Castiella en la TV. Alemana. 
 "Jamás España ha hecho la menor gestión para solicitar el ingreso en la O. T. A. N."  :   
 "El actual panorama comercial Hispano-Alemán no es muy halagüeño". "Han mejorado nuestras relaciones con Lonrdres, París y Bruselas". "No iniciamos una nueva política europea: continuamos la de siempre". 
 ABC.    10/11/1959.  Página: 31-35. Páginas: 4. Párrafos: 62. 

«JAMAS ESPAÑA HA HECHO LA MENOR GESTIÓN PARA SOLICITAR EL INGRESO EN EL 0. T. A. N »

"EL ACTUAL PANORAMA COMERCIAL HISPANO-ALEMAN NO ES MUY HALAGÜEÑO"

"HAN MEJORADO NUESTRAS RELACIONES CON LONDRES, PARÍS Y BRUSELAS"

>NO INICIAMOS AHORA UNA NUEVA POLÍTICA EUROPEA: CONTINUAMOS LA DE SIEMPRE

ESCASA TENDENCIA DE LOS ESPAÑOLES A PERDER SU NACIONALIDAD

El ministro de Asuntos Exteriores, D. Fernando María Castiella, ha hecho unas declaraciones al Sr. Heinz Barth, de la televisión alemana. Tales declaraciones, difundidas ayer por la emisora de Hamburgo con ocasión dej viaje del-Sr. Castiella a Alemania, fueron dirigidas al público germano a través de cuatro millones de televisores, además de todos aquellos que, desde los vecinos países europeos, captan normalmente las emisiones de Hamburgo.

El Sr. Heinz Barth dirigió un saludo al ministro español deseándole que su visita oficial a Alemania constituyera un motivo más de acercamiento entre´los dos países. Inmediatamente después comenzó la entrevista, que reproducimos:

LAS RELACIONES HISPANOALEMANAS

—V, E. ¡legará en los próximos días a Bonn Para una visita oficial al Gobierno Federal. Es la primera visita de un ministro de Asuntos Exteriores de España a la República Federal. La fecha es memorable en la ya antigua historia de una amistad secular que une a los dos pueblos. Par lo tanto querría preguntarle, en primer lugar: ¿Cómo ve V. E. el "momento actual de las relaciones hispano-alemanas" y stt evolución desde la última guerra´mundial?

—Las circunstancias generales creadas por la ultima guerra mundial y la situación especial en que quedaron nuestros dos pueblos al final de la contienda han influido, inevitablemente, sobre las relaciones hispano-alemanas.

Ambos países han debido entregarse primeramente a una tarea de reconstrucción nacional. Alemania, desde los difíciles días de 1945 hasta !a próspera situación de hoy, ha recorrido un arduo camino. España ha tenido que restaurarse enteramente después dé la cruel guerra civil que sufrió, de los problemas que se le plantearon durante la guerra mundial y del duro bloqueo diplomático a que fue sometida al terminar esta.

Pero, superadas en gran parte las dificultades que hemos atravesado unos y otros, España vuelve a encontrar en las viejas amistades como la alemana el recíproco apoyo y el fértil entendimiento que tantos frutos ha dado en el pasado y que en la hora actual de integración europea constituyen una verdadera necesidad colectiva.

Por eso, una de mis primeras preocupaciones ai encargarme del Ministerio de Asuntos Exteriores fue la de apartar todos los obstáculos que pudieran entorpecer las relaciones entre nuestros dos pueblos. En esta sentido estimo que es trascendental la fecha del 8 de abril de 1958 dada la importancia de los Convenios hispano-alemanes suscritos aquel día en Madrid. Como tixJa obra humana, quiza no sean perfectos, pero tenían el inestimable valor—que ambos negociadores reconocimos—de poner término a toda una serie de enojosas consecuencias de la guerra mundial y de abrir una nueva etapa de leal entendimiento mutuo.

Al lado de este acontecimiento decisivo, una serie de Convenios, -como los cíe orden cultural, comercial, de asistencia técnica y de seguridad social, ha jalonado de hitos verdaderamente importantes el camino de una efectiva colaboración híspano-alemana.

