Invertir en la ciencia es invertir en le crecimiento económico  :   
 Una política cientifica debe tender a coordinar la investigación oficial y a fomentar al investigación privada. 
 Madrid.    28/05/1963.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

«INVERTIR EN LA CIENCIA ES INVERTIR EN EL CRECIMIENTO ECONÓMICO»

Una política científica debe tender a coordinar la investigación oficial y a fomentar la investigación privada

El ministro de Educación clausura en Salamanca un ciclo de conferencias sobre desarrollo económico

SALAMANCA.—En el paraninfo de la Universidad se celebró la clausura del ciclo de conferencias del desarrollo económico, organizado por el Instituto de Orientación y Asistencia Técnica del Oeste, .con la pronunciada por el ministro de Educación Nacional sobre el tema "Políticas científicas nacionales". Previamente, el rector de la Universidad, doctor Balcells, se ´refirió a la proyección de la universidad en los problemas del desarrollo español, para poner de manifiesto el balance positivo del ciclo de conferencias que se clausuraba, que se había cifrado en la creación de un clima propicio al programa de desarrollo y acercamiento del hombre de la calle a la preocupación universitaria. A continuación, el señor Lora Tamayo pronunció su conferencia.

INVERTIR EN LA CIENCIA

Hoy es un hecho evidente—dijo el señor Lora Tamayo en su disertación—que el desarrollo económico es fruto no sólo de la inversión en máquinas y hombres, sino también de los recursos que se destinen a la investigación y la técnica. Invertir en la ciencia, como invertir en la enseñanza, íntimamente relacionada con ella, es invertir en el crecimiento económico. El rendimiento del trabajo dependerá siempre en cantidad y en calidad de las investigaciones previas al desarrollo técnico que se lleva a cabo, y éste, a su vez, del nivel general decía educación y de las capacidades adquiridas en la mano de obra. El tema adquiere dimensión más trascendente si se tiene en cuenta que el crecimiento económico no puede significar solamente aumento de la renta nacional; hemos de ver en él algo más superior, la elevación de un nivel social en aras del bien común que debe presidir como objetivo todas nuestras actividades.

Según el conferenciante, una buena política científica exige atraer la atención de nuestros Jóvenes estudiosos, incluso primándolos en becas y ayudas, hacia estos campos de la ciencia y de la técnica, tan implicados hoy en las más diversas manifestaciones, y por lo expuesto hay que proponerse fomentar el crecimiento en matemáticos, biólogos, físicos, ingenieros especialistas, en las más adecuadas condiciones para una promoción eficiente, sólida, rápida y continuada. Ello debe al. cansarse incrementando el número de secciones correspondientes en las Facultades de Ciencias y abriendo nuevas perspectivas de especialización en nuestras escuela técnicas.

La experiencia de los años últimos y los primeros frutos de las nuevas estructuras con que se han configurado las políticas científicas nacionales de los países que la tienen bien definida —dijo más adelante el señor Lora Tamayo—permiten precisar bien los términos en que aquélla debe concretarse en orden a la investigación. Dos aspectos fundamentales ha de cubrir: a) Ordenación y coordinación en la investigación oficial; b) Fomento de la investigación privada.

Para establecer la programación y financiamiento del primero se requiere un examen periódico de los campos de investigación que se cultivan, de los temas objeto de estudio en cada uno de ellos; relación de unos y otros con los problemas económicos de la nación y con la panorámica universal de la ciencia, y estudio, en su caso, de la rentabilidad de las investigaciones, asi como en un orden de cooperación, armoniza planes comunes de grupos de investigación diferentes y coordinar actividades científicas en nuevas tareas.

POLÍTICA DE INVESTIGACIÓN

Conviene precisar—afirmó—en este momento que una política científica excesivamente preocupada por la utilidad práctica puede correr el riesgo de olvidar la investigación fundamental. Asi como en cualquier otro orden de investigación la colaboración del economista puede, darnos la medida en la rentabilidad de aquélla, no existen ciertamente medios satisfactorios que puedan aplicarse para la investigación fundamental y por ello hay que proyectar ésta un poco a fondo perdido, de tal manera que el error que pueda cometerse sea siempre por exceso y no por defecto.

