Sí al desarrollo     
 
 ABC.    21/04/1964.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

SI AL DESARROLLO

"El proceso de reconstrucción y desarrollo operado en la economía española durante los dos últimos decenios ha llegado a un grado de madurez que aconseja formular un Plan general..." Esta afirmación inicial del texto del Plan de Desarrollo Económico y Social, emprendido en 1964 para rendir su prevista singladura al término de 1967, matiza con evidente acierto dos significativas realidades. Por un lado, el esfuerzo por transformar nuestra economía y la lucha por mejorar las condiciones de vida del pueblo español se plantearon desde el primer día de los veinticinco años de paz, hoy superados felizmente. Por otro, los positivos resultados de la difícil actividad desplegada no podían proseguir, con la debida eficacia y la adecuada economicidad, sin una ordenación general que sistematizara el impulso creador y aprovechara al máximo los recursos disponibles. Corno el gerente, comprometido simultáneamente en multitud de acuciantes cometidos, precisa planear su actividad y distribuir su tiempo, la economía española requería, para crecer equilibradamente, una gran agenda de bolsillo, un Plan general de desarrollo.

Los planes, sin embargo, carecen por sí de virtualidad ejecutiva. Sin el contraste de su viva aplicación son frías formulaciones, mero cubileteo de objetivos cualitativos, difíciles de asimilar e incapaces de brindar esa ilusión que necesitan siempre las grandes empresas. La utilidad de todo plan reside en su viabilidad y más aún, tal vez, en la credibilidad del mismo, en la confianza que despierta, en la animosa actividad que provoca. Por eso un plan ha de tener siempre cuerpo y alma.

Ahora, toda la terminología de la estrategia económica, con sus polos de promoción y sus polos de desarrollo, ha cobrado contenido y se ha concretado en unas realidades que son punto de partida para un razonable optimismo, que abren un legítimo crédito a nuestro Plan.

Las cifras facilitadas por el señor López Rodó son importantes y alentadoras. Importantes porque 97.000 millones de pesetas en nuevas inversiones y 79.000 nuevos puestos de trabajo, en poco más de dos meses, representan un ritmo plenamente satisfactorio susceptible de asegurar el cumplimiento de los ambiciosos objetivos señalados. Alentadoras porque significan que la iniciativa privada ha dicho sí, que ha hecho suyo el esfuerzo del desarrollo y que ha respondido al clarín de unos estímulos con la decisión de su presencia.

Efectivamente, en siete puntos de la geografía española, Burgos y Huelva —como polos de promoción—, y Corana, Sevilla, Valladolid, Vigo y Zaragoza—como polos de desarrollo—, los capitales privados han acudido con sus proyectos de inversión para movilizar recursos potenciales e impulsar con sentido empresarial la tarea de nuestro desarrollo económico. Una actividad que, desde luego, no ha de quedar localizada en los siempre estrechos límites de sus núcleos iniciales, sino que se extenderá en ondas concéntricas y expansivas, para multiplicar el progreso sin soluciones de continuidad, y llevar el necesario desarrollo, en incesantes y sucesivas oleadas, hasta el último rincón de nuestra economía.

Es evidente que la iniciativa privada, los capitales locales y los inversores extranjeros han dicho sí. Es evidente también que su voluntad creadora y su confianza en el porvenir son los dos factores básicos modeladores de la nueva coyuntura. Una coyuntura que no puede desperdiciarse, una oportunidad fabricada conscientemente y vitalizada por los esfuerzos y sacrificios de veinticinco años. Sin duda, también en nuestro plan de desarrollo ha empezado a amanecer.

 

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