Viudas de fusilados     
 
 Ya.    30/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

CARTAS A VIUDAS DE FUSILADOS

"Soy suscriptor de YA, párroco de un pueblo de Navarra. He acabado la última

misa dé la tarde y me ha podido la idea de escribirle a usted contándole mis

penas del día.

Como en todos los pueblos, también aquí se visitan hoy los cementerios. Pero se

da cerca de aquí un espectáculo triste: en el kilómetros 67 de la carretera

Pamplona - Zaragoza están hoy muchos familiares de los "fusilados" de nuestra

guerra. Es uno de los "cementerios" que en Navarra se empleó para ellos.

No sé si en Madrid se conoce este drama navarro. Pero ahí están enterrados los

cuerpos de muchos que murieron—sin juicio, sin defensa—en aquellos primeros días

de nuestra guerra.

Creo que no es cuestión de analizar lo que pasó, sino de pensar que ya es hora

de decir como verdad que la guerra ha terminado. Que se haga verdad lo del Rey

de todos los españoles. En mi pueblo la experiencia no invita a creérselo.

Se que es un tema que hay que tocarlo con pinzas. Di la razón a nuestro obispo

cuando, el año pasado, en plenas tensiones del otoño conflictivo, se negó a

aceptar una propuesta del Consejo del Presbiterio referente a este asunto. No

era momento; y lo que en principio era justo y necesario, podía convertirse en

encizañamiento. Pero entre tanto ahí, están estas viudas reales, aunque

oficialmente no puedan demostrarlo, porque la muerte de sus maridos no consta en

ningún archivo civil o eclesiástico. Aquí murieron unas cuarenta y cinco

personas, en medio de anécdotas horripilantes, que vale más no recordar.

Hay quien no ha podido arreglar´ la cuestión testamentaria porque no puede

demostrar la muerte de su padre.

Es.cierto que algunas de estas mujeres viven amargadas. Yo pienso que ya

deberían haberlo superado; pero no me creo capaz de dar consejos en este sentido

a la mujer que me cuenta cómo vio que se llevaban a su marido al mes de la boda.

La Administración no ha hecho nada por curar las heridas.

Hay muchas que tienen el trauma superados, a pesar de algunas imprudencias e

ingenuidades de personas públicas. Nietos "de fusilados son novios de nietas de

fusiladores, y por la calle andan niños cuyo abuelo paterno fusiló al abuelo

materno. Es para bendecir á Dios por ello. Son ya cuarenta años, y en tanto

tiempo han corrido muchas aguas y muchos vientos.

Pero el problema sigue ahí: hay unas viudas abandonadas y unos difuntos sin

anotar por cosas que empiezan a sonar tan lejanas como la guerra de la

Independencia. ¿No es ya hora de liquidar este trágico y humillante asunto?

A mi me da miedo qué este problema no se arregle en paz y en serenidad. Me temo

que, si el Gobierno no lo afronta, los demagogos se van a dedicar a revivirle

para su provecho. Y creo que no es problema para demagogos; sino para amantes de

la paz y la justicia. No se trata de "ajustar cuentas", sino de "aliviar

problemas" Odio los delitos de sangre y pienso que deben ser castigados. No

podemos comparar el "delito" de pensar así o asá con el delito (sin comillas) de

poner bombas o matar a quien sea. Pero si se ha d> liquidar.el pasado sin odios

ni rencores; si hay que rehacer la Es paña rota; si la guerra ha de acábar de

verdad, conviene andarse con cuenta a la hora de hablai de "delitos de sangre".

Ni creo que sea muy conveniente acusar otros fusilamientos en que los fusilados

quedaron como mártires venerados, mientras los fusilados de mi pueblo y de mi

tierra descansar su muerte en un campo cualquier! y sus viudas siguen sin poder

de mostrar que lo son.

Dejemos que las nuevas generaciones arreglen una España en 1¡ que quepamos todos

sin discriminaciones humillantes.

Creo que es urgente liquidar e problema de unas viudas que sufren las

consecuencias de algo tan nefasto como una guerra entre hermanos: que se

reconozcan como muertos a quienes murieron y viudas a quienes lo son, y que

tenga; derecho a vivir como persona normales, sin ser eternamente "1a España

derrotada y humillada".

Y es precisamente por esto por lo que le escribo. Yo he tentado varios modos de

llegar a la autoridad. No he tenido respuesta. Parece que se quiere dar la razó

a quienes afirman que el único modo eficaz de luchar contra 1 injusticia es la

algarada y la violencia. He escrito a obispos y procuradores en Cortes. He

llegado incluso a escribir una carta que pudiera llegar al mismo don Juan

Carlos, y que no sé si le ha llegado. La última vez—a mediado de septiembre—que

estuve con quien puede entregársela todos le días en propia mano me dijo:

"Todavía no se la he dado. He teñido la mano en el bolso de la chaqueta

agarrando la carta para dársela pero en aquel momento he sentido una especie de

pudor y no se 1a he dado. Sigo pensando en dársela." Esto me decía entonces, y

no ha vuelto a hablar con él. Confíen verlo pronto, aunque no confian tanto en

que se la haya entregado. Y pregunto: ¿seré yo utopia seré ingenuo, seré osado,

estar cometiendo un e si le pide a usted que vea la posibilidad de editorializar

el tema en su periódico? No sé si ahí se dan cuenta de la gravedad del problema;

pero yo pienso que podían prestar un gran servicio a la historia de España el

con sencillez, con espíritu de construir y no de herir, con afán de curar

heridas y no de acusar a nadie tocaban ustedes el tema en un editorial que

pudiera ser leído por quienes busquen con buena voluntad la paz para el futuro

de España.

Y si les parece imposible afrontar el tema en un editorial, ¿tendría cabida en

su periódico una carta mía, que por la fuerza de las circunstancias creo debería

ir sin fortuna?"

 

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