Los confinados de Franco  :   
 1943, año de históticos documentos causantes de destierro. 
 Ya.    12/12/1976.  Página: 10-11,15. Páginas: 3. Párrafos: 80. 

LOS CONFINADOS DE ESPAÑA

Es un país prodigó en confinamientos. Desde el Cid, al que podríamos considerar

como el primer desterrado, hasta los del estado de excepción de 1969, puede

decirse que ha sido muy raro el régimen que no usó la, pena, del confinamiento.

Carlos I confina a los embajadores de la Liga en Poza de la Sal, en Burgos; los

destierros son asiduos durante el reinado de los Austrias, con la pérdida de la

gracia real, Jovellanos es confinado primeramente en su Asturias natal, para ser

deportado después en Palma de Mallorca. La época absolutista de Fernando VII,

con el famoso proceso a los liberales, es rica en esta suerte de penas. Son

confinados famosos líos catedráticos Francisco Giner de los Rios, Nicolás

Salmerón y Gumersindo de Azcárate. O´Donnell es deportado en el archipiélago

canario. Unamuno sufre destierro en Fuerteventura; Asúa, en Chafarinas;

Albiñana, en Las Hurdes, A raíz de la sublevación del 10 de agosto, numerosos

rebeldes son deportados en Villa Cisneros...

Durante el régimen del general Franco los confinamientos resultan numerosos y

sus motivaciones tienen un gran contenido político, por cuanto los desterrados

obedecen a consignas que, de alguna mañera, marcan aconteceres en la marcha

política del régimen hacia su estructuración y, consolidación. Así, en la

primera década del franquismo marcan acusadamente ~ la orientación personalista

del régimen. Nombres como los de Fal Conde, Manuel Hédilla, Dionisio Ridruejo,

Francisco Herrera Oria... aparecen por los destierros en plena contienda civil o

recién finalizada ésta.

Una estimación de cálculo a la hora de determinar una cifra de confinados

resultaría dubitativa, pero amplia. Catedráticos, políticos que combatieron en

las filas nacionalistas, militares, obreros participantes en la famosa "huelga

de bandas", carlistas, vascos... Todos ellos conocen el destierro en los pueblos

más apartados de nuestra geografía.

La editorial Plana y Janes va a publicar próximamente un apasionante libro

titulado "Los confinados", en el que el relato humano, la documentación inédita

y la historia, vista desde otro prisma, hacen que el mismo sea un testimonio muy

interesante a la hora, de reconstruir ciertos períodos históricos.

YA ha conseguido de dicha editorial el favor de reproducir alguna parte de "Los

confinados", libro del que es autor el periodista Juan Antonio Pérez Mateos.

EL DOCUMENTO DE LOS PROCURADORES Y LA NOBLEZA DESTERRADA

Durante el verano de 1943 un grupo formado por veintisiete procuradores dirige

al general Franco un escrito en el que se le manifiestan las tesis expuestas por

los monárquicos en esos momentos; la urgencia de institucionalizar el régimen

personal; el peligro que late por la evolución de la guerra mundial, en la cual

es necesario mantener una total neutralidad, y la exigencia moral de la unidad

de todos los españoles.

El escrito lo firman, entre otros, el duque de Alba, el de Arión, el conde de

Ibarra, Goicoechea, Ventosa, Yanguas Messía, Manuel Halcón, García Valdecasas,

Dionisio Ridruejo, uno de los confinados más populares Pablo de Cárnica, los

militares Galarza, Ponte, el almirante Moreu, Jaime de Foxá, Juan Manuel Fanjul,

Pedro Gamero del Castillo, Luis Alarcón de la Lastra...

Aunque algunos perdieron sus puestos como consecuencia de la firma, otros, sin

embargo, continuaron en ellos, como, por ejemplo, el duque de Alba, que siguió

siendo embajador en Londres hasta el final de la guerra mundial.

El general Juan Vigón representaba a don Juan en España.

Hay, que señalar en este brevísimo exordio que la alternativa monárquica fue,

sin duda, la que más desasosiego le creó a Franco en los años cuarenta y

principio de la década, de los cincuenta; más, bastante más que la peligrosa

invasión del "maquis".

Las relaciones entre la monarquía y el franquismo fueron, durante esos años, muy

tensas, y de ello da buena prueba las cartas cruzadas entre don Juan de Borbón y

el general Franco.

