Homenaje de "Prensa Española" a los premios "Mariano de Cavia" y "Luca de Tena"  :   
 Presidieron el Ministro de Información y Turismo, Don Gabriel Arias-Salgado, y Don Torcuato Luca de Tena, el cual ofreció la comida. 
 ABC.    22/03/1962.  Página: 59-62. Páginas: 4. Párrafos: 29. 

ABC. JUEVES 23 DE MARZO DE 1962. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 59.

HOMENAJE DE «PRENSA ESPAÑOLA» A LOS PREMIOS «MARIANO DE CAVIA» Y «LUCA DE TENA»

PRESIDIERON EL MINISTRO DE INFORMACIÓN Y TURISMO, DON GABRIEL ARIAS, SALGADO, Y DON TORCUATO LUCA DE TENA, EL CUÁL OFRECIÓ LA COMIDA.

Discursos de Luis Rosales y de Carlos Luis Alvarez

Anoche se celebró en el salón biblioteca dé "Prensa Española", editora de "Blanco y Negro" y A E C, la tradicional comida en honor de los periodistas galardonados con los premios "Mariano de Cavia" y "Lúca de Tena" de 1961. Como se recordará, los premios fueron concedidos el pagado dia 16 a D. Luis Rosaba y D. Carlos Luis Alvarez, respectivamente, por un Jurado compuesto de ilustres pérsonalidades universitarias, periodísticas y literarias.

Presidió la mesa, con el ministro de Información y Turismo, D. Gabriel Arias-Salgado, D. Torcuato Lúca de Tena. Nos honraron además con su asistencia don Adolfo Muñoz Alonso, director general de Prensa; D. José María del Moral, delegado nacional de Prensa del Movimiento; D. Pedro Gómez Aparicio, presidente de la Asociación de la Prensa; los directores de "Arriba", D, Sabino Alonso Fueyo; de "Ya", D. Aquilino Morcillo, y de "La Vanguardia", de Barcelona, D. Manuel Aznar; don Manuel Halcón, D. Jaime de Foxá, D. Federico Silva, D. Enrique "Llover, D. José Luis Vázquez Dodéro, D, César González-Ruano y, D. Luis María Ansón. Además de los jurados—D. Jesús Revuelta, D. Pedro de Lorenzo, D. Gonzalo Torrente Ballester, D. Francisco Serrano Anguila y D. Jaime Miralles—y de los periodistas que han obtenido los premios, asistieron los miembros del Consejo de Administración don Benito Pico, don Ferrando Lúca de Tena, don Guillermo Lúca de Tena, don Andrés Fagalde, don Rogelio González Ubeda, don Luis Lúca de Tena y el director de A B C, don Luis Calvo y otros elementos directivos de "Prensa Española".

Deberes inexcusables impidieron a D. Pedro Rocamora; que se encuentra en Lisboa, y a D. Leopoldo Panero—dos miembros ilustres del Jurado—participar en el homenaje a Luis Rosales y a Carlos Luis Alvarez.

Don Torcuato Lúca de Tena ofrece el homenaje.

Terminada la certa, don Torcuato Luca de Tena, vicepresidente ejecutipo del Consejo de Administración de "Prensa Española", ofreció el Homenaje con las siguientes palabras, que fueron tomadas taquigraficamente:

"Excelentísimo señor ministro, excelentísimos e ilustrísimos señores, señores:

Otro Cavia, ya veis; otro año que pasa. Los Cavia son como los Tenorios: inevitables. Todos los años, al filo del otoño, hay siempre un actor, un posible Don Juan, ensayando ante el espejo los más divinos ripios que jamás se han escrito, Todos los años, al filo de la primavera, hay un posible concursante despechado de los Cavia Que le gustaría repetir esos mismos ripios, por lo menos (espetándoselo a algún Jurado amigo) los de "cuando Dios me llame a juicio, tú responderás por mí". Todos los años, a la caida de la hoja. Tenorio que te viene. Todos los años, a la natividad de la hoja, Cavia que te va. Y así seguirá siendo, en lo sucesivo, si Dios no lo remedia, y yo os pido que os unáis a mi plegaria para que no lo remedie Dios.