Para mi es un honor ser el primer ministro español de Asuntos. Exteriores que visita Alemania en viaje oficial. Ahora bien, otros de mis colegas habían abierto ya el camino. Quiero citar al Sr. Cavestany, que fue ministro de Agricultura y cuya muerte prematura todos lamentamos; a mis actuales colegas de Gobierno, el ministro señor Solís y el ministro de Comercio, señor Ullastres, todos los cuales han contribuido muy eficazmente al buen entendimiento entre ambos países

Estas Visitas españolas han tenido la grata contrapartida de los diferentes viajes realizados, aún hace poco, por los ministros del Gobierno federal señores Von Brentano, Strauss, Von Merkatz y Lübke, este último elevado hoy portel pueblo alemán a la Presidencia de la República Federal, Tq´dos estos encuentros han enriquecido con el valor indudable de los contactos psrs,onales una trama de relaciones amistosas que debemos hacer cada día más apretada.

ESPAÑA Y LA REUNIFICACION DE ALEMANIA

—Quisas no es del todo superfino recordar que H Jefe del Estado, en fecha muy temprana, prevenía a las potencias occidentales ante el peligro de entregar gran parte de la Europa central al poder soviético. La actitud clara y decidida de "España ante el problema, de la reunificación alemana" es bien conocida. Sería de mucho interés para la opinión pública -de Alemania oír de V. E. cuál es el punto d vista del Gobierno español ante este problema,

—En efecto, Su Excelencia el Jefe del Estado español, ya el 8 de octubre de 1944 advertía lealmente a Jas potencias occidentales que en la inmediata posguerra, tra_s el intento de «destruir Alemania y la consiguiente consolidación de las posiciones rusas en Europa, >!ésta padecería la más grave y peligrosa de las crisis". En este mismo escoto, hace ya quince años, el Generalísimo Franco proponía "arrojar por la borda viejos prejuicios y estrechar la solidaridad continental". Bueno es recordarlo en esta hora de europeísmo.

Estas advertencias y consejos nacían de la clara visión del peligro comunista, hoy tan vivo como ayer, y ante el que hay que adoptar una política común de largo alcance, sin confiarse en aparentes y mínimas concesiones y sin desalentarse ante la tenacidad del adversario, aceptando el diálogo cuando sea preciso, huyendo del inmovilismo y no olvidando el objetivo final de una paz justa y duradera.

Por ello nuestra conocida posición ante el tema de la retmificación alemana no tiene sólo una raíz de amistad, sino que es" consecuencia de nuestra concepción de la situación internacional, pues sabernos muy bien que el problema de la´ reunificación está ligado a la seguridad de la frontera oriental de Europa.

Pesde 1956. en que mi amigo el Sí. Martín Artajo, antiguo ministro de Asuntos Exteriores, asi lo proclamó en las Naciones Unidas, hasta el discurso de nuestro delegado,- Sr. Lequerica, el 6 de octubre pasado, España no .ha dejado de sostener- en todas y cada una de las Asambleas de la Organización la necesidad de reunificar Alemania. Y desde 1949 el Jefe del Estado español ha comentado públicamente diez veces el trascendental problema alemán, pues tomo él proclamó en 1954,. "Alemania es el país clave para la paz de Europa".

ESPAÑA ANTE EL MERCADO COMÚN

—Señor ministro. España, desde hace algunos meses, es miembro de la, O. E. C. E. Seis Estados miembros de esta organizadon están reunidos en el Mercado Común. Hay además otras organizaciones con el /«» de promover la integración europea. ¿P.odría´ V. E. precisar ciiál es la "política de España frente a esas instituciones supranacionales" y frente a la tendencia de integración europea en general?

—España, ante el Mercado Común y demás formas de integración económica europea, expresa su plena confianza en que, con .una u otra fórmula, esta cooperación ha de contribuir a resolver el gran problema político planteado ~s. nuestra generación, que es el de reconstruir Europa para que ocupe el lugar que le corresponde en el mundo de .hoy.

Por eso la posición española con relación a esas instituciones es la de una -adhesión de principio, esperando que posibles rivalidades y escisiones no comprometan precisamente esta unidad europea que vamos buscando.