"A don Juan le representaba el general Juan Vigón —escribe el conde de los Andes

en una carta al autor de este libro—. Su táctica era tratar de convencer a

Franco, por la persuasión, en la restauración, y por pequeñas presiones. Así—

prosigue el conde de los Andes—, apoyó la abdicación de Alfonso XIII y,

tímidamente, el documento de los procuradores. Luego se horrorizó de la reacción

de Franco deportándome en la isla de La Palma. Yo fui a Lausana (Suiza)—sigue

diciendo en su carta—a ver a don Juan, en el mes de enero, con una carta del

general Vigón (ministro del Aire) recomendando a don Juan prudencia y paciencia.

El conde de Barcelona, en vista de los acontecimientos internacionales y que

Alemania perdía la guerra (enero de 1943), cosa que ni Franco ni Vigón creían,

escribió la primera carta a Franco, firme y pidiendo fuese decididamente a la

restauración. La carta, que era enérgica, la traje yo y se la entregué al

general Jordana, ministro de Asuntos Exteriores. Este, al recibirla, me dijo que

inmediatamente se la llevaba a El Pardo.

Franco contestó a don Juan previniéndole contra sus consejeros y amenazándole

con desistir de su candidatura como rey si no se tranquilizaba.

El conde de Barcelona, mientras tanto, aunque Vigón seguía siendo su

representante oficial, nombró un comité de acción clandestina. Lo formaban el ex

ministro González Hontoria, como presidente; Areilza, Valdecasas, Vegas Latapié,

Sainz Rodríguez, Fontanar y yo. A mi me encomendó la organización monárquica en

provincias,-que me estuvo encomendada hasta la disolución del Consejo Privado y

del Secretariado de don Juan, al que pertenecí.

El conde de Ibarro, uno de los procuradores firmantes

El conde de Barcelona lo disolvió al ser nombrado Príncipe de España y sucesor

don Juan Carlos..."

"En los mismos días en que Franco leía esta carta llegó a su final un

enfrentamiento concreto que había tenido sus inicios algún tiempo antes—escribe

Tusell—. En una comida en

Francisco Herrera Oria, desterrado en los primeros años .del franquismo

el Nuevo Club, en la que habían, figurado como comensales, entre otros

personajes importantes de la élite del régimen, el marqués de la Eliseda (actual

conde de los Andes), el de Quintanar, de Villaurrutia, García Valdecasas,

etcétera, Ansaldo había propuesto uno de sus pocos factibles planes: el de que

Kindelán, el más significado de los militares monárquicos, se hiciera con el

mando dé la Capitanía General de Cataluña y facilitara el desembarco de los

aliados en Rosas, a lo que seguiría la proclamación de la Monarquía. Franco o su

Policía se debieron de enterar, porque Ansaldo fue obligado a incorporarse a un

determinado puesto militar. Cuando se negó, pretextando una enfermedad, pero en

realidad porque su presencia en Madrid era necesaria para la conspiración, se le

quiso imponer seis meses de arresto en Cádiz. Entonces, el 10 de marzo, huyó en

avión, acompañado de un amigo, también militar, a Portugal.

La huida debió de irritar considerablemente a las autoridades españolas, que

lograron que permaneciera incomunicado por la Policía portuguesa por tres

semanas, y que si bien no obtuvieron la extradición, al menos consiguieron su

confinamiento en las Azores hasta el final de la guerra mundial. Un tribunal de

honor de Aviación le expulsó del Ejército. También el marqués de Quintanar, que

intentó pasar un mensaje de Ansaldo, fue confinado en España, y por estas fechas

corrieron rumores acerca de que se iba a desposeer a Sainz Rodríguez de su

cátedra,"

TEXTO DEL DOCUMENTO I LOS PROCURA

A raíz de la marcha de Ansa1do es confinado el marqués de Quintanar. El 17 de

junio de 1943 se le entrega a Franco el llamado "documento de los procuradores".

A causa de él es confinado el conde de los Andes.

El documento decía:

Excelentísimo señor: Los que suscriben, procuradores en Cortes, creerían faltar

a un deber que la ley de su creación les impone si en este momento grave de la

vida de España no hicieran llegar a V. E. su pensamiento en orden a, la

organización del régimen político de nuestro país. No utilizan un medio

reglamentario, porque no parece el tema a propósito para ser objeto de una

proposición de ley. Estiman que no puede haber procedimiento más adecuado que el

de elevar a V. E., por conducto del señor presidente de las Cortes Españolas,

esta exposición, en la que expresan su honrado y patriótico convencimiento de

que no es posible realizar eficazmente la labor encomendada a las Cortes sin

resolver el problema esencial de la definición y ordenamiento de tos

instituciones fundamentales del Estado..