Con todo y con esto la tradición de los Cavia sufre este año una momentánea fisura. Yo los ruego me disculpéis si. al levantarse el telón de la sobremesa, no se adelanta esta vez hacia vosotros el primer actor, el entrañable primer actor de siempre, sino el más leal de sus colaboradores. El Que en las últimas décadas presidió siempre estas cenas y volverá a presidirlas en lo sucesivo; que encontraba siempre la palabra justa y el ademán preciso para recibir a los caballeros de estas- Ordenes periodísticas de los premios Cavia y Lúca de Tena, no puede ser reemplazado. Por eso yo os sugiero que le consideremos hoy aquí, entre nosotros, como él se considera unido a todos nosotros con el deseo. Y si acepta en préstamo la poca cosa de mi voz y mis palabras, suya es la salutación de bienvenida, suya la gratitud a los Jurados por sus desveles y suya la felicitación a los sanadores. Salutación, gratitud y felicitación que hace suyas, por supuesto, quien esto os dice.

Ningún otro año. señores, han presentado sus trabajos para optar a estos premios tantos escritores y de tanta calídad. Tan alto ha sido en efecto, su numero y tan excelentes sus articules, que con los vencidos podría formarse, sin duda, uno ce los mejores equipos de escritores españoles. Y no digo el mejor porque para ser el mejor faltarían en este equipo, por lo menos, nueve nombres: los de los siete Jurados y los de Luis Rosales y Carlos Luis Alvarez, ganadores de la contienda. La elección este año, que ha sido acertada, no ha sido, en cambio, fácil. Había que seleccionar perlas entre perlas, y la delicadísima misión de buceadores fue encomendada (para actualizar un vocablo muy al uso) a un grupo de expertos. Así es como el periódico "Madrid" nos prestó a ese infatigable explorador de la actualidad que es Francisco Serrano Anguila; "Arriba" nos prestó al insobornable debelador de mediocridades y manteador muchas veces de necios y zascandiles que es Gonzalo Torrente Ballester; "Informaciones", la claridad de ideas de su director, Jesús Revuelta; "Blanco y Negro", la precisión y luminosidad de estilo de Pedro de Lorenzo- A B C, la pericia narrativa de Jaime Miralles; Leopoldo Panero, su agudeza critica y sus excelentes dotes de catador literario, y la dinastía de los Cavia nos prestí a su último monarca coronado: Pedro Rocamora, que no ha podido venir hoy desde Lisboa—aun habiéndolo intentado—para traspasar los trastos de laurel a Luis Rosales, su sucesor.

De Luis Rosales, premio Cavia 1961, escribió Dámaso Alonso "que está hecho dé una prolongada sucesión de retrasos, discusiones, ensayos, ternura, delicadeza, un corazón como una casa, poemas, amigos, inteligencia... creadora, tabaco negro y coñac". Rosales es la antítesis de otro gran escritor. Ramón Gómez de la Serna. Ramón Gómez de la Serna, escritor desbordador Rosales, escritor contenido.

Todos habéis oído decir de Ramón Gómez de la Serna que su vínico pecado es escribir todo lo que piensa, publicar todo lo que escribe y resalar todo lo que publica. No podría decirse, salvo este último inciso. lo mismo de Luis Rosales. En efecto. Luis Rosales ni proyecta todo lo que piensa, ni escrite todo lo que proyecta, ni conserva todo lo que escribe, ni publica todo lo que conserva. Mas esto, que es un castigo para quienes queremos leerle, tiene, en cambio, una venturosa contrapartida: de Luis Rosales no podrá hacerse nunca una selección de su obra por la sencilla razón de que la selección ya, la hace él antes, durante y después de escribir, con lo que resulta que toda su obra es ya, por definición, selecta.

Desde "Abril", su primer libro, hasta "La Casa Encendida"; desde el "Contenido del corazón", que nos va" dando a trozos, poniéndonos la miel en los labios, cuyo título permanece inédito desde hace más de quince años, hasta "Rimas", que prologa Dámaso Alonso, pasando por escritos y ensayos en, "Cruz y Raya".. "Escorial" y "Papeles de Son Armadans" todo en Rosales es de una rara perfección; todo en Rosales en obra selecta. Yo felicito al Jurado de este año por el acierto de haberle seleccionado y me felicito de que "Prensa Española" enriquezca la lista de las plumas ilustres, de estos premios, con esta de oro: Luis Rosales, premio Cavia 1961.