En cambio, frente a ana organización como la C. E. C. E., que engloba a todos los países europeos, la actitud del Gobierno español es de una inequívoca y plena incorporación, en la seguridad de que en este marco pueden hacerse cada vez más activas las relaciones económicas entre todos los países del continente.

Permítaseme citar tan sólo unas cifras a propósito de nuestro intercambio comercial con los dos grandes grupos que forman parte de la O. C. E. Por ejemplo, en 1958 nuestras exportaciones a los países del Mercado Común fueron el 31 por 100, y a los de ¡a Zona del Libre Comercio, el 27 por loo del total de las realizadas.

A la luz de estas consideraciones, y teniendo en cuenta que España se halla en. pleno desarrolló de su Plan de Estabilización, podrá comprenderse el que, por el momento, nos limitemos a observar y estudiar con detenimiento la trayectoria y evolución de estos dos grandes grupos económicos que ahora existen en Europa.

PERSPECTIVAS DEL PLAN DE ESTABILIZACIÓN

-En los meses pasados fue iniciada fot el Gobierno español una "política de estabilización y de liberalisación económica", juzgada por muchos observadores como el hecho más importante de la política de España desde la guerra civil. ¿Quiere V. E. exponer las perspectivas de esta política

—Nuestro actual programa económico es un paso más en el esfuerzo .emprendido para el desarrollo de la economía española desde la guerra civil. Hasta ahora España había tenido que valerse, en una primera fase de recuperación, de los medios que tuvo a su alcance, creando los estímulos financieros internos que estimó convenientes, para el pleno empleo de , todos los recursos disponibles, conjugándolo con la implantación de una seguridad social inexcusable.

Hoy, a los tres meses y medio de iniciación del Plan, puede decirse que ha terminado prácticamente la primera fase de Ja estabilización, en la que han operado principalmente los factores negativos a contractivos, como las restricciones de créditos, complementándose así una serié´ de´ medidas antiinflacionistas que el Gobierno había adoptado-anteriormente. Comienzan a operar ahora los, factores estimulantes o positivos dd Pian como \z libecalizaci&i f^lTTp´S e interna y la globalización de nuestro antiguo comercio bilateral, junto a los, cuales la esperada reglamentación de las inversiones de capital extranjero ejercerá sin duda una beneficiosa? influencia.

Así, la inflación se ha detenido y los precios se han estabilizado en general. El índice del coste de vida, que antes se movía en una línea continuamente_ ascendente, permanece casi invariable e incluso desciende ligeramente. Nuestra balanza de pagos ha arrojado en agosto y septiembre—el periodo normalmente más desfavorable de nuestra economía—un saldo positivo de veintisiete millones de dólares.

Las perspectivas que presenta el Plan de Estabilización son las de un incremento del ahorro y un aumento de las inversiones extranjeras, lo ^ que dará una base sana al desarrollo económico del país, permitirá una progresiva liberalización de nuestro comercio y, en general, producirá un mayor ritmo en la actividad económica, con el consiguiente aumento del nivel de vida de todos ¡os españoles.

INCREMENTO POSIBLE DE LA COLABORACIÓN ECONÓMICA

—Es opinión general que en el momento actualnel aspecto económico es el más importante en el cuadro de las relaciones hispano-alemanas. Supongo que estas .cuestiones serán tratadas en el curso* de su próxima visita a Bonn. En la opinión >¿>? vuestra excelencia, de qué manera podrían los dos países contribuir para mejorar aún su ya tradicional colaboración en este campo?

—-Quiero empezar recordándole que fue precisamente a usted a quien manifestó Su Excelencia el Jefe del Estado, en unas declaraciones hechas en marzo de 1950, que "la capacidad de consumo del pueblo español ha aumentado considerablemente con el resurgir de nuestra Patria y la elevación del "nivel de vida de grandes sectores de la nación", sacando expresamente la consecuencia de que por ello, debían aumentar "las cifras de nuestra balanza comercial con Alemania".

