Premio Luca de Tena 1968. 
 Proceso contra la libertad     
 
 ABC.    18/04/1969.  Página: 58. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ABC. VIERNES 18 DE ABRIL DE 1969.

PREMIO LUCA DE TENA 1968

PROCESO CONTRA LA LIBERTAD

Cuando el intelectual alza su voz frente al régimen autoritario y éste le responde con la característica manifestación de fuer-ea, el hecho, objetivamente analizado desde va país donde por fortuna el Estado nada tenga que temer de la utilización de las libertades por parte de sus ciudadanos, presenta un doble aspecto: negativo, pues por desgracia permite comprobar una vez más la efectiva existencia de un aparato opresivo dispuesto a actuar en contra de quienes se atreven a mantener opinión distinta y opuesta a la "verdad oficial"; positivo, porque es muestra de que todavía hay quien, a pesar de tener conciencia de su manifiesta inferioridad en un combate desigual, no por ello se resigna a dejar de expresar—en virtud de una imperiosa necesidad ética, que casi nos atreveríamos a calificar de biológica—lo que, según su criterio, cree es de justicia formular públicamente.

Acabar con quienes se atreven a esgrimir opiniones "disolventes" es tarea fácil para un régimen que en verdad sea dictatorial; en cambio, cuando éste pretende simularse más o menos liberal y democrático, le resulta embarazoso, por cnanto el público proceso que se ve obligado a organizar, con el fin de "justificar" la justa y necesaria condena del intelectual perturbador, pone en evidencia la absoluta subordinación del poder judicial al poder político. La pretendida justicia se trocó, pues, en advertida parodia.

El juicio que acaba de celebrarse en Moscú contra Litvinof y la esposa de Daniel, entre otros, ha vuelto a colocar en primer plano de la actualidad la lucha que un cierto sector de los intelectuales soviéticos libra frente al Poder, cuando todavía permanece fresco el recuerdo de las severas penas dictadas contra Daniel, Siniavski y Guinzburg, que en su día provocaron en todo el mundo Ja común protesta de cuantos defienden el derecho a la libertad de opinión.

A raíz del célebre XX Congreso del Partido, se reconoció oficialmente que más de seiscientos escritores habían sido condenados injustamente a consumirse en cárceles y campos de concentración. Si centenares de intelectuales habían sufrido el opresivo dolor de un Estado policíaco, no mejor suerte les había concedido el dictador a obras de los maestros Dostoievski, Essenin, Maiakovski, Akhamatova, Bunin, Pilníak, Pasternak, las cuales fueron objeto de humillación en manos de censores cuyo servilismo superaba a su incultura.

La denuncia pública y oficial del terror Impuesto por José Stalin pareció anunciar la posibilidad de que los ciudadanos de la Unión Soviética respirasen con mayor holgura y emprendiesen de «na vez por todas el camino hacía una ansiada, necesaria y Justa liberalización.

Pero cuando parecía que el artículo 125 de la Constitución—que garantiza las libertades de palabra, Prensa y reunión— iba a ser respetado y llevado a 1a práctica, nuevos procesos plagados de flagrantes irregularidades en el fondo y en la forma han conmovido de nuevo la opinión mundial. Bonkovski, en el transcurso del juicio a que fue sometido hace ya varios meses en la capital soviética, por haber organizado

manifestaciones en favor de Siniavshi y Daniel, dijo a los magistrados: «No necesitamos la libertad para quienes están "a favor", si no hay libertad para aquéllos que están "en contra".»

Mientras la libertad debe ser—y de hecho lo es—otorgada al ciudadano en los regímenes democráticos, las monocracias imponen como condición "sine qua non" que el país haya alcanzado una madurez y un nivel social y económico para que pueda ser usada por el individuo. De aquí, pues, que haya quien defienda estos procesos, en el sentido de que los intelectuales no pueden hacer uso de la libertad de expresión porque todavía no ha sido alcanzado el necesario desarrollo para que su uso no entrañe peligro alguno. ¿Habrán de aguardar otros cincuenta años? No lo sabemos. Por lo pronto, ahí están las nuevas condenas contra Litvinof y la esposa de Daniel; no tardarán en ser seguidas de cuantas consideren necesarias, con tal de que el stalinismo pueda, así, permanecer en el Poder.

"Los excesos cometidos en nombre de la libertad pueden convertirla en odiosa, pero no impiden que sea bella y necesaria", escribió Tocqueville.

 

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