Del premio "Lúca de Tena", ¿qué voy á deciros? Habréis leído seguramente sus declaraciones, en las que él mismo cuenta su bautismo de tinta en él ejercicio de la profesión. Tengo que hacer brevísimamente un poco de historia. Durante los once tínicos meses—hace ya también once años—que yo ejercí la dirección de ABC se me ocurrió renacer en Secretaría la carpeta para archivar la correspondencia de locos. Hay que advertir que todos los periódicos reciben cartas extravagantes y sorprendentes: pero no siempre se archivan. Hay quienes sugieren fórmulas de alquimia política para convertir en pro todos los males de la Humanidad. Hay quienes sugieren, como una que acabo de recibir, que los muertos sean colocados en los féretros boca abajo para que, con la espalda, puedan hacer una presión mayor sobre la tapa en caso de revivir despues de enterrados. En esta carpeta los inquilinos por lo general suelen coincidir en un denominado comun que es creerse unánimente tocados por la abispa del genío.-¿Como unimos todo este preambulo con e1 ingreso de Carlos Luis Alvarez en la profesión periodística? Pues he aquí que estuvo a punto de archivarse en esta carpeta la primera carta que me dirigió a mi Carlos Luis Alvarez, y que es la responsable de su ingreso en el periodismo activo. Esta singularísima epístola decía, entre otras cosas: "Primero, yo sé escribir, y, si ustedes no opinan como yo es que ustedes no saben leer. Segundo, el artículo que le remito es sensiblemente mejor de los que normalmente publican ustedes en ABC. Tercero, si no me aceptan ustedes esta colaboración, día llegará en que me pidan ustedes otras."

Y esta carta, señores, no fue a la carpeta de lóeos, aunque estuvo a punto de ir, porque he aquí que, tras la lectura del artículo, resultaba que, en efecto, era excelentísimo; resultaba que, en efecto, era mejor que muchos de los que se publicaban, y en efecto, le escribí a vuelta de correo solicitándole el envió de más colaboración. Unas semanas después, Carlos Luis Alvarez ingresaba, por oposición, en ABC como redactor de plantilla.

Entre los muy buenos profesionales que han surgido en la Escuela de Periodismo —y aprovecho este inciso para rendir el homenaje que se debe a esta Institución— no hay duda de que Carlos Luis Alvarez puede contarse entre los mejores. Con voluntad de estilo, poseedor de un sólido bagaje cultural, dotado de una increíble después de lo que acabo de decir, de una increíble y sincerísima modestia personal (¡que no se dejaba, desde luego, traslucir en aquella carta!), Carlos Luis Alvarez, atiende su vocación periodística como redactor de mesa de A B C, corno redactor jefe de la "Estafeta Literaria", como crítico de libros de "Blanco y Negro".

Yo saludo en él al puro periodista y al periodista puro; yo saludo en él a cuantos desde las columnas de los periódicos, diariamente ocultos (cómo él), casi siempre en el anonimato, informan, aclaran, precisan y orientan. Yo saludo en él la vocación y el servicio a unos intereses que no son los suyos, a unos intereses que no son los de sus amigos, a unos intereses que son los de la comunidad humana, los dé la sociedad política, a los que los periódicos se dirigen. En esto estriba la servídumbre del periodista, pero también su

grandeza: En una palabra, yo saludo en él al redactor.

Y no quisiera terminar sin levantar mi copa, señores, por sus compañeros, los redactores, de éste y de otros periódicos, a quienes esta noche Carlos Luis Alvarez personifica y honra.

Discurso de don Luis Rosales

Don Luis Rosales, Premio "Mariano de Cavia", pronunció el siguiente discurso:

"Queridos amigos: La primera expresión, por lo menos en este caso, debe ser la del agradecimiento.

Agradezco a Torcuato Lúca de Tena cuanto ha dicho, pero le opongo dos objeciones. La primera, que yo soy más bien un escritor corto que elegido, y que- aunque fuese elegido, nunca sería selecta. La segunda, todavía más grave que ésta, es obligarme a hablar o a leer ahora, después de que hemos escuchado su discurso, prodigio de equilibrio, inteligencia, generosidad y agudeza, e incluso os pido perdón porque tengáis que escuchar la lectura de mis cuartillas y la pesadez de leéroslas:

Todo el que habla se examina", suelo decir siempre que hablo. Si esto es verdad —¡y quiera Dios que no lo sea!—, ahora tengo que examinarme y hacer examen de conciencia ante vosotros". Este examen va a consistir en tratar de explicarme a mí mismo, en tratar de explicarme íntimamente, por qué me encuentro aquí, vestido de etiqueta y pronunciando algo asi como un discurso, yo, que soy tan enemigo de discursos y tan amigo de hablar a la chita callando. La verdad es qué me encuentro así, en esta situación precisa, porque se le, ha concedido el Premió "Mariano de Cavia" a un artículo, mío: "Zabaleta, en el Museo de Arte definitivo", publicado en el periódico ABC. Estos son los hechos que, como todos los hechos, necesitan, explicación. Decía Pirandello que un hecho es como un fardo vacío, que si no se le llena no se sostiene en pie. Así, pues, para llenar estos hechos comenzaré por decir que he publicado este articulo en el periódico ABC porque me ligan desde hace tiempo con esta casa no sólo vínculos de agradecimiento, sino vínculos doctrinales por mi fidelidad a la Monarquía. Me complazco en renovar estos vínculos públicamente.

En segundo lugar, quiero expresar mi agradecimiento, al. Jurado no solamente por haberme, concedido este premio, sino también por haberlo concedido a un poeta, sin duda,alguna para mostrar su generosidad y alentar a una clase proletaria, sufrida y desvalida. Gracias, amigos, y nunca esta palabra: "amigos", tuvo mejor confirmación.

En tercer lugar, debo gratar de explicarme, y tratar de explicaros, por qué he escrito este, artículo. La respuesta parece obvia, lo escribi porque fui muy amigo de Rafael Zabaleta, y porque Zabaleta e uno de los mayores pintores y uno de 1os hombres más cabales y más humildes que he conocido. Rafael Zabaleta murió en el mal día para nosotros y para España, como, según decía Antonio Machado, canta lo que se pierde", yo, al escribio este artículo, he llorado y he cantado pérdida.

Y aquí es donde las cosas se complica y llegamos al meollo de la cuestión; aqui es donde se juntan el menester del periodista y del poeta. Porque justo es decir que un buen artículo de periódico es tan difícil de escribir como un buen poema. Todos lo sabemos. Sin embargo, aunque nadie lo duda, nadie lo dice. Es igual. Los que escriben buenos artículos lo saben, los que no los escribimos, lo comprendemos sin saberlo. Quisiera disponer de tiempo holgado para poner de manifiesto estrechísima relación entre estas artes: periodismo y la poesía. No puedo hacer, ahora, pero al menos trataré de aclara como poeta, en qué consiste su más profunda vinculación.

Como cada cual habla desde su orilla yo voy a hablar como poeta y a preguntarme: ¿Qué es la poesía? Tengo cincuenta años un poco largos; estoy más envejecido por dentro que por fuera, como todos los hombres de mi tiempo, y sé que esta pregunta es imposible de contestarla. También tengo que confesaros que en ocasiones—innumerables ocasiones—he fracasado al intentar hacer poesía, y en ocasiones—muy pocas ocasiones—me ha parecido sentir su oreo, su compañía vivificante, tensa y misteriosa. En uno y otro caso padecí un espejismo; en uno y otro caso, al despertar, volví a encontrarme a igual distancia de ella. Es una amarga vocación la nuestra, pero es la que escogí y ahora debo volver a preguntarme ante vosotros, una vez más, en qué consisten la actitud del poeta y la razón de ser de la poesia. No importa que no acierte en mi contestación: el error es uno de los caminos que conducen a la verdad. Convivamos por un instante el sabor del milagro, y para convivirlo quisiera recordaros los versos más inolvidables de la poesía española: los versos que dedicó Jorge Manrique a Ja muerte de su padre:

¿Qué se hyzo el Rey don Juan? Los infantes de Aragón, ¿qué se hicieron? ¿Qué fue de tanto galán, que de tanta invención que truxeron?

¿Fueron sino devaneos, que fueron sino verduras, de las eras, las justas e los torneos, paramentos, bordaduras e cimeras?

¿Qué se hicieron las damas, sus tocados e vestidos, sus olores? ¿Qué se hicieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores?

¿Qué se hyzo aquel trobat, las músicas acordadas que tañían?

¿Qué se hyzo aquel danzar y aqüellas ropas chapadas que trayan?