Ello seria indispensable en cualquier momento de la historia. Sólo en períodos

transitorios un régimen personal, sin definición institucional precisa, puede

constituir un enlace entre situaciones históricas diversas. Pero tales regímenes

no pueden, sin grave riesgo, prolongarse. Por la inseguridad que determinan en

el

El duque d de los que comento de res. Sin eml mo embaja con sus fat nes, la vida

Es indispens ello ocurra I cuentré en j yente y que finitivo, con dición espaí a

las circuí"! mentó prese dique infrai embates de teñios o ex lución y de ello es

indis; haya concre cido solidan f u n d amení político de E supremo del Sobre

esto V. E. sentad mente el cri constitución España debe régimen sec su unidad

histórica! la tólica tradic minantes y

En 1943, el conde de lona escribió por primera a Franco pidiendo

decidí te la restauración | mismo año de 1943 se el famoso

documento veintisiete procurado espíritu público, por la dificultad que

suscitan para que se forme una conciencia nacional, por la incertldum-b re que

es consecuencia necesaria de las contingencias físicas inevitables en toda

persona humana.

Pero la necesidad «s hoy aún más apremiante. I>a terminación «e ta gaerra

mundial amenaza conmover,

sido sobre manifestado! que pudiera esta exposici ra a insistir no es el prop

suscriben fo afirmación ] nal, indefinid tiempo de práctica, ta con esta ex

FRANCO 1943, AÑO DE HISTÓRICOS DOCUMENTOS CAUSANTES DE DESTIERRO

en es precisamente hacer íar a V. E. su inquietud cuanto al riesgo que a juicio

entraña la situa-n presente y su firme ivencimlento de que la Dluclón de

la situación polca internacional y la con-niencia de España exigen « se le ponga

término sin rdanza.

Es evidente, a su juicio, te al terminar la guerra avendrá que exista en Es-.ña

un régimen que reúna s condiciones más adecua-•s para realizar en el inte->r la

unidad moral entre i españoles y para inspi-r en el exterior confianza i que

habrá de colaborar Icazmente en la organiza-ón del orden , nuevo que •evalezca

en el mimdo des-lés de la paz. No sólo ira asegurar el orden so-•e la base de

los principios indamentales de nuestra vilización, sino para que ¡paña pueda

cumplir su isión en el mundo. Si el régimen que, al ter-inar la guerra, esté

estar ecido en nuestra Patria une estas dos caracteris-l c a s esenciales,

España, >r si misma, en inteligen-a con Portugal y en con-nción con las nací o n

es spanoamericanas, puede «empeñar un papel de pri-er orden no sólo en la res-

uración de la Europa, de-istada, sino en la organí-ición del mundo futuro. De

aquí nace la urgencia : la solución. Nadie sabe lando ni cómo terminará guerra,

Y es probable qae actual, como la anterior, rmitte de manera súbita imprevista.

De todos mo-s, hay un hecho positivo cierto que tiene para nos-ros un balance y

una tras-ndencia: los acontecí-íentos bélicos ocurridos en Frica ; del Norte

determi-n para ´España—potencia aditerránea y africana— asecuencias inmediatas

le sería insensato descono- . sr. Sobre la base de salva-lardar por todos los

me-

lución política de nuestro régimen, por una parte, con caracteres de urgencia;

por otra, con medios de realizarla en condiciones de tranquilidad y de

autodeterminación libre de toda presión o sugestión externa.

Creemos sinceramente que no seria prudente dejar pasar la ocasión y- el mo-

Manuel Fa] Conde, fundador del Sequete «n la República, sufrió destierro en la

década de los cuarenta

mentó que la Providencia nos dé para, sin completar la obra iniciada por V. E.,

Generalísimo de los Ejércitos y artífice de la victoria, y qué ha de tener su

natural remate en la restauración de la monarquía, continuadora de nuestra

tradición histórica, que sea en el interior instru mentó de suprema conciliación

entre los españoles, y en el exterior, garantía de estabilidad y eficacia de

nuestra nación. -

A V. E. exponemos esta suprema aspiración como moción respetuosa inspirada por

el deseo y la esperanza de que complete su alte, misión histórica, abriendo el

camino para que sin trastornos, ni sobresaltos, ni violencia pueda llevarse a

cabo.

Un año antes, Juan Antonio Bravo, mona rquico, ingeniero, abogado y finan-

catedrático Julio Palacios, eportado en Almansa

s nuestra independencia íional, aparece con clari-1 meridiana la convencía para

España de ntener una política de es-3ta neutralidad--´que la narquía puede

encamar manera auténtica, eficaz idiscutlda.

