Autor: Barra, Alfonso. 
 La más grave de su historia. 
 Crisis ideológica y política en el Partido Comunista Español  :   
 Dos grupos (uno encabezado por La Pasionaria y Santiago Carrillo y otro por Líster) luchan por la jefatura. 
 ABC.    14/01/1972.  Página: 13-15. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

MADRID, VIERNES 14 DE ENERO DE 1972 NUM. 20.532 CINCO PESETAS

A BC

LA MAS GRAVE DE SU HISTORIA

CRISIS IDEOLÓGICA Y POLÍTICA EN EL PARTIDO COMUNISTA ESPAÑOL

Dos grupos (uno encabezado por "La Pasionaria" y Santiago Carrillo y otro por Líster) luchan por la

jefatura

EL PRIMERO REPRESENTA LA TENDENCIA REVISIONISTA, Y EL SEGUNDO, LA

INCONDICIONAL LEALTAD AL KREMLIN

Moscú quiere deshacerse de los "independentistas" y acuñar un grupo totalmente dócil

LONDRES 13. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal.) A la vista del mensaje de Fernando Claudín,

combatiente en nuestra guerra y activo miembro del partido comunista, no podemos ocultar el pesimismo

sobre los actuales dirigentes del comunismo español. La crisis ideológica y política dentro de esa

organización no tiene paralelo en la Historia.

El partido, con sede central en Moscú, se distinguió por sus críticas contra la intervención militar en

Checoslovaquia. Esa actitud ha abierto un período de guerra fría entre el llamado partido español y el

comunismo soviético. La crisis es la más grave desde la lucha interna planteada el año 1931, que fue

resuelta con la eliminación del grupo capitaneado por José Bullejos, enemigo de una subordinación

incondicional a Moscú.

Actualmente se lucha, sin cuartel, entre dos grupos que aspiran a recoger el cetro del marxismo-leninismo

español.

En uno de los mandos militan Santiago Carrillo y "La Pasionaria", que acaba de cumplir los setenta y

cinco años. Enfrente han hecho causa común: Líster, combatiente de la guerra española, general de las

Fuerzas Armadas soviéticas y miembro del Comité Central desde 1947; Eduardo García, que ha sido

durante diez años el encargado de la organización del partido, y Agustín Gómez, que forma parte del

Comité Central y es figura principal del llamado partido comunista vasco.

Esta última facción, con Líster a la cabeza, ha levantado la bandera de la lealtad incondicional al Kremlin.

Acusan a los carrillistas de actividades antisoviéticas, de nacionalismo, de revisionismo, de

evolucionismo y de métodos dictatoriales. El grupo de Líster cuenta, lógicamente, con la ayuda pública y

secreta de las autoridades rusas, pero no ha logrado, hasta ahora, su objetivo capital: dar el pasaporte a

Carrillo, para apoderarse de la dirección del partido.

La reyerta empezó el año 1968, al criticar la política soviética en Checoslovaquia. Hasta entonces la

mayor gloria del partido español había sido su callada obediencia al Kremlin. Cuando se inició el

encontronazo entre las escuelas interpretativas del marxismo-leninismo fieles a Moscú y Pekín, aquéllos

dirigentes españoles denunciaron apasionadamente la revolución cultural. Repetían que el propósito de

Pekín era provocar la guerra entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Nunca se había dudado de la

lealtad del comunismo español.

Carrillo acogió con entusiasmo el ascenso de Kruschef al firmamento del Kremlin, y cuando a éste le

plantaron en la calle, "el pensador" español se quedó en situación bastante desairada. Sus "escritos

filosóficos" del período 196567 son ejemplo de desgana política. En ese año, el Kremlin propugnaba una

sonora guantada revisionista al comunismo hispánico al publicar en "Izvestia" un artículo firmado por

Ardetovski, de 1a agencia oficial noruega Ovosti sobre la situación española.

Se acusaba a Carrillo de adoptar actitudes reaccionarias para conquistar el poder en nuestro país. Siete

meses más tarde, los carros de combate entraban en Praga.

EL FRENTE POPULAR DE CARRILLO

Para Carrillo y su grupo, esas demostraciones de fuerza equivalían a una verdadera puntilla ideológica. El

comunismo español con sede en Moscú proclamaba que su propósito era conquistar toda la gama de las

libertades políticas por la vía pacífica.

Para ganar simpatías en España, los carrillistas hablaban de formar una amplia alianza de "trabajadores e

intelectuales", con la golosina de una independencia completa ante Moscú y del fomento de todas las

libertades.

Esa versión de la coexistencia pacífica provocó pronto recelos entre los veteranos del partido, por

considerar la táctica de Carrillo como un ejemplo de "oportunismo reformista".

Cuando se produjeron los sucesos de mayo en París, Carrillo los calificó como "una huelga general".

Desde 1949 recomienda y pronostica una huelga general en. España, y por eso interpretó aque11os

acontecimientos como una demostración de la exactitud de sus planteamientos teóricos.

Los adversarios, sin embargo, le atacaron porque consideraban incompatible los métodos pacíficos

recetados por Carrillo y la violencia de los acontecimientos de París.

Checoslovaquia, sin embargo, destruiría todo el edificio ideológico de Carrillo. Los espíritus liberales y

democráticos, tan cultivados por el comunismo español, comprobarían de nuevo que el socialismo

marxista no va del brazo de la libertad. Sus desvelos para levantar un Frente Popular con el sabor de los

años treinta habían sido malogrados.

Carrillo debía de condenar ásperamente la política del Kremlin, que sirve a los intereses rusos antes que a

la causa de la revolución internacional.

Guando se produjo la invasión de Checoslovaquia, "La Pasionaria" y Carrillo estaban en Moscú. El 22 de

agosto se reunieron con Suslov y otros dirigentes soviéticos. Hablaron de las consecuencias catastróficas

que esa operación tendría en la campaña para conseguir colaboradores en España. Suslov se dedicó a

repetir el editorial de "Pravda" para justificar la invasión. Su mensaje final fue tajante: El partido

comunista español es una organización de escasa importancia para que sus intereses prevalezcan sobre los

del Estado soviético.

El recurso de la anciana dirigente del comunismo español y de Carrillo fue enviar cuartillas de espíritu

batallador a determinada emisora de radio que dedica programas de alta fantasía política a los oyentes de

habla española.

(PASA A LA 1.ª COLUMNA DE LA PAGINA 15.)

(VIENE DE LA PÁGINA 13.)

Su estribillo era asegurar que el día hipotético del triunfo del comunismo, el país no sería un siervo de la

Unión Soviética.

SANCIÓN DEL COMUNISMO SOVIÉTICO

Moscú no ha seguido el consejo bíblico de adelantar la otra mejilla. Según escribe el teórico del

marxismo Roger Garaudy, "para castigar al partido comunista español por sus gestos de independencia,

los dirigentes soviéticos no dudaron en modificar su actitud ante las autoridades españolas".

De hecho se pretende acelerar la política del Kremlin, que desea ir normalizando las relaciones con el

régimen español.

Los carrillistas protestan, pero sus lamentaciones tienen el mismo efecto que sus maniobras para

interrumpir ciertos intercambios de España con los países socialistas.

La facción pro rusa no tardó mucho en movilizarse para dar la batalla, hasta ahora sin éxito, con el fin de

apoderarse de la jefatura del partido.

La convocatoria del VIII Congreso ha sido una operación destinada a formar el partido "auténtico" libre

de las influencias de Carrillo y de "La Pasionaria". Un partido hecho a la medida, para servir dócilmente,

al Kremlin, según la tradición del comunismo español.

Es la hora de consolidar posiciones. El partido soviético ayuda a Líster, sin romper abiertamente con el

grupo capitaneado por Carrillo. Este ultimo ha pronosticado que no aceptará ese juego doble. Prevalece la

opinión de que Moscú se prepara para ajustar las cuentas en el momento oportuno y legitimar al partido

prefabricado por Líster y sus amigos.

La publicación "New Left Review", en su último número, concluye el estudio de la lucha dentro del

comunismo español con este comentario:

"La última década demuestra que ese movimiento comunista sufre una crisis de degeneración y

ancianidad. El conflicto entre el partido comunista soviético y otros partidos no es tan espectacular como

la lucha interna dentro de alguna de esas organizaciones políticas, que amenazan con transformarse en

una dolencia crónica."

Según la conclusión del comunista Fernando Claudín, los dirigentes rusos emplearán todos los recursos

disponibles para "normalizar" los partidos víctimas del virus antisoviético. Afirma textualmente: "En cada

caso se emplean tácticas diferentes. Pero el objetivo es idéntico: expulsar a los dirigentes hostiles, y si ese

remedio no es posible, dividir el partido y crear uno nuevo.

El Kremlin no puede obrar de otro modo, porque hoy, como ayer, necesita el apoyo incondicional de los

partidos comunistas extranjeros, para perseguir los fines de la política interior y exterior de la Unión

Soviética."

Pronto puede darse el espectáculo de dos partidos comunistas españoles, uno auténtico y el otro espurio o

bastardo, que predican la misma unidad revolucionaria marxista leninista.— Alfonso BARRA.

 

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