El poeta no olvida nada. No puede olvidar nada. Recuerda la belleza de las damas, la gala de los tocados y los vestidos, la singularidad de, los olores. Pensemos -- y no es mala lección—que en la memoria, y aún más concretamente en el recuerdo, lo humilde suele ser tan inolvidable como lo importante. A consecuencia de ello, el poeta, al preguntarse en esta elegía por la fugacidad de las cosas terrenas, va rezando las cosas cotidianas y humildes como se reza una oración para ofrecerlas a su padre. ¡Y cómo las ofrece! Recordemos el cortejo de los torneos y los amores, los paramentos brillantes, los versos y las danzas. Nada está predominantemente acentuado en su elegía. Todo es igual para Jorge Manrique, porque el valor poético de las cosas nó estriba en su importancia ni en su belleza, sino en su unicidad. El recuerdo no generaliza; hace a las cosas únicas. Las damas son aquellas damas; el verdor de los campos, aquel verdor; las ropas son precisamente "aquellas ropas chapadas que traían"; aquéllas y no otras.,Diríase—y es cierto—que el pronombre demostrativo "aquél´.´ constituye la ley de gravedad dé la poesía. Cuando decimos"aquel clavel" ya estamos utilizando, sin saberlo; una expresión poética. En la elegía de Jorge Manrique, las personas, las cosas y los sucesos qué entretejieron la vida de su padre y sirven al poeta para rememorarlo son aquéllas, precisamente aquéllas, y por serlo, son únicas. Yo conozco a muchas mujeres que siguen conservando la primera rosa que su «novio les regaló, y no la cambiarían por un abrigo de píeles, ahora que tienen nietos. En la vida y en la poesía hay muchas cosas únicas, hay muchas rosas únicas, que por ser únicas son insustituibles, y por ser únicas son valiosas.

Vamos llegando a nuestro fin. Pensando en Jorge Manrique, vamos a preguntamos ahora de nuevo en qué consisten la actitud del poeta y la razón de ser de la poesía. "Poetizar es crear, y la creación poética es la que da a las cosas su plenitud de realidad." Pero, ¿quién se glóría, gloríese en el Señor? En fin de cuentas, somos hombres. Solemos engañarnos; es más: generalmente, queremos engañarnos. Todos hacemos teatro para nosotros mismos; todos damos por cierto lo soñado, y todos, finalmente, necesitamos que sea cierto lo valedero. No nos basta vivir; queremos perdurar. Pero, además, queremos que en nuestra vida terrenal y en nuestra vida perdurable, nos siga acompañando todo aquello que amamos. Cuando los seres queridos se nos gastan, se nos mueren, se nos acaban en las manos, sólo anhelamos una cosa: darles un nuevo tipo de realidad. Esta actitud humana es la verdadera actitud del poeta y la razón de ser de la poesía: conferir a las cosas y a los seres que amamos un nuevo tipo de realidad que no pueda acabarse ni destruirse; un nuevo tipo de realidad al mismo tiempo permanente, universal e invariable. No hay más poeta que el amante. Recordemos unas palabras vivas, exactas, consoladoras: "¿Porque qué tiene el nuevo canto sino nuevo amor?", decía San Agustín. Cuando hacemos poesía, cuando escribimos un poema, la ilusión que nos ciega y nos impulsa es la de dar a nuestra vida su plenitud de realidad. Téngase en cuenta que lo que de modo tan ambiguo suele llamarse realidad está formado por sedimentos y estratos muy distintos. La realidad del. Guadarrama, por ejemplo, es permanente y pertenece al mundo natural; la realidad del Cid Campeador es universalizable y pertenece al mundo de la Historia; la realidad de Don Quijote es arquetípica e inmutable y forma parte de nuestra misma existencia personal. No es necesario ser idealista para afirmar, como afirmaba Unamuno, que Don Quijote tiene más realidad que muchos hombres que conocemos y saludamos. Pues bien; en la elegía de Jorge Manrique vemos al padre del poeta pertenecer, al mismo tiempo y con el mismo rango, a los tres órdenes del ser: él de la realidad

natural, el de la realidad histórica y e! de la realidad existencial. Es la función de la poesía. Gracias a ella D. Rodrigo Manrique tiene una realidad al mismo tiempo permanente, mítica y universal; gracias a ella, D. Rodrigo Manrique sigue vivificándonos, sigue siendo un ejemplo para nosotros, "Poesía es el diálogo del hombre y el tiempo", decía Antonio Machado. La poesía, es pues, un arte temporal, y ahora comprenderéis mejor su afinidad y aun su fraternidad con el periodismo. El periodismo y la poesía son las artes más temporales, las artes que acompañan y promueven de manera más honda y más extensa el curso de la existencia humana. Cada cual, a su modo ellas ´hacen de nuestra vida lo que es. El periodismo constituye la frontera de nuestra vida, y la poesía constituye nuestra revelación vital. Si el periodismo nos contiene y fija nuestros límites, la poesía nos alumbra y nos hace recién nacer todos los días. Hay que cuidar estas dos artes; hay que cuidarlas mucho más de lo que las cuidamos entre nosotros, pues

ellas son las que formalizan y constituyen, en cierto modo, nuestras vidas.