ín cuanto a nuestra sición interior, ello plan-

el problema de la evo-

Jesús Pabón, otro catedrático desterrado en Tordesillas

otero, íntimo amigo del general Aranda, es confinado por Valentín Galarza,

ministro de la Gobernación, dos años en su finca de Cu-dillero (Asturias). El

motivo, la conspiración. Gracias a Carlos Mendoza, fundador del "Metro"

madrileño, que Je habla a Franco del asunto, se le levanta la sanción.

EL CONDE DE LOS ANDES, EN LA ISLA DE LA PALMA

Con don Francisco Moreno y Herrera, conde de los Andes para la Heráldica, he

charlado en su casa madrileña de la calle Veláz-quez. Acababa de regresar de

Jerez de la Frontera, donde nació en 1909. El conde comparte su vida—un tanto a

lo P e m á n—«ntre Jerez y Madrid.

Don Francisco, conocido experto en temas gastronómicos—popularizó el seudónimo

de "Savarín"—, es doctor en Derecho por la Universidad madrileña y licenciado en

Económicas por Oxford. Diputado a Cortes por Cádiz en 1933. Desempeñó el cargo

de gobernador civil de Santander durante 1939. Después fue nombrado consejero

nacional. Ha publicado varios libros y escribe asiduamente en la "tercera" de

ABC. Monárquico de raigambre, cuenta su estancia en la isla de La Pahua, donde

estuvo deportado.

El conde es hombre afable, y no oculta su andaluz al hablar. He aquí el • relato

de una aventura, triste, ocurrida en los duros años de la posguerra.

"Los directivos monárquicos más sobresalientes en el año 1943 eran don Juan

Ventosa y Valdecasas. En enero de ese año, yo desempeñaba un papel preeminente:

el conde de Barcelona me había encargado en Lausana que intentara hacer una

organización monárquica provincial.

Por aquel entonces yo era consejero nacional y se anunciaban las primeras Cortes

del Régimen, las Cortes supremas de la ficción. En ellas, los consejeros se

convertían, automáticamente, en procuradores. Pues bien, en aquellos momentos se

pensó que seria muy interesante elaborar un documento firmado por una serie de

procuradores. El fin del llamado "documento de los procuradores" no era otro que

el de presentárselo a Franco para que éste se decidiera a traer la Monarquía.

Hacía un año que había muerto Alfonso XIII, y en verdad, el documento era muy

interesante. Detrás del movimiento que lo patrocinaba se hallaban, entre otros

muchos, don Juan Ventosa y d o n Juan Vigón, ministro del Aire, representante

del conde de Barcelona.

Yo, ya digo, tenía el contacto con las provincias y fui el encargado de recoger

las firmas. Recuerdo que hicimos una visita al obispo-patriarca de Madrid-

Alcalá, doctor Eijo-Garay, don Juan Ventosa y yoj salimos muy decepcionados: el

obispo no quiso firmarlo. Luego efectuamos otra a un pariente lejano del rey, el

general Borbón, duque de Sevilla. Este nos dijo: "El rey es mi espada, pero no

mi pluma."

En suma, el documento lo firmaron veintisiete procuradores: Ventosa, el duque de

Alba, V »I d. ecasas,

Alarcón de la Lastra... Yo no lo pude firmar... porque fui cesado como consejero

nacional. Sin duda, se conocían mis manejos; estaba en la pantalla de los

sospechosos del franquismo.

La primera noticia que yo tuve de que estaba vigilado me la deparó don Miguel

Asín Palacios, que había firmado el referido.documento. Don Miguel me dijo:

"Tenga usted cuidado, que lo vigilan." Yo iba y venía a Jerez de la Frontera con

toda normalidad. Ante la previsión de que me detuvieran, le entregué el

documento a una cuñada mía para evitar que lo cogieran. En efecto, a mí me

detuvieron. El documento se entregó, y a los seis días de mi detención,

Valdecasas lo presentó en El Pardo.

• Cuando me detuvieron, yo me encontraba en mi casa madrileña de la calle de Ve-

lázquez. Dos policías me llevaron a la DGS. Después de unas horas me comunicaron

que marchaba confinado a la isla de La Palma. En la DGS tuve visitas. Manuel

Halcón, presidente entonces del Consejo de la Hispanidad, estuvo a punto

En tiempos de Franco, los desterrados marcan el camino de la consolidación

política • La alternativa monárquica fue la que más desasosiego le creó a Franco

en los años cuarenta y principio de los cincuenta

de Jerez, en la que permanecí dos días sin salir. Estuve entretenido.