Planteó usted entonces al Generalísimo Franco la cuestión de si "las economías alemana y española seguirán complementándose a pesar de los planes de industrialización de España". Aquél le respondió, en forma concluyente, que "los planes de la industrialización de España son relativamente modestos; no persiguen el producir lo que nosotros podemos obtener por intercambios, sino aquellos otros artículos que no tienen en nuestra balanza posible compensación. No perseguimos ninguna autarquía, que sería innecesaria, dado el carácter general de las conflagraciones modernas. El crecimiento progresivo de nuestra población y el aumento considerable de su nivel de vida tienen para nosotros exigencias que no podríamos satisfacer con las importaciones de antaño. Este aumento de población consume una parte importante de lo que antes se importaba, y tiene mayores necesidades en la cantidad de productos de importación. Se trata del mismo proceso por el que pasan todas las naciones al aumentar su explotación. Necesitan industrializarse para poder vivir".

Estas claras palabras fueron dichas-—peí ñútaseme el señalarlo—nueve años antes dt iniciarse el presente Plan de Estabilización y ya reflejan preocupaciones plenamente actuales, evidenciando, además, una innegable realidad: la naturaleza complementaria de las economías española y alemana, lo que abre un vasto campo de accióa a nuestras relaciones en este orden, desde el aumento del intercambio comercial ^hasta* el" fle las inversiones financieras.

LA t/íopcyó** 4d MCM pluí fT>**>rtfflif español, con núesira incorporación a Ja O. E. C. E., está produciendo y.\ una inteniiiicación de nuestras ralaciones con diversos países europeos, y espero que- así ocurra con Alemania, sin que este nuevo sistema excluya la íorrtia clasica de relación comercial tntre nuestros pueblos.

En este último aspecto el panorama .actual no es muy halagüeño. En !a campaña 1957 58 Alemania adquirió en Esoaña 290.000 toneladas de agries—que es nuestra exportación básica—, disminuyendo en un diez por ciento lo adquirido el año anterior y pese a que podríamos haber vendido el doble. Alemania compra grandes cantidades de vino en el extranjero, pero sólo un siete por ciento es vino español, contra un treinta y tres por ciento que adquiría hace años, y a pesar de oue nuestro vino- en la misma calidad, es más barato que otros.

.Destaco estas cifras para hacer ver cómo una reducción de la venta de productos españoles a Alemania trae ´la consecuencia de una merma de nuestras´ posibilidades de compra cíe productos alemanes, pues si hoy nú es.tro intercambio es de 25O millones de D. M. anuales aproximadamente, podríamos incrementarlo sin- gran esfuerzo hasta sobrepasar los 400 millones.

Espero, sin embargo, que al abrigo de la nuera política económica nplanta-da por el Gobierno español, y en especial a sus recientes disposiciones sobre inversiones extranjeras, se producirá un notable inoremen-to en la.participación de la técnica y capital de las naciones amigas—entre ellas, Alemania—que ha de permitirnos acelerar el desarrollo económico de España.

EUROPA. LA HISPANIDAD Y EL MUNDO ÁRABE

—Señor ministro: en los tres años que V. E. está aproximadamente al frente de la política exterior de España al lado de buenas relaciones con él mundo islámico y sobre todo con los países hispanoamericanos ¡ti surgido una más activa política europea. ¿Cree V. E. que los aspectos extraeuropeos y europeos de la política española son contradictorios o mus bien complementarios?

—No hay contradicción ninguna entre el europeísmo español y las buenas relaciones

que nos unbn con !CH países araucs, ni mucho menos puede haberla porque España partí jipe de esa gran comunidad fraterna! en que se integran doscientos millones de iberoamericanos.

Hispanoamérica es hoy, por la obra histórica de España, una,Europa tra;oceánica que, pese a sus problemas, constituye la más segura retaguardia de Occidente y ofrece en lo económico un futuro incalculable. Bien lo saben muchos pueblos europeos, empezando por el alemán, que ha lanzado el talento y el esfuerzo de sus hombres sobre las tierras prometedoras del Nuevo Mundo.

El diálogo entre Europa y la América hispana—al servicio del cual estará siempre y con más razón que nadie España—no puede traer más que beneficios a la prosperidad de todos y a la causa de la paz.

Y en cuanto a los países árabes, creemos que en la época actual los intereses de Occidente no son incompatibles con los de aquellas naciones, pues las grandes transformaciones >Je nuestra época han alterado los factores qu« determinaron la secular rivalidad con el Islam y que hoy han pasado a ser motivo de colaboración y entendimiento.