Todo tiene su fin. Lo que hasta aquí no de dicho pertenece al silencio. Ya sabéis por qué escribí el artículo que premiasteis: para darde una nueva forma de realidad y de amistad a Rafael Zabaleta, el pintor de Quesada. En que medida haya logrado mi intención, vosotros lo diréis.

Palabras de D. Carlos Luis Alvárez

Don Carlos Luis Alvarez, Premio "Lúca de Tena", pronunció las siguientes palabras: "Señor ministro, señores: a la natural alegría de encontrarme aquí, entre ustedes, se une el convencimiento de que mi derecho a hablar es muy relativo y qué procede, más que de mis conquistas, de la generosidad y cortesía ajenas. Mi experiencia, como periodista, poco menos que reducida a la vida local, tan interesante, me ha enseñado que los banquetes suelen utilizarse para pronunciar arengas, y catilinarias más o menos encubiertas bajo la ironía, el retruécano y el énfasis declamatorio. De este modo se pierde el sentido profundo del ágape que es de paz y amistad. Creo en esto a pies juntillas, aunque no ignoro que muy buenos discursos de sobremesa están incluidos, per ejemplo, en las caras completas de D. José Ortega y Gasset a quien admiro tanto.

Por estas razones, mis palabras deberían reducirse a aquellas que indican agradecimiento. Agradecimiento al ilustre Jurado que tuvo en cuenta mi editorial; agradecimiento a cuantos en esta casa se empeñaron en meteme en la cabeza que un sustantivo vale más que un adjetivo, especialmente D. Torcuato Luca de Tena y D. Luis Calvo, y, en fin, agradecimiento a ustedes por avenirse a escucharme durante linos minutos.

En cuanto al nombre que honra el Premio que me han concedido, y que, naturalmente, me honra a mí también, nada podría añadir a lo que ustedes saben. La mayor parte de los redactores que tiene ahora ABC no hemos conocido al Primer patrón que tuvo esta nave. Pero honramos su memoria, con el tratajo silencioso, con el trabajo y duro que es antes que el periódico, porque ese trabajo es el que lo produce, y sobre el que se apoya el periodismo del adjetivo, la firma y las ideas persónales, como la Historia se apoya en la Prehistoria. Probablemente esto que digo no pase de ser divagación y circunloquio. Pero a unos metros de aqui hay unos hombres tan jóvenes como yo, y más brillantes, en nombre de los cuales rae atrevo a hablar. Esos hombres no divagan jamás. Hoy las Redacciones de los periódicos, por lo menos la de mi periódico, que es la que conozco, no tienen nada que ver con armellas divertidas y fantásticas Redacciones de las que yo sé por los relatos de Camba y de Fernández Florez. Hoy los periodistas estamos al cabo de la calle, nos damos cuenta, nos hacernos cargo, lo vemos venir... No, mis compañeros no divagan. El editorial por el que ha obtenido el Premío "Luca de Tena" la Redáccion de ABC no es una diragación. Y ella es la que merece homenaje. Dos palabras más para señalar el honor que es para mí, para la Redacción de A B C. que Luís Rosales esté a nuestro lado en este momento. Este gran poeta

comunicativo y poroso, nunca hermético: este escritor sutilísimo que hace muy POCO tiempo nos ha entregado un Cervantes libre de tendenciosas adherencias, sabe que hay una juventud—y entre ella está la actual Redacción de ABC—que sí bien no participa del espíritu libertario, de Marcela, la que se echa al monte, la que padece alergia socia1, ama y Participa muy estrechamente, sin embargo, de .• la .creadora • libertad de Cervantes, présente —entre otras muchas ocasiones—en el celebérrimo final de "EL celoso extremeño", cuando Leopora y su seductor se duermen, en un momento dado contra toda verosimilitud.

La Redacción de ABC espera que sus editoriales continúen satisfaciendo a la opinión publica."

 

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