Cumplido este breve plazo, marché a Cádiz. El policía y yo embarcamos en un

buque que navegaba a Guinea. Cuando el barco se alejaba de la bahía gaditana :

sentí unos momentos de congoja; mis ilusiones desvanecidas: el triunfo de Mola,

que habría dado paso a una Monarquía constitucional... Ya lejos de la bahía, el

barco se detuvo. El policía se asustó; se creía que los ingleses venían a

salvarme. Estábamos en plena segunda guerra mundial. Llegamos a Tenerife, donde

estaba de capitán general García Escámez, Con éste, a sus órdenes, en un

principio, había estado de soldado; luego, de capitán de re" guiares. Siempre

acompañado de mi policía, fui a ver

seria una actitud, por mi parte, la de fugarme.

Ya llegamos a la isla de La Palma, donde permanecí siete meses y medio. El

policía me entregó al delegado del Gobierno. La isla, muy rica, con gente muy

hacendada y unas mujeres preciosas; una isla de ensueño, vamos. Las

comunicaciones eran fatales: no había teléfono, y el barco salía cada diez días.

Por lo demás, ya digo, aquello era de ensueño. Allí mi vida 1a ocupaba en leer.

Escribí un libro, quizá el más logrado de mi obra: "Autoridad y libertad". En la

isla viví en varios sitios: desde una clínica, la del doctor Camacho, amigo de

don Blas Pérez González, el fuerte ministro de la Gobernación, hasta en una

casita pequeña que arrendé cuando vino a verme mi mujer. Enton-

El conde de los Andes, confinado en la isla de La Palma, luchó decididamente por

la restauración monárquica • El marqués de Quin-tañar estuvo desterrado en Ibiza

• Cuatro tenientes generales pidieron a Franco la restauración de la monarquía

tradicional • España, un país pródigo en confinamientos

El conde de los Andes, deportado en la isla de La Palma

de perder el cargo por prestar su coche para que me trajeran unos libros de mi

casa. Todo esto ocurría en junio de 1943. En los calabozos estuve tres días.

Luego, en tren, nos dirigimos a Cádiz. Entonces, en vez de meterme en la cárcel

de la ciudad, el general Vigón debió pensar que él era un poco responsable de lo

que estaba ocurriendo y suavizó la eos»: me fui a mi casa

a García Escámez. "Voy a hablar con el Generalísimo —dijo—. Esto es

intolerable."

El general García Escámez, muy simpático, tuvo la gentileza, en aquellos

momentos de confusión, de ir a visitar al general Franco y decirle que le

exponía el caso del conde de los Andes. "No quiero ni oír hablar de él", le

contestó Franco. Le sentó muy mal...; por cierto, en un discurso se refirió a mí

llamándome "aprendiz de político".

Bien: en Tenerife permanecí un día con la cordial compañía del policía. Le dije

que no se preocupara de mí en cuanto a cualquier tipo de fuga. Si h u b iera

querido escaparme, en Aranjuez me esperaban con un coche. Areilza quería que me

escapara. "No me escapo; todo es cuestión de que esto no se hunda y yo me quede

fuera muchos años. ¿Qué quieres: que nos larguemos todos los monárquicos?" Antes

habían perseguido a Eugenio Vega. Salnz Rodríguez se había escapado. Me parecía

poco

ees tenía yo treinta y un años y tres hijos. En la clínica dormía y para comer

iba a una fonda. Es curioso, pero el doctor Camacho era un hombre muy liberal,

como lo es, por lo general, toda la gente de la isla.

La intención de Franco era confinarme a la peor isla del archipiélago canario:

la de Hierro, pero resultó que Blas Pérez González sabía que yo era mutilado de

guerra y pensó que el lugar ideal era su isla, La Palma. Y allí traté a la

familia y amigos del ministro, de los que guardo un gran recuerdo: se portaron

muy bien conmigo. El policía y yo acabamos con buena amistad. R e c uerdo que

éste me enseñó la orden cuando se la iba a entregar al gobernador civil de

Tenerife. La nota rezaba así: "La sanción se le impone por actividades poli

tiv&s contrarias en «ste momento al interé» de la causa nacional." Sin lugar a

dudas, la nota estaba reda ctada por don Blas "Pérez, de manera sibilina, y muy

hábilmente* venía a decir que se

, (Continúo en la pág, 15)

LOS CONFINADOS DE FRANCO

(Viene de ¡a pág. II)

e condenaba por inoportu->..., no por faltas. Lo peor en el caso de mi

infinamiento era el límite & tiempo, el cuándo acabala aquello, la incertidum-

•re. -En la isla jyo leía, scribía y ¡pensaba! La idea e restaurar la

Monarquía ra obsesiva en mí. Conti-uaba la Historia dé >Espa-.a con un

Estado nuevo; 3stado en el que estaban de icuerdo todas las fuerzas. 51

mismo Raimundo Fer-lández-Cuesta, cuando ha-jló en Sevilla recién

llégalo de la zona republicana, proclamó su adhesión á la institución

monárquica. Falangistas destacados, como Rafael Sánchez Mazas y Eugenio

Montes, habían escrito espléndidos artículos en "Acción Espartóla" en

defensa de la Monarquía.

