Autor: Ivorra Ivorra, Antonio. 
 Amnistía total para los ferroviarios depurados en el 39. 
 Salen de la vía muerta     
 
 Diario 16.    03/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

MADRID, 3 (.D16).—En esta ocasión, el café va acompañado de unas gotas de

esperanza: la RENFE acalla de prometer una amnistía total para los depurados de

1939.

Como todos los miércoles, a las cinco en punto de la tarde, un grupo de

ferroviarios depurados ss dan cita en el quiosco de Ángel. El café y la copa no

los toman allí, ya que el "compañero ferroviario" sólo vende cupones de ciego.

Desde 1955, Ángel Rodríguez, sesenta y seis años, está desde las ocho de ]a

mañana a las ocho de la tarde en la confluencia de las calles madrileñas de

Ferraz y Marqués de Urquijo vendiendo cupones.

El miércoles, los quince ferroviarios —sumaban entre todos más de cincuenta años

de cárcel— tomaban café con cara de esperanza. El día anterior, la dirección de

la RENFE se habla comprometido a conceder la amnistía total, que afectaría a los

dos mil ferroviarios que aún viven tras la "gran depuración que sufrimos en

1939", en boca de los amigos dal "compañero Ángel"

RENFE no cumplió.

"El que RENFE diga que concederá la amnistía —dijo uno— es reconocer, en lo que

afecta a los depurados, que no ha, puesto en práctica el decreto de Presidencia

del Gobierno del 27 de abril de 1976, por el que se ampliaba a los funcionarios

de Corporaciones, y Empresas Concesionarias de Servicios Públicos el decreto de

reingreso de los funcionarios del Estado depurados."

Antonio Ivorra.

RENFE lia llamado a algunos ferroviarios que no han cumplido aún los

sesenta y odio años para una posible reincorporación. "Pero los que ya los hemos

cumplido, que somos el 90 por 100, creemos que tenemos derecho a la jubilación.

A esto, RENFE nos contesta que eso es problema dé la Mutualidad, donde se nos

dice qne no tenemos derecho a pensiones porque no hemos cotizado."

Este círculo vicioso, puntualizan los ferroviarios, debe romperlo RENFE pagando

el periodo mínimo" de cotización para poder recibir las pensiones.

La mayoría de los depurados —en boca de los quince que se reúnen los miércoles—

tan sólo tienen las 4.800 pesetas de la Caja de Compensación dé Pensiones del

antiguo Seguro de Vejez,).

El largo exilio de los ferroviarios comenzó con una carta del jefe de personal y

delegado para la Depuración, que decía: "En vista de ¡as informaciones

aportadas, causa baja en la Compañía del Norte de España." "´(una de las cinco

que existían entonces y que más tarde Se fusionarían bajo el nombre de RENFE) .

Hicieron de todo.

Con el estigma de rojos, la mayoría pertenecían a la UGT y CNT, los antiguos

ferroviarios tuvieron que trabajar en lo que fuera. La inestabilidad en el

empleo fue su cruz. Algunos, debido a las torturas y las condiciones

carcelarias, vieron su salud mermada, lo que les imposibilitó para hacer

cualquier trabajo.

Ángel Rodríguez Herránz. que no quiere ser el protagonista de esta historia, es

el secretario de la Comisión de Sancionados Ferroviarios de la guerra civil.

Ingresó en 1932 en la Compañía del Norte y la carta de depuración se la firmó

Luis Boix. Fue factor en La Cañada (Avila). En 1939 formó parte en Madrid del

Comité de Estación de la ÜGT. En el Batallón de Retaguardia número 5 de Albacete

y en la Jefatura de Transportes Militares estuvo desde 1937 a 1939, Tras míos

meses de cárcel, se decretó su libertad provisional.

En Torrelodones.

En el pueblecito madrileño de Torrelodones se volvió a encontrar cerca de las

vías: su madre regentaba la cantina de la estación. Ángel, de vez eu cuando,

tenia qúe salir del mostrador "en vista de que se tenían noticias de que algunos

clientes podrían venir a por mí".

En la noche del 18 de julio de 1953. al ´grito de "Rojo, yo a ti te mato", entró

en la cantina un falangista, quien tras sacarle de la cantina y propinarle

varios puñetazos que le ocasionaron la pérdida de la vista del ojo derecho, le

arrojó a las vías del tren. La visión del ojo izquierdo también quedó

sensiblemente disminuida.

Dos años más tarde se trasladó a Madrid, donde vendió durante un año cupones por

las calles. Por fin. en 1956. la Organización Nacional dé Ciegos le concedió el

quiosco, con el" que está su mujer. Pepita.

Tienen dos hijos, María Teresa y Manolo. Este último trabaja en Iberia.

"No quiero mirar al pasado —dice Ángel—, el futuro, al que hemos contribuido

todos los resistentes a la larga noche de estos cuarenta años, es nuestro y de

todos los españoles ´reconciliada?."

 

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