseración o simpatía a las víctimas del comunismo ateo pertenecientes a las iglesias situadas más allá, del telón de acero; pero parece que se ha olvidado el martirio de la Iglesia de España... Y es mi deber hacer notar que, desgraciadamente, hay todavía personas que hablan de esta Iglesia como si ella hubiera sido la causa de los terribles SÚMEOS que trastornaron y arruinaron a España, en el período sangriento provocado por sus enemigos, que buscaban su destrucción total; siendo así que esta Iglesia ha trabajado siempre para asegurar a todos el tesoro de la verdadera libertad de los hijos de Dios.

En algunos ambientes se encuentran incluso personas ansiosas de dar a conocer las dificúltades de la Iglesia de España, personas que dan la mayor publicidad a los ataques hechos a esta Iglesia por algunos de sus hijos extraviados, mientras que no siempre se ocupan de dar a conocer sus iniciativas, sus esfuerzos, sus decisiones, sus trabajos, sus progresos, sus conquistas, sus victorias y sus triunfos.

En más de una ocasión, hasta fecha reciente, he recibido periódicos extranjeros en los que varios asuntos relativos a la Iglesia de España se presentaban de una forma inexacta y aun a veces—permitidme que lo diga—tendenciosa, con noticias tomadas de fuentes de información bastante dudosas. (Yo os hablo a vosotros, no hablo de vosotros.)

Un presidente del Gobierno de este país se atrevió a decir en 1936 que España había dejado de ser católica. Pero cuando en 1952 los católicos del mundo entero asistieron al Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona, pudieron comprobar que la Iglesia de España estaba viva y pujante, y que sobre las ruinas de la guerra se había levantado una Iglesia mas fuerte mas robusta, más sólida. En 1937, esta Universidad Pontificia que ahora os acoge, mostraba al descubierto las heridas de una invasión nefasta: su biblioteca quemada, su patrimonio destruido, sus alumnos dispersos y algunos martirizadas. Hoy está floreciente, frecuentada por alumnos de todas las provincias de España e incluso del extranjero. Los que conocieron los destrozos de la Iglesia de España en 1937-38 y vuelven a verla ahora, deben reconocer los progresos indiscutibles que ha realizado en todos los terrenos. Los Seminarios diocesanos, la mayor parte de ellos reconstruidos, están llenos: las vocaciones aumentan por doquier: las comunidades religiosas envían refuerzos a otros países; y muchos sacerdotes salen con destino a las diócesis de América latina.

Esta Iglesia está resida por prelados admirables, que se ocupan, de sus diócesis con cera, competencia y dedicación.

Con la ayuda del Gobierno de la nación y la cooperación generosa de los fieles, han reconstruido millares de Iglesias que fueron destruidas o saqueadas por la persecución y la guerra. Han publicado importantes documentos sobre los problemas de la hora actual; han organizado espléndidas obras de asistencia social y de caridad: han abierto magníficos centros de enseñanza y de orientación social; han rehecho todos los cuadros de la Acción Católica; y han velado por la defensa espiritual de su grey.

Y todas estas obras se ven ilustradas por una Prensa católica, moderna y variada, que presta valiosísimos servicias a la defensa de la religión y del pensamiento cristiano.

Que vuestra estancia—aunque sea tan corta—en este país os permita documentaros suficientemente para dar a los lectores de vuestros periódicos una idea clara, objetiva y serena de la situación real de la Iglesia de España.

Porque me parece que conozco bastante bien a esta Iglesia, a sus venerables prelados, sus instituciones y sus obras, he creído oportuno hablaros de algunos aspectos de" su. historia reciente, pues estoy persuadído de que vosotros no deseeis otra cosa que poseer elementos de juicio para esclarecer la opinión pública, al servicio de la verdad."

 

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