En este exilio de la isla de la Fauna (que acabó merced a la intervención del

general Vigón, me animaba mucho José María de Areil-za. Este se mostraba muy

optimista y me decía: "Volverás de ministro en un barco de guerra." Yo allí

tenía mi correspondencia preparada, pero me la Interve-

nían, y poco podía hacer en favor de la causa.

El único que sí se oponía a la llegada de la Monarquía era Franco. "Al poco

tiempo de regresar yo del confinamiento, la Universidad exponía su convicción

monárquica en un documento firmado por más de cincuenta catedráticos. Como

principales responsables de haberlo promovido fueron sancionados con sendos

confinamientos en Alman-sa, Barbastro, Tordesillas y Alcañiz, res peettvamente,

los profesores Julio Palacios, López-Ibor, Fabón y Valdecasas.

Durante el destierro, el Conde de Barcelona le escribía al marqués de la Eliseda

la siguiente carta:

Querido Paco:

No sabes cuánto he agradecido tu afectuoso telegrama de felicitación.

He sabido por el infante don Alfonso lo del pobre Pa-quito, y pienso

constantemente en él, esperando que no sea largo su confinamiento. Te diré que

no me extraña lo ocurrido, dado que Paquito, desde que se fue de Lausana, había

desplegado una actividad extraordinaria y no es posible, por muchas p r e c

auciones

EL DOCUMENTO DE LOS TENIENTES GENERALES

A mediados de mes, el general Várela entregó´a Franco una carta firmada por él y

por los tenientes generales Or g a z, Dávila, Solchaga, KimJelán—que debía ser

su promotor y mas adelante sustituyó a >km Alfonso de Orleáns en la jefatura de

la casa monárquica en «1 interior—, Sali-quet, Monasterio y ¡Ponte. La carta—

escrita el 8 de septiembre de 1943—decía:

Excelencia: No ignoran las altas jerarquías del Ejército que éste constituye hoy

la única reserva orgánica con que España puede contar para vencer los trances

duros que el destino puede reservarle para fecha

El teniente general Alfredo Kindelán

próxima. Por ello no quieren dar pretexto a los enemigos exteriores e interiores

para que supongan quebrantada su unión o relajada la disciplina, y tuvieron

cuidado de que en los cambios de i m p r esiones a que les obligó su patriotismo

ño intervinieran jerarquías subordinadas. Por ello también acuden al medio más

discreto y respetuoso para exponer la única jerarquía superior a ello» en el

Ejército sus preocupaciones, haciéndolo con afectuosa sinceridad, con sus solos

nombres, sin arrogarse- 1a representación de la colectividad armada, ni

requerida ni otorgada. Son unos compañeros de armas los que vienen a exponer su

inquietud y su preocupación a quien alcanzó con su esfuerzo y su propio mérito

el supremo gratto en los Ejércitos de Tierra, Mar. y Aire, ganando en victoriosa

y difícil guerra; los mismos, con variantes en las personas, impuestas algunas

por la muerte, que hace cerca de siete años en un aeródromo de Salamanca os

investimos de los poderes máximos en el mando militar y en e´ Estado.

En aquella ocasión la victoria rotunda y magnífica sancionó con laureles de

gloria el acierto de nuestra decisión, y el acto de voluntad exclusivo de linos

cuantos generales se convirtió en acuerdo nacional por e1 asenso unánime, tácito

o clamoroso, del pueblo, hasta el punto de que fue lícita la prórroga del

mandato más allá del plazo para e> que fue previsto.

Quisiéramos que el acierto que nos acompañó no nos abandonara hoy al preguntar

con lealtad, respeto y afecto a nuestro Generalísimo si no estima, como

nosotros, llegado el momento de dotar a España de un régimen estatal que él,

como nosotros, aflora, que refuerce el actual con aportaciones unitarias,

tradicionales y prestigiosas inherentes a la forma monárquica. Parece llegar la

ocasión de no demorar más el retorno a aquellos modos de gobierno genuinamente

españoles que hicieron la grandeza de nuestra patria, de los que se desvió para

imitar modas extranjeras. El. Ejército, unánime, sostendrá 1» decisión de V. E.,

que tomase, no se trasluciese algo y llegase a oídos del Gobierno. Me parece muy

poco hábil de parte de éste perseguir en estos momentos a la gente seria

monárquica, pero Dios querrá que no pueda durar tiempo este estado de cosas.

