Visita de Castiella al campo de refugiados de Marienfelde  :   
 Desde 1952 han pasado por él un millón trescientas mil personas huídas de Alemania Oriental. El ministro español y su séquito llegaron ayer por la tarde a Munich. 
 ABC.    14/11/1959.  Página: 49-50. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

VISITA DE CASTIELLA AL CAMPO DE REFUGIADOS DE MARIENFELDE

Desde 1952 han pasado por el un millón trescientas mil personas huidas de Alemania oriental

EL MINISTRO ESPAÑOL Y LOS MIEMBROS DE SU SÉQUITO LLEGARON POR LA TARDE A MUNICH

Berlín 13. El ministro de Refugiados de la Alemania occidental, Theodor Oberlaender,_ ha realizado una visita´ de cortesía al ministro español de Asuntos Exteriores, señor Castiella. Ambos ministros conversaron brevemente sobre el problema de los refugiados. La entrevista se desarrolló poco antes de gue el ministro español saliera del hotel para visitar el centro de recepcióh de refugiados en Marienfelde, dedicado al alojamiento transitorio de los que huyen de la Alemania comunista.

_ En el campo de Marienfelde los funcionarios explicaron al Sr. Castiella que actualmente son 230 personas por término medio las que se pasan diariamente de la Alemania oriental al Berlín Oeste. El 52 por 100 son jóvenes de menos de veinticinco años y el Cío por 100 del total son trabajadores. También se le dijo al ministro que desde febrero de 1952 tm total de 1.300.000 refugiados han pasado por el campo. Por otra parte, desde que comenzaron a hacerse estadísticas, e.a 1948, son más de tres millones los alemanes ^orientales que han cruzado a Occidente.

En el curso de su visita, el Sr. Castiella asistió al interrogatorio de una maestra de-treinta y tres años que ha huido recientemente al Berlín occidental desde la ciudad de Halberstadt, en la Alemania roja. Dijo, entre otras cosas, que había huido porque los comunistas la estaban presionando para que abandonase la religión protestante. Las autoridades habían indicado a los funcionarios gubernamentales que habían de renunciar a su religión y adoptar´ una filosofía materialista. Guandales comunistasMa amenazaron porque se negaba a abandonar la religión, la maestra se decidió a huir Con ella, se había pasado también al Berlín occidental una señora de setenta y dos años, antigua maestra, que vivía en el mismo piso y que ha declarado que lo hizo porque sabía que seria castigada por no haber delatado los planes de huida de varios maestros jóvenes.

El ministro español se mostró profundamente conmovido por las declaraciones de ambas personas y puso de relieve la gran presión ejercida contra la religión en la Alemania ocupada por los comunistas.

También en el cur;o de la mañana el señor Castiella´ visitó el Instituto Ibérico de Berlín y el edificio de la,anticua Embajada española en la capital alemana, que quedó muy dañado a .consecuencia de la guerra.

ALMUERZO OFRECIDO POR LA CÁMARA DE COMERCIO

(Más tarde la Cámara de Comercio ofreció al Sr. Castiella un almuerzo en el que >su presidente pronunció unas palabras de brindis subrayando la satisfacción de los berlineses por ser precisamente tin ministro español quien visitaba PU ciudad, liados los lazos amistosos que siempre han -existido entre ambos países y la; circunstancias excepcionales en que actualmente vive Berlín, que hacen más meritorio y aprecfable el hecho de que el Sr. Castiella haya querido incluir esta visita en su programa de actividades.

El ministro contestó que volvía a España admirado de la obra tle reconstrucción llevad a cabo en las ´difíciles circunstancias que los berlineses atraviesan actualmente y, obre todo, del esfuerzo gigantesco llevado cabo para resurgir de la terrible catástrofe [ue supuso para ellos la última guerra. Seíaló que admiraba igualmente el espíritu de iptfanistno y alegría que la ciudad, pese a odo, seguía teniendo. Dijo también que los apañóles estaban especialmente bien prepaados para comprender la tragedia de la partición de Berlín y de Alemania, pues habían sufrido una guerra civil movida igualmente por los comunistas.

A las tres y media de la tarde el ministro español de Asuntos Exteriores y su séquito salieron de Berlín, siendo despedidos por todas las autoridades locales, presididas por el alcalde accidental de la ciudad.—Efe,

 

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