Premio Luca de Tena 1963. 
 Palabras de Fidel Castro: Lo que no puede vivir a 90 millas de una nación socialista es el imperialismo  :   
 Nosotros derrocaremos el imperialismo americano. 
 ABC.    07/04/1964.  Página: 35-36. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES 7 DE ABRIL DE 1964, EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 35

PREMIO "LUCA DE TENA" 1963

PALABRAS DE FIDEL CASTRO: LO QUE NO PUEDE VIVIR A 90 MILLAS DE UNA NACIÓN SOCIALISTA ES EL IMPERIALISMO.

Nosotros derrocaremos el imperialismo americano.

He aquí el artículo que ha obtenido el Premio "Lúca de Tena", publicado en A B C el 26 de noviembre de 1963 y del que es autor don Salvador Lopez de la Torre:

La primera palabra que ha surgido en todos los labios después del crimen de Dallas ha sido la de asombro. Asombro aterrado, desde luego, pero también estupor ante una noticia que, según han repetido ante todas las radios del mundo los grandes personajes consultados, "nadie esperaba". En los grandes momentos de dolor, el hombre recobra un lenguaje ingenuo de niño asustado. Y, sin embargo, cuando unas horas de meditación permiten analizar el magnicidio en su profunda dimensión, sería preciso tenor el coraje de confesar que el asesinato de ese hombre excepcional que era el presidente Kennedy no debía sorprender a tantos comentadores sinceramente horrorizados ante la noble sangre derramada en una calle d¿ Tejas.

Bastaría que los honestamente asombrados dedicasen unas horas a escuchar esa guerra de ondas que conmueve cada noche los espacios radiofónicos, que recortasen los periódicos donde se explica con la calma de una lección cómo debe suprimirse al jefe rival incómodo para el desarrollo de determinada doctrina, cómo se imprimen libros donde el futuro terrorista recibe una metódica educación de profesional de la muerte. Entonces no resultaría el cadáver del presidente Kennedy tan sorprendente. Cuando se predica en mil antenas del mundo la violencia más desenfrenada, lo único inaudito es que todavía baya quien se asombre de las consecuencias de esa misma violencia. La siembra de los vientos siempre trajo un siniestro cortejo de tempestades.

Que el mundo quede pasmado ante eso joven despojo acribillado por una bala asesina, es un buen reflejo de la honestidad del mundo, pero debemos ser más exigentes con quienes se limitan a gritar su asombro cuando la vida rueda desagradablemente para ellos. La muerte de Kennedy estaba anunciada cada noche en estos programas de radio donde se emplean las más concretas incitaciones al asesinato, a la guerra, a la destrucción y al caos. Kennedy iba siendo un poco asesinado en cada emisón de guerra psicológica, esa "multiplicador de la violencia" que ha trastornado las relaciones internacionales desde que la radio permite alcanzar cualquier rincón del globo con palabras que son mechas encendidas aplicadas a la dinamita de todos los odios. Kennedy es como la víctima de estos usos simultáneos que intoxican el cerebro disponible de masas sin juicio, con el martilleo de una criminal persuasión. Las radios de ciertos Estados—no hace falta señalarlos—lanzan cade noche su veneno al éter con la seriedad de funcionarios que predicasen la práctica del crimen durante sus ocho horas de trabajo, mientras en algun rincón perdido del mundo un pobre desdichado repleto de odios y frustraciones, o un malvado consciente o un loco furioso reciben diariamente su dosis de intoxicación, eso que los técnicos de la guerra psicológica llaman su "condicionamiento". V un día aquel detritus humano, convenientemente atiborrado de provocaciones, desenfunda su revólver y mata a un hombre admirable. Quizá el mundo puede gritar horrorizado que no esperaba la tragedia retumbando como el trueno en un cielo de vacaciones. Pero el crimen se había ido preparando cada noche con la minuciosidad de una operación pedagógica.

La guerra de las ondas, la propaganda clandestina, las redes de capción, las "quintas columnas", los ejércitos silenciosos de la subversión, que destilan sigilosamente su veneno en oídos de odio, disponibles para derribar todo lo bello, lo noble, lo gracioso; que el mundo tiene. Se habla de la "violación de las almas", de la "guerra generalizada de los espíritus" y bar manuales donde aprender a encadenar la voluntad de un hombre repitiendo equis veces tal fórmula, alternada con equis más dos de tal otra. La inquina tiene también su química delincuente. Las ondas propagan la guerra cuando oficialmente estamos en paz y suprimen la clásica distinción entre tiempos militares y tiempos de calma. La cita vale su peso en oro: "Si la guerra es la continuación de la política, con la sola diferencia de un cambio en los medios, la paz es la continuación del combate, caracterizado, igualmente, por el solo hecho de un cambio en los medios." Firmado: el mariscal Chapochnikov. Un técnico de la guerra psicológica que se proclama simultáneamente hijo de Clansewitz y de Lenin, fiel representante de la tesis de la "guerra permanente", que constituye la clave de tantas propagandas disfrazadas con la coartada doctrinal.

Ha habido muchas gentes sinceras al proclamar su estupor por la muerte de Kennedy. Pero también muchos hipócritas han fingido sus proclamaciones cuando, en realidad, ese espeluznante fruto de muerte que es el cadáver de Kennedy resulta el final de tantos programas de radio revolucionarios, de tantas palabras como agitan las noches del mundo cargadas de una criminal electricidad explosiva. Si luego esa electricidad descarga su golpe mortal sobre el más noble de los amenazados, no tenemos derecho a gritar nuestro estupor. Vivimos, por desdicha, en un mundo sometido a la violencia, donde la violencia se sistematiza, se multiplica, se encubre para mejor herir. El noble muerto de Dallas es como la consecuencia inevitable y absolutamente "lógica" de tales sistemas. Es la falta de respeto universal, el desdén de las reglas morales, la violación de las conciencias, con ayuda de un micrófono lejano. Es la agitación por encima de las fronteras y de voces que cultivan como jardineros de la muerte todos los malos sentimientos del hombre. En los manuales de la guerra psicológica se habla de la "violencia metódica". He aquí, con la cabeza saltada de un disparo, el fruto de semejantes métodos.

 

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