Estoy satisfecho con el escrito de los Procuradores (en lo que tanto ha

colaborado Paquito), y espero que eUo sirva, para poner en marcha el empujón

decisivo.

Mil recuerdos afectuosos a Teresa Eliseda, y recibe un fuerte abrazo de tu

afino.

Recuerdos a Carmen.

N. del A.—La carta de don Juan de Borbón va dirigida al conde de los Andes,

.padre del actual conde de los Andes. Paquito es el conde; Teresa, su mujer,

falleció hace catorce años de un cáncer; y Carmen, la madre del conde, murió

hace trece años.

En el mes de septiembre del año 1943 hubo nuevas e importantes iniciativas de

parte de los monárquicos. La primera de ellas se refería a un elemento decisivo

de la política española de ía época, como era (fl Ejército.

El teniente general Ficíel Cavila

presto a reprimir todo conato de disturbio interno u oposición solapada o clara,

sin abrigar el más íntimo temor al fantasma comunista, como tampoco a

injerencias extranjeras.

Este es, excelentísimo se-

El teniente general Solchaga

ñor, el ruego que unos viejos camarades de armas y respetuosos subo rdinados

elevan dentro de la mayor disciplina y sincera adhesión al Generalísimo de los

Ejércitos de España y Jefe de su Estado.

Este docunrento señala el mayor peligro político para Franco desde 1936. El

gene-, ral, que no tomó represalias, nombró a uno de los firmantes—a Dávila—

ministro. A los otros les convenció.

Lo que voy a contar es curioso, porque denota el clima de hostilidad del

franquismo hacia los monárquicos. Había recelo´ y suspicacia:

"Al año de volver de la isla de La Fauna, una noche se presentaron en mi casa de

Madrid diez policías armados. Mi mujer se alarmó. A la sazón era ministro de

Asuntos Exteriores Leque-rica, con el que yo tenía gran amistad. Le llamé por

teléfono, y ¡nada! Entonces se me ocurrió vestirme de capitán de Regulares... Un

hombre como yo, diputado a Cortes, ex gobernador civil, consejero nacional y que

fueron por mí. Claro, yo llegué a la DGS vestido de

uniforme y les creé un-problema. Por lo pronto, no podían meterme en los

calabozos... Y a todo esto yo intentaba buscar las claves de la detención.

Acababa de salir el libro qu« escribí du-durante el confinamiento: "Autoridad y

libertad". Estaba encima de una mesa en -la ´DOS. Pensé que sería por la

publicación, pero ¡quiá! Estuve detenido un día. Llamó Millán Astray para que me

quitara el uní-f ó r m e... A los calabozos. Allí estaba Valdecasas. ¡Nos habían

detenido porque nos vieron a los dos salir de la casa de don Natalio Rivas! Fue

una gran metedura de pata: ´se creían que estábamos conspirando con la Embajada

de Estados Unidos."

EL MARQUES DE QUINTANAR, EN IBIZA

Don Fernando Quintanar, •marqués de Quintanar, grande de España, conde de

Santibáñes del RiOj ingeniero de Obras Publicas, poeta fácil, historiador, autor

de numerosos libros, conversador ameno, "tenía un aire de melancolía y

desengaño", en palabras de Pemán. Detenido a raíz de los sucesos del 10 de

agosto de 1932, compartió la celda de la cárcel con Ramiro de Maemtu. En su casa

madrileña de Santa Bárbara se hacia, la revista "Acción Española".

Al marqués de Quintanar, "cuando le preguntaban qué era políticamente, se

permitía el lujo de contestar que era cortesano y palaciego".

El -marqués de Quintanar murió hace pocos años, a los ochenta y cinco años de

edad. Sobre su confinamiento he charlado con sn viuda, doña Elena Escudero,

quien acompañó a su marido primero en la deportación en Ibiza y más tarde en el

confinamiento en Alicante.

Doña Elena Escudero es una mujer muy sencilla, liberal, con mucha historia de

España en su persona. Ella echó los doscientos litros de gasolina en la avioneta

en la que Sanjurjo, junto con Juan Antonio An-saldo, volaba desde Portugal a

España y que se estrelló apenas despegar. ´Ansaldo le decía a Sanjurjo: ´No

cargue más, mi general´... El se empeñó en meter una maleta con ropa ´para

vestirse en Pamplona.´ en la ya sobrecargada avioneta. Sanjurjo murió en el

accidente. Ansaldo logró salvarse."