En el caso español—dijo a continuación el ministro de Educación Nacional—una buena política obliga a que nuestros institutos se preocupen, sin merma de sus programas de trabajo, de esforzarse en resolver problemas, aunque sean pequeños, que la industria pueda proponerles. En los científicos de estos institutos debe existir siempre la mejor disposición para todo orden de requerimientos que puedan recibir, dentro de su competencia, aun a costa de interrumpir o retrasar en algún caso el tema de trabajo por el que están particularmente interesados en el plan particular de la investigación que se lleva a cabo. Vivimos un momento de transición en el que nuestros investigadores formados en ciencia pura no pueden seguir exclusivamente esta dirección, porque carecemos de posibilidades para1 montar equipos diferentes y, por otra parte, tampoco la escasa demanda justificaría la diversificación.

INVESTIGACIÓN PRIVADA

Se ocupa después de la investigación privada, y dice que en España, una estimación que no puede, basarse sobre datos estadísticos rigurosos porque no ha sido posible obtenerlos con las encuestas realizadas, permite asegurar que la investigación en la propia empresa industrial no llega a alcanzar el 15 por 100 de toda la investigación española, correspondiendo una buena parte a la investigación químico, farmacéutica. Esto, en principio, no puede extrañar demasiado Nos faltaba tradición científica e industrial, y todo lo que se ha hecho de algún volumen, en este último orden se consiguió con patentes extranjeras. Hoy se impone ya estimular el fomento de la investigación en la industria como un punto clave en la política científica del país.

Después de amplias consideraciones acerca de este tema, el ministro considera que las asociaciones de investigación que se creen pueden en cualquier caso proyectar sus programas de trabajo, contratándolos con cualquiera de los centros oficiales existentes, pero pueden crear también los propios órganos de investigación y relacionarlos lo más posible con los órganos de producción respectivos. Ya funcionen como centros propios o utilicen los institutos oficiales, las asociaciones de investigación deben proceder como una gran empresa unitaria, en" la que los investigadores puedan acercarse con holgura y familiaridad a los técnicos de la producción, y éstos, a su vez, a aquéllos, en un fluido intercambio de sugerencias y observaciones, como interesados en un objetivo común.

El señor Lora Tamayo, al finalizar su interesante conferencia dice:

«Pocas palabras más para dejar sentado que disponemos de las estructuras necesarias para llevar adelante una política científica. Ya a lo largo de lo expuesto ha habido ocasión de destacar nuestra actuación en distintos aspectos de aquélla; pero es bueno resumir una indispensable graduación orgánica.

Por un reciente Decreto de la Presidencia del Gobierno se ha creado la Comisión ministerial delegada de Política Científica, que ha de formular y dar continuidad a la política científica de la nación, coordinando a este fin las actividades los departamentos ministeriales. Se eleva ya a nivel de Gobierno la vida científica del país, que ha de quedar dirigída por él, como una parte de la política general, asistido en su trabajo por un segundo órgano, la Comisión asesora de investigación, últimamente renovada para darle un contenido más científico y menos administrativo. De esta forma, que sigue el patrón belga y el francés, se aproxima la Ciencia al Poder en un acercamiento positivamente esperanzador para nuestro futuro desenvolvimiento.

Los institutos Oficiales de investigación, los laboratorios universitarios y los departamentos o institutos que los integren, los que con carácter regional, como éste que nos congrega hoy, empiezan felizmente a florecer, son en este orden estructural, los órganos que han de llenar de contenido nuestra realidad científica y técnica. Pero de nada valdría esta organización si nos faltara el hombre, sujeto irreemplazable en todo mecanismo. Y en esta sí que podemos descansar toda nuestra inquieta preocupación

VALOR DE NUESTRA JUVENTUD INVESTIGADORA

Los frutos que la investigación española ha producido hasta aquí y la valoración que alcanza nuestra juventud investigadora, que define ya nuevas figuras con representación a título personal en simposios y reuniones internacionales, son una garantía para el futuro. De un modo explícito se proclama en el informe del embajador Wilgress, como jefe de una misión de la O. C. D. E.: "Se deduce de lo presente —dice— que España dispone de una excelente organización para emprender investigaciones y hacer conocer sus resultados en la industria" y en el proyecto general sobre "Organización de la investigación científica en los países de la O. C. D. E." se escribe: "Como ya se ha expresado en algunos pasajes, España ha dedicado siempre especial atencion al personal investigador. Mediante estancias de sus hombres de ciencia en el extranjero, entre otras medidas, ha conseguido un plantel de investigadores calificados. Consecuencia de ello son, por una parte, los trabajos que el extranjero encarga a España, por otra parte, el peligro de que investigadores españoles sean reclutados por aquél".

Esperemos confiadamente, en los frutos de una política científica que se desarrolla con solidez de estructura en su orgánica y con superior calidad humana en su ejecución.—(Cifra.)

 

< Volver