El desarrollo político     
 
 ABC.    24/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL DESARROLLO POLÍTICO

Sobre dos vertientes se ha proyectado el discurso pronunciado en las Cortes por el ministro y comisario del Plan de Desarrollo, señor López Rodó. De una parte ha quedado definida la imagen de la nueva sociedad que no es producto del azar, sino que responde a toda una planificación de la vida española, que ha cambiado la fisonomía y el estilo de los diversos estamentos sociales. Por. otra parte, el ministro ha señalado que el desarrollo político sólo cabe dentro del clima creado en España por el desarrollo económico.

Nadie, duda que España atraviesa por Un trance de expectativa, política. Se trata de un momento histórico en el que * todos interesa —diríamos que casi dramáticamente— la configuración del futuro. Pero de un futuro forjado desde hoy con las garantías institucionales de permanencia y de estabilidad. Cada día que pasa se plantea con más urgencia la necesidad de reforzar los cauces por los que ha de discurrir la vida política del mañana. España cuenta con una Ley Orgánica llena de prudentes previsiones legales que nos ponen a cubierto de un riesgo de salto sobre el vacío. En .esa ley se articulan las más ágiles formas para la realización del porvenir político. Y los españoles sólo aspiran a sentirse actores .responsables del mismo mediante los instrumentos constitucionales de participación. Se trata de una idea cargada de sentido lógico que hemos postulado reiteradas veces desde estas columnas.

El principio político que España reclama es que se pongan en juego todas las potencialidades que encierra la Ley Orgánica y las demás leyes fundamentales. Contamos con una serie de resortes juridicos de una latente vitalidad, que estan reclamando la dinámica de la acción, a ese dinamismo es al que precisamente aludió el Jefe del Estado en su mensaje de fin de año. No es aventurado afirmar que la opinión general de los españoles coincide sustancialmente con los principios invocados por el ministro señor Lopez Rodó en las Cortes. A saber el arraigo de las instituciones, su dinamismo vital y el imperativo de un sereno caminar hacia un futuro que supere cualquier forma de inmóvilisimo y, por supuesto, el más remoto intento de retroceso.

Tales principios resumen el espíritu subyacente del actual desarrollo español. Porque tolo cuando se alcanza la madurez que éste representa en el orden económico y social se está en condiciones para que el progreso político se realice por senderos de autenticidad, merced a la actitud responsable de los propios españoles. es decir, que sólo una base de bienestar económico y justicia social creará unas condiciones de vida que hagan posible potenciar al máximo la libertad y la dignidad de la persona. Todos sabemos que esos dogmas «no se satisfacen con meras promesas». Sólo cuando un determinado nivel de vida pone al alcance de todos los españoles «las satisfacciones de las necesidades materiales y el acceso a los bienes de la cultura», el pueblo tiene conciencia de que, sin necesidad de demagogias al viejo estilo, se le están brindando los bienes indispensables para realizar con plenitud y dignidad su vida.

Es cierto, que para llegar a ese fin había que empezar por liberar de preocupaciones elementales de subsistencia y de marginaciones sociales injustas a las clases más necesitadas. Esa aspiración es la que se está ahora alcanzando de manera ostensible a través de ese desarrollo en el que España está comprometida. Y ciertamente que éste ha de ser la base o el punto de partida para que se active cada día más la participación política. . La viveza, la lucidez, incluso la inquietud de que España da muestras en el orden político, no es si no una clara consecuencia de la propia acción de un sistema que ha conseguido crear las condiciones de una sociedad más apta para participar en la orientación de su destino. Así surge el fenómeno de que el desarrollo político aparezca «urgido, reclamado y facilitado por el desarrollo económico y social».

El propósito señalado de «articular políticamente a todos los ciudadanos para que la representación y la participación de la sociedad en las tareas del Estado se extienda hasta sus últimos escalones», equivale a reconocer la existencia de un sentimiento latente en el país que conforta ver recogido —con un rigor de servicio a la verdad— en las más altas esferas del Gobierno. La paz interior y el contraste de pareceres son objetivos insoslayables cuya eficaz actualización desplazará la sombra de esa problemática política que a veces parece oscurecer el horizonte.

 

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