El marqués "empleó en «í entierro del jefe del alzamiento militar la fórmula

sacramental: "¡El general Sanjurjo ha muerto! ¡Viva el general Franco!" Fue la

primera promoción de Franco a la jefatura—escribe el ministro de Negrin Mañano

Anisó—, cuando todavía éste no se había pronunciado.

Mi marido fue detenido el 14 de marzo de 1943 en la frontera portuguesa.

Coincidió su viaje con la huida de Madrid a Portugal del laureado coronel Juan

Antonio Ansaldo. La Policía creyó que mi esposo había organizado esa fuga, y que

conste que ño tuvo ninguna intervención. En lo que sí intervino fue en el viaje

del general Sanjurjo de Lisboa a España y que tuvo tan trágico desenlace.

M¡ -marido venía,muy enfermo, acampanado del en-

tonces embaj ador portugués, don Pedro Theotonio Pereira. Amibos viajaban en el

automóvil del embajador de la Argentina, señor Palacios Costa. Este, al-ver cómo

se acercaba al coche un guardia civil con la orden de arrestar al marqués de

Quintanar, le brindó ´generosamente la inmunidad diplomática del automóvil, cosa

que rehusó mi marido diciéndole: "Muchas gracias, embajador, el coche es

extranjero, pero estoy en mi país." Al llegar a casa le esperaba Ja orden de

.presentarse en la Dirección General de Seguridad, y allí el director, un señor

bajito con muy mal .genio, le mandó deportado para Ibiza. Este señor no atendió

el informe del doctor Zumel, quien se manifestaba en contra del viaje por

cuestiones de salud del marqués de Quintanar. Permitió que yo le acompañara y

salimos esa misma noche en el tren de Barcelona. Iba con nosotros un policía muy

correcto que .se llamaba Juan García, Qué curiosa coincidencia: cuando unos años

antes el entonces ministro de la Gobernación, señor

El marqués de Qui´níanar, confinado en Ibiza

Casares Quiroga, detuvo a mi marido, el policía encargado de su custodia también

se llamaba Juan García. V también era muy amable. Un buen ´día, después de

intensa vigilancia, se esfumó de casa y le reconocimos en una portada de "A. B

,C" dando escolta al presidente francés He-rriot, que estaba en España en viaje

oficial. Se conoce que no tenían repuesto.

Transcurridos unos años, y» liberado Madrid, se pre-

teniente general Orgaz

sentó en casa el susodicho Juan García para pedirnos un certificado de su

correcto comportamiento, que, naturalmente, le dimos. Nos pidió, además, 225

pesetas para ponerse un puente en una muela. Modestia enter-necedora.

De la deportación en Ibiza habría muchas cosas que •contar, pero ha pasado mucho

tiempo y hoy no hay que cargar las tintas. Lo de Ibiza, pensándolo en la Ibiza

de hoy, parece un premio en vez de un castigo. ;Pero había que ver la felá en el

año 1948! Ibiza estaba sin luz eléctrica, sin agua, sin un mal hotel, y contaba

únicamente con una modestísima pensión—la pensión España—.requisada por las

tropas de Regulares. Nos ofrecieron numerosos terrenos por un puñado de pesetas,

un puñado muy pequeño. Ninguno de los dos teníamos la vena financiera y dejamos

pasar muy cerca una considerable fortuna.

Y así pasaron tres meses muy penosos por el malísimo estado de salud de mi

marido. Gracias a la caballerosa intervención del entonces ministro de Marina,

don {Salvador Moreno, se decretó el traslado del confinado a Alicante. Fue un

apoyo muy de agradecer después de la indiferencia con la que amigos, entonces en

el Gobierno, deponían mi petición de traslado muy angustiosa ante el

empeoramiento alarma n t e de mi marido.

En Alicante cambió el panorama: un buen hotel, un gobernador compre n » i v o

(después del hueso del jefe de Policía de Ibiza) y, sobre todo, facilidades para

el tratamiento médico. En Alicante estuvimos otros tres meses..., y a casa,

perdonado de una falta no existente.

Todo esto, si usted quiere, se lo cree, pues yo no tengo ningún papelito, ningún

comprobante que apoye este relato. Ni para la deportación ni para la puesta en

libertad nos dieron ningún papelito, ninguna orden escrita.

En fin, todo esto está muy lejos y, desgraciadamente, él no se lo puede contar a

usted. Lo hago yo, atendiendo a su petición. ¿Cuál fue el delito de mi marido?

Vo no le conocí más que un amor inmenso a su Patria y su absoluta dedicación a

la Monarquía, Dedicación profunda y consciente. Fue un leal servidor de don

Alfonso XIII y de don Juan de Borbón. La muerte le alcanzó antes de la

restauración monárquica.

 

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