Queremos cooperar cuanto sea posible con los pueblos árabes, comprendiendo sus aspiraciones legítimas y sus necesidades. Nos clamos cuenta de cómo el no entenderlas puede favorecer la peligrosa presencia soviética en esas regiones, prcse_ncia que hoy se agrava con los intentos chinos de infiltración y que debiera conducir a todos los europeos a prestar su ¿tención al mundo árabe, cumpliendo así una misión en beneficio de la paz y de su propia expansión económica.

ESPAÑA Y EL MUNDO OCC] DENTAL

—Hace pocos días V. E. se ha entrevistado ´con stt colega francés en la frontera pirenaica. Con anterioridad estaba tisted en Londres. A partir del triunfo del general De Gaulle las relaciones con Francia han mejorado considerablemente. En su opinión, señor ministro, el acercamiento de España a las potencias occidentales es tina base para una nueva política, española frente a Europa?

—Ciertamente han mejorado y espero que sigan mejorando nuestras relaciones con Londres y París. Creo obligado decir que esto ha sucedido también con otros países europeos tales como Bélgica.

En cuanto a Francia debo recordar que fueron los antiguos jefes de1 Gobierno Mcndés-France y Pinay los que iniciaron una política realista en relación con España, asentando sobre bases de comprensión mutua la actual y prometedora amistad.

Al pensar en Europa creemos aue es ne-m periódico "O Día", de Rio de Janeiro, publicó él 24 de octubre de este año las cifras de los extranjeros naturalizados en el Brasil. Un español que reside en aquella, capitalj D. Fernando Martín Uceda, nos envía el recorte de la nota, efectivamente significativa, pue las cifras que contiene muestran la escasa, tendencia del español a perder su nacionalidad, cualesquiera que sean las razones para que así ocurra. He aauí, en fin, el texto de lo nota:

"Nada .menos que 3.128 extranjeros se han naturalizado en el Brasil durante 1958. Este número es el más elevado de los dos últimos años, y supera notablemente al de 1957 (2.998 extranjeros nacionalizadas) y al de 1956. (2.992). Los polacos (541) representan el mayor contingente, sejruidos de los portugueses (513). Contingentes menores, pero igualmente muy expresivos, provienen del jrni-po italiano. (247). alemán (227). rumano (216), húngaro (174) y japonés (146). Asimismo, 140 rusos abrazaron en 1958 la nacionalidad brasileña. Los españoles continúan naturalizándose en proporción muy escasa: 94. Actualmente, constituyen la tercera colonia extranjera más numerosa del país."

cesarlo salvar dos escollos graves en el camino de ia unidad europea: el partidismo ideológico y el prejuicio nacionalista. Tenemos, primeramente, que encontrar la raíz cristiana y humanista que es común al tronco -europeo y después superar los enconos nacionalistas, las enemistades hereditarias para exaltar aquello que nos une en una comunidad superior,

La actual amistad franco - alemana es un ejemplo admirable de esta superación que necesitamos.

Alemania y Francia han sabido pasar por encima de viejas rivalidades que se creían insalvables y establecer de una manera casi revolucionaria, verdaderamente esperanzadora, las bases de una relación nueva en cuyo espejo se deben mirar los países europeos. Los hombres que han sabido consumar este hecho trascendental en Ja historia de Europa merecen el respeto y la admiración de todos nosotros.

La paciencia y el espíritu realista con que los franceses y alemanes han abordado el proceso de su entendimiento nos hace recordar que más que las concepciones prematuras o precipitadas, o que los gestos espectaculares, valen los graduales avances de la integración en campos concretos y aparentemente más modestos.

España no inicia ahora una "nueva politica europea", sino que continúa la de siempre, y ve con satisfacción que otros pueblos han superado los malentendidos que nos ´mpedían colaborar más estrechamente.

ESPAÑA Y LA N. A. T. O.

—España en el momento actual no es aún miembro de la N. A. T. O. ¿Podría V. E. precisar el "punto de vista de España respecto al ingreso en esta organización" y cuál se.ría. la contribución que España podría eventualntente aportar a este pacto?

