La libertad de prensa     
 
 ABC.    02/08/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ABC. JUEVES 2 DE AGOSTO DE 1863.

LA LIBERTAD DE PRENSA

Las declaraciones del ministro de Información y Turismo, señor Fraga Iribarne, a un periodista francés, respecto al futuro régimen de Prensa, nos han producido agradable impresión. En una de sus preguntas, el periodista recuerda, equivocado, que la Prensa española vive en régimen de excepción desde 1938; para ser exacto debió remontar, la fecha a 1923 y aún antes, pues también hubo períodos de anormalidad. Fue, sin embargo, durante la República, apoyándose el Gobierno en la Ley de Defensa de la República, cuando la Prensa sufrió en mayor grado sevicias y atropellos. No hubo periódico independiente, mejor dicho disconforme con los excesos de la barbarie revolucionaria, que no saliese malparado o molido, a cuenta de supuestas agresiones a la República, y que por un quítame esas pajas incurriera en gravísimos delitos que eran sancionados con multas, suspensión o incautación.

Debe parecer muy bien a todos el propósito expuesto por el ministro de preparar una ley de Prensa cuyo anteproyecto estará redactado en octubre para ser presentado a las Cortes en diciembre. El ministro encontrará gran parte de su labor realizada, puesto que "el cambio de régimen dé Prensa había sido decidido por el Gobierno anterior", y enderezados a este propósito se esbozaron anteproyectos con las bases fundamentales para la nueva ley, sobre las cuales habían emitido informes y discutido en ponencias aquellas personas y autoridades llamadas a opinar sobre la materia.

En sus declaraciones, anticipa el ministro como fundamento de la ley un autocontrol o gobierno de la Prensa sobre sí misma. Es. decir, la vigilancia suprema de Jos. periódicos deberán ejercerla los directores de las publicaciones y por delegación sus redactores, lo cual elevará la profesión a niveles superiores de dignidad, respeto y responsabilidad. "La Prensa—afirma el ministro—debe convertirse en una Institución tan importante como la Universidad o el Colegid de Abogados."

Serían varias estas aspiraciones si como condición previa no estuviese vedado el campo ´periodístico al libelo y a la hoja explotadora del escándalo, por estar garantizada la solvencia moral y económica de la empresa editora y prohibido el ejercicio de la profesión al folicularió, maleante de la pluma, mediante ,el carnet, aue debe ser un título de probidad y suficiencia, nunca una patente de corso.

El problema de la reglamentación de la libertad de Prensa tiene carácter universal y sería difícil citar un solo país donde haya sido resuelto de una manera satisfactoria: casi diríamos que no se ha podido solucionar en ninguno. Xas lamentaciones por los estragos que producen los desenfrenos informativos son frecuenten por parte de los que tienen a su cargo la salvaguardia de los principios fundamentales de la sociedad. Hace poco más; de Un año, Kennedy reunió a los directores de periódicos para pedirles una disciplina libremente consentida, alarmado por la divulgación en los diarios de secretos oficiales. Sé confesaba el presidente incapaz de impedir aquellos excesos por medios, normales y apelaba al patriotismo y buen juicio de ´los directores. "La importancia, la ´fuerza, el emplazamiento y la naturaleza de nuestros efectivos y de nuestras armas, así como nuestros planes y nuestra estrategia, con vistas a ser utilizada, han sido descritos en nuestra Prensa con minuciosidad suficiente para satisfacer a una potencia extranjera."

Pues ni aún con la invocación´ al patriotismo, porque se trataba de la seguridad nacional, las recomendaciones de Kennedy tuvieron eficacia.

Queremos significar con lo dicho cuan difícil es con los medios normales, y dejada a su arbitrio, contener la libertad de cierta Prensa dentro de aquellos límites, franqueados, los cuales se penetra en la traición o, en las zonas pantanosas de lo inmoral. Afortunadamente, desde hace años rio se conoce en España una Prensa que trafique con el escándalo, la impudicia o la subversión. Hacerla imposible fortaleciendo la conciencia de la responsabilidad y deja honestidad de quienes la dirigen y redactan supondría alcanzar la meta anhelada. Sin privar por ello a los periódicos de la justa y necesaria libertad sin la cual aquéllos degeneran hasta convertirse en un mediocre servicio d´ turiferarios.

 

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