Autor: Maverick, Ángel. 
   Consideraciones para el III Plan de Desarrollo     
 
 Madrid.    07/02/1969.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Consideraciones para el III Plan de Desarrollo

Por

Ángel

Maverick

El I Plan de Desarrollo concluía con el año 1967. Teóricamente, por tanto, llevamos ya más de un año de vigencia del II Plan, a pesar de lo cual el Plan se encuentra todavía en la fase de tramitar su edición definitiva. Con el fin de que en el futuro no vuelva a repetirse esta extraña anomalía, vale la pena de que nos vayamos planteando ya algunos de los problemas y supuestos que permitan una concepción más racional del III Plan. Este comenzará a contar a partir del 1 de enero de 1972 y la fecha no se halla tan lejana como para que resulte ocioso pensar lo que habrá de tener planeado para entonces. Téngase en cuenta, por ejemplo, que desde hace ya algún tiempo se viene trabajando en lo que van a ser las perspectivas globales del VI Plan quinquenal francés que comenzará en 1970.

En esencia, de lo que se trata es de ir dibujando por adelantado lo que va a ser la España de 1975, es decir, evaluar cuál va a ser la situación socioeconómica de nuestro país en los próximos años con el fin de enfrentarnos a la variada problemática que nos va a traer el último cuarto del siglo XX.

Frente al resto de los países.

En esa fecha clave estaremos situados ante el resto de un mundo en franco progreso: habrá posiblemente una nueva era Kennedy en Estados Unidos, Japón será la tercera potencia mundial y junto a la Nueva Comunidad Europea (no sólo el Mercado Común) se logrará romper el actual monopolio bilateral de Estados Unidos-Unión Soviética. Si para entonces no hemos logrado engancharnos al tronco europeo es de temer que no podamos resistir la difícil carrera del progreso en escala logarítmica a la que se hallarán dispuestos los países más avanzados.

Mirando hacia el futuro económico, España debe aprovechar las dos ventajas naturales más importantes:

1) Su situación de nudo de comunicaciones marítimas y aéreas entre Europa. África y América, y

2) La disposición abundante de dos materias primas básicas en la economía del porvenir: el agua y el sol.

Aprovechamiento de nuestras ventajas

Por la primera ventaja se impone en España la transformación de la Península en una especie de plataforma de enlace o de transbordo para las corrientes de personas o mercancías que circulan de uno a otro continente. Para ello es necesario un sistema de nuevos puertos de gran calado (Canarias, Cádiz, Rías Gallegas, Gijón, Cartagena), una cinta de enlace múltiple entre Bilbao y Tarragona; un nuevo aeropuerto intercontinental en el centro de la Península con accesos rápidos desde Lisboa, Madrid y Sevilla; un buen sistema de transbordo en el estrecho de Gibraltar: la terminación de una red inicial de autopistas desde Irún a Algeciras, desde La Junquera a Lisboa y desde La Corona a Cartagena. Evidentemente, todos estos proyectos no podrán estar terminados antes de 1975.

La segunda ventaja, el que seamos un país marítimo y soleado, supondrá el aprovechamiento del agua del mar para el riego (suponiendo que se abarate grandemente el precio de la energía nuclear) y con ello la multiplicación de la productividad agraria en las regiones más cálidas. Serán éstas un gigantesco invernadero natural que permitirá exportar grandes cantidades de flores y productos hortícolas a una ávida Europa. La costa mediterránea, Andalucía y Canarias pueden llegar a convertirse en la California europea. El turismo se hará en esas zonas más estable (el atractivo será el clima y la cercanía más que los precios) y se incrementará notablemente la densidad de población. En este caso la perspectiva de cambio no se prevé más que para las últimas décadas del siglo.

En el año 1975 la estructura española habrá liberado una gran cantidad de energías humanas, tradicionalmente dedicadas a la producción primaria, que podrán concentrarse entonces en la producción de bienes industriales y de servicios. Por ejemplo, sólo entonces se podrá hablar con pleno sentido de una "educación de masas": uno de cada cuatro españoles pertenecerá a la población estudiantil y el "reciclaje" (la formación profesional de adultos que vuelven a tomar contacto con la vieja carrera) tenderá a ser normal en la mayoría de las actividades profesionales.

Tal y como van las cosas, se impondrá en el III Plan una decisión urgente de orientar el bienestar desde el consumo familiar hacia el equipamiento colectivo. Es decir, se gravará impositivamente el televisor ó el automóvil con el fin de que sean más fácilmente asequibles los transportes públicos, los hospitales, las escuelas, centros culturales, guarderías, residencias de ancianos, etc era. De no hacerlo así, asistiremos a un desfase notable y peligroso entre un alto nivel de consumo privado y una deficiente infraestructura de servicios.

Un mundo para el hombre

En esta decisión late una idea básica, un valor que es el que realmente debe cambiar. En el I Plan se partía realmente del hombre como productor. En el II Plan predomina ya la idea del hombre como consumidor. En el III Plan imagino que se impondrá la idea del hombre como organizador de un espacio, dominador de un medio, señor de un paisaje. Se trata por supuesto no sólo de un medio o un paisaje físicos, sino previamente humanizados (buitt environment). En ese medio el hombre se traza un programa que significa algo más que confort hogareño: es el creador de un cadre de vie, en el que la satisfacción de necesidades colectivas cobra preeminencia.

De lo anterior se deduce que la planificación tendrá que hacerse sobre la medida de lo regional y que determinadas decisiones básicas a nivel del país entero habrá de encuadrarse en un plan de actividades a nivel de toda Europa. Así, por ejemplo, es posible que en España se fabriquen más barcos o más teléfonos, pero a costa de no intentar fabricar aviones o de importar fibras artificiales. Sólo así podrá mantenerse una dimensión empresarial que necesariamente habrá de superar con creces la actual (especialmente en las industrias básicas).

 

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