—Una vez más, de un modo rotundo y terminante, permítaseme precisar que jamás España—directa o indirectamente— ha hecho la menor gestión ante ningún Gobierno extranjero en orden >a .´solicitar nuestro ingreso en la N. A. T. O. Así lo dije públicamente en Londres el pasado ines de agosto, y lo repito nuevamente ahora.- Esto no quiere decir, sin embargo, que no sepamos agradecer las voces amigas ´que han pedido nuestra participación activa en la organización, entre las cuales me es muy grato destacar aquí la del canciller Adenauer, figura que indiscutiblemente pasará a la Historia como uno de los artífices máximos de la actual concordia y de la futura unión europea.

Por. supuesto, España ve con la mayor simpatía a la O. T. A. N., en cuanto que ésta significa una garantía de la fortaleza y la libertad del mundo occidental frente- al peligro comunista. La N. A. T. O., en efecto, ha probado ya su eficacia como estructura de defensa de Europa, y el hecho de que las propagandas comunistas dirijan contra ella sus peores invectivas es buena prueba de que sirve indudablemente a los fines propuestos. Pero, aquella simpatía no quiere decir de ningún modo que España pretenda su inclusión en dicho organismo.

La verdad e:> .que nuestra Patria no lo necesita. Si existen un interés o una conveniencia para su participación en la N. A. T. O., ese interés y esa conveniencia serán de orden general y europeo. Y no somos nosotros los llamados a juzgarlo.

Los españoles de hoy son del mismo temple que aquellos otros del siglo pasado que, muy lejos de sus fronteras, riñeron hasta el agotamiento las grandes batallas de Europa. Pero comprenderá usted que hov día los mozos de Castilla, de Aragón, de Navarra y de todas las regiones de España—aunque dispuestos siempre a defenderse — no pueden tener inconveniente alguno en que otro* europeos incluidos en las divisiones de la N. A. T. O. tengan la misión de proteger a gran distancia de nuestros Pirineos las viejas ciudades de España, con sus catedrales, universidades y museos; con sus hogares, sus fábricas y comercios y con todos esos tesoros de arte y de vida que el esfuerzo,de generaciones y generaciones ha ido acumulando sobre el suelo curtido de España.

´Nuestra conciencia, empero, está tranquila desde el momento en que nuestra Patria, al menos para defender su solar, se encuentra prácticamente, por vía indirecta, asociada a la organización de la defensa occidental a través de sus alianzas militares con Portugal y los Estados Unidos, ambos miembros de la N. A. T. O. U poderoso conjunto de bases navales y aéreas —ya terminadas— en suelo español, nos han convertido, desde hace tiempo, en elemento esencial dej dispositivo estratégica de Occidente y periódicos contactos con los dos aliados nos tienen al corriente de las cuestiones de interés común para la defensa de Europa.

BERLÍN Y EL MUNDO LIBRE

—En el curso de su estancia en Alemania vuestra excelencia se propone también una visita a Berlín. Sé de la simpatía que hay en Espaa para esta ciudad. ¿Qué opina vuestra excelencia sobre la "crisis internacional que se ha centrado alrededor del problema de Berlín"?

—Pienso con emoción en la idea de visitar Berlín, que espeso vuelva a ser ttn día la capital de una Alemania libre.

En el problema planteado en tomo a esta ciudad oreo que es el pueblo alemán—todo el pueblo alemán—quien tiene la última palabra. La única limitación que puede ponerse a su voluntad es el supremo interés colectivo de mantener la paz mundial.

Ahora se ha llegado a hablar incluso de hibernación de algunos de estos problemas. Creo personalmente que´ están demasiado vivos en el ánimo de los alemanes, y aun de todos los europeos, para que pueda eliminárseles por completo y para mucho tiempo del primer plano de la atención internacional. Sin embargo, es de alabar y agradecer el profundo realismo político y la amplia visión de los gobernantes alemanes al conceder prioridad absoluta sobre todas las cuestiones al ineludible imperativo de la paz. Sacrificio noble y generoso, que algúj día—que espero no sea lejano—debe tener su premio.

