Autor: Calleja, Juan Luis. 
 Premio Mariano de Cavia 1963. 
 "Carta a un Portugués"     
 
 ABC.    07/04/1964.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

ABC. MARTES 7 DE ABRIL DE 1964.

PREMIO "MARIANO DE CAVIA" 1963 «CARTA A UN PORTUGUÉS»

He aquí el artículo que ha obtenido el Premio "Mariano de Cavia", publicado en A B C el 17 de septiembre de 1963 y del Que es autor don Juan Luis Calleja:

Señor:

Quisiera alzar su nombre por encima de mi frente como el atleta levanta el trofeo de plata para lucirlo) e instalarlo aquí, al principio, dando a esta carta el relieve que le falta y, a usted, el que le sobra. Pero, ¿con qué derecho? No soy quién para dirigirme a usted como si tal cosa. Bien se entiende, pues, que nunca recibirá estas letras, que le pongo con el mejor recado (tanto es mi respeto) y caligrafía escolar. (Tanta, mi devoción.) Y no Importa: escribiéndole, ventilaré mi espíritu, que buena falta me hace un poco de aire limpio. Guardaré este mensaje después de firmarlo y, algún día, releyéndolo por azar, sentiré de nuevo la emoción que me lo dicta: la gratitud.

Porque es el caso, señor, que sólo quiero darle las gracias. No porque sea usted e1 gobernante laminoso que dicen, pues mi observatorio de la vida se asoma a paisajes sin andurriales políticos. Aunque peninsular, europeo y blanco—cosas tan afines al quehacer de usted—soy un doctrino en lo que es del César (como en lo que es de Dios), y no acostumbro a dar buenas notas, ni malas, en asignaturas que ignoro.

Evito, pues, darle las gracias como hombre blanco. Simplemente se las doy como hombre, y se las daría lo mismo si yo fuese un negro, un chino o el pintor prehistórico de Altamira. Porque usted, político grande según los que entienden, es algo más insigne que el César o el Sabio.

Usted, y los pocos como usted, ennoblecen nuestra especie, la redimen de ruindades, la absuelven de cobardías, la libran de vergüenzas. usted compensa, con su decencia, pozos profundos de negra miseria y rehabilita a la familia humana de tanto bípedo en letargo, de tanto miope suicida, de tanto alegre iluso, de tanta bambolla vociferante.

Usted es el héroe de los cuentos ejemplares que de niño devoraba, encendido el entusiasmo: el pequeño valiente que vencía al bosque y, ¡zis-zas!, degollaba el monstruo.

Usted es la victoria de la voz articulada cobre el berrido silvestre; el triunfo del silogismo sobre la arenga: de la brújula, cobre el vendaval; del código, sobre el arroyo. Usted es la serenidad domando el trote trepidante de los hipopótamos.

Los gestos dan risa junto a usted, porque usted ignora el aspaviento.

Porque usted no hincha las palabras, sus palabras vuelan. Y aunque vuelan, pesan.

Cuando habla usted bajo, su voz retumba. Cuando se encoge usted, crece. Cuando se inclina, todos se inclinan.

Usted da la lección de no dar lecciones y, sin darlas, las da grandes. Usted gobierna la nave como a su propio espíritu y se timonea a sí mismo con humildad. Mira el horizonte siempre, esté claro o esté oscuro. Mantiene el rumbo de día y de noche. Usted conoce la tempestad auténtica y los monstruos marinos que sólo son mitos.

Usted es la razón sencilla, la idea fiel, la fe tranquila, el caballero civil con puños de roble. Usted es el patriota, amador de su tierra sin gritos, colorines ni orquestas. Usted ha demostrado que pueden brillar la honradez, la limpieza v el mérito. Sí: usted es un Hombre, título ganado en buena lid y conservado en lid traidora, para ejemplo animoso de los que ya dudábamos. Usted ha confirmado que merece la pena transmitir la Ingenuidad que escuchamos a nuestros padres.

Por todo esto le doy las gracias, señor.

Permítame que me incline ante el cansancio de sus ojos agudos, ante sus discursos inteligibles, ante su brío suave, ante sus solapas sin cintas, ante su explicación estupenda de lo que es un Hombre.

Sin énfasis, como, sin duda, le gusta a usted, vira Portugal, señor.

Juan Luis CALLEJA

 

< Volver