Autor: Cid, Ricardo. 
 Consuelo Morales, esposa del teniente Castillo, asesinado el 12 de julio 1936. 
 Viuda antes de la guerra     
 
 El País.    23/01/1977.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 25. 

ELPAIS SEMANAL. Domingo. 23 de enero de 1977.

Seis días antes de comenzar la guerra, el teniente Castillo —oficial significado

como de izquierdas—, acababa de despedirse de su esposa, con la que se había

casado apenas dos meses antes. Después de haber andado sólo unos metros, caía

acribillado a balazos. Su entierro fue una imponente manifestación de duelo y de

rabia. Poco antes de su boda, el teniente de Infantería José Castillo había

pasado a la Guardia de Asalto. Al día siguiente del asesinato de Castillo, se

producía el del diputado de derechas y ex ministro de la Dictadura José Calvo

Sotelo.

.Consuelo Morales, viuda de Castillo, hace por primera vez referencia_pública a

aquel día de julio en el que oyó el ruido de los disparos que mataban a su

marido, el cual, para el Tribunal Supremo, no cayó como teniente de la Guardia

de Asalto, según la sentencia denegatoria de pensión extraordinaria a la viuda.

Consuelo Morales, esposa del teniente Castillo, asesinado el 12 de julio del 36

VIUDA ANTES DE LA GUERRA

Texto: Ricardo Cid Cañaveral I Fotos: Ricardo Martín y archivos

«íbamos por la calle de Augusto Figue-roa. Era el cumpleaños de mi padre, y

habíamos comidocon él y con mi madre. Mi marido tenía que irse, porque entraba

de servicio... Yo quería acompañarle, pero él no quiso: era muy andaluz, así,

celoso. Que me fuera a casa. Nos separamos. Yo estaba en la esquina de Hor-

taleza y él en la de Fuencarral. Oí los tiros, muchísimos tiros