En Berlín se ha puesto de manifiesto la voluntad de resistencia de Occidente, y la crisis suscitada alrededor de la capital tradicional de Alemania ha permítidd clarificar ciertos aspectos de la situación internacional. Esto ha supuesto para Rusia una advertencia y una lección, a saber: Occidente no aceptará ninguna medida unilateral que viole obligaciones jurídicas anteriormente pactadas. Occidente no negociará, bajo una amenaza de ultimátum,ni debe permitir allí, ni en ningún otro sitio, un paso nías del comunismo sobreponiéndose por medios directos o indirectos a la libre voluntad de los pueblos. Nos cabe la satisfacción de comprobar que al haber sido admitidos tácitamente estos principios por los rusos, se abren, ^aun cuando sea a la larga, alguna? posibilidades de llegar un día a resolver este drama europeo y ya, bajo su ejemplo, cualquier otro que pueda plantearse en .-no "importa qué lugar del globo.

LA UNION SOVIÉTICA Y EL DESARME

—Está muy difundida la opinión de que el problema alemán tiene sólo solución, si se encuentra simultáneamente una solución al problema del desarme. Exista a este respecto el Plan ^Rapacki y otras propuestas parfeidas^ ¿Cree´vuestra excelencia, que uní política, de esta índole sería un buen camino para llegar a un-a "distensión entre los dos Maques", y cree, sobre todo, en la posibilidad dg un control de desarmé?

—Es verdad que la paz descansa en un sistema dé seguridad y reconocemos qu* la U. R. S. S. tiene derecho a unas garantías de ese sistema, pero no debemos caer en la paradoia de que >;! comunismo—una fuerza ideológicamente agresiva v con una radical pretensión de dominio universal—exija ga,rantias_ de seguridad mientras, que el mundo occidental—fundado en .el Cristianismo, doctrina de paz y amor entre.los hombrease preste a ofrecerlas, como si él fuese agresor, y sin afirmar la suyas propias. Además, se da el hecho de que el cinturón de seguridad de c,ue se rodea Rusia está formado por unos Estados satélites bajo cuya fuerza viven subyugados pueblos de Europa hacia las que España siente honda simpatía y se solidariza con sus dolores y esperanzas.

Al lado del mantenimiento de este "statu qup" que pretende Rusia con -los países satélites ,cstán, desde siempre, Jos obstinados esfuerzos soviéticos por lograr la desarticulación de la N. A. .T. O- sobre las que descansa la defensa de Europa. Simultáneamente—en esa frontera sur con África que .«s ´´la espalda de Europa", así como en los países del Oriente Medio—utiliza su otra grau arnu, quizá más •peligrosa que la militar: la •infiltración ideológica y la subversión.

Por ello, al enfrentarnos con el tema del desarme, debemos ser realistas. No puede haber más desarme efectivo que el desarme general. Cualquier plan, como el Rapacki u otros, basados en el establecimiento de una zona di vacio militar y que persiga la des-´ aparición de la N. A. T. O., debe verse con. desconfianza, pues no traería más que la supresión de las estructuras defensivas de Europa, que quedaría auténticamente inerme ante el poder militar .más cercano. Pero además, tampoco bastaría con que se IkKára a acordar un desarme general y éste futra efectivo, sino que sería necesario que la Unión Soviética renunciara también ´a cualquier otra forma de agresión, como la infiltración ideológica y la´subversión po-´ lítica a que acabo de aludir.

Si se parte de está base, entonces se abre un cajni.no a la; esperanzan de paz, y en este sentido España ve con.interés las propuestas que formuló el jefe del Gobierno soviético ante la Asamblea de las Naciones Unidas. Si hay mi fundamento de realisaio y de sinceridad, cualquier propuesta de paz puede mostrarnos un ¡horizonte de confianza.

La par es el supremo bien de la humanidad. A ella España siempre ha dedicado y dedicará sus mejores esfuerzos. Columbramos Ja llegada de. unos años de paz para Europa porque creemos que los deseos, pacíficos sou más fuertes que los de destrucción. _Nos alegramos de ver a los países europeos en trance de recobrarse définitivartiínfe de sus- males y dentro de una vía de franca prosperidad. España podrá también, contando con unos ¡pocos años de orden y paz genera!, sumarse a ese concierto vigoroso y próspero de las naciones europeas, que strát a su vez, la mejor garantía de la prdn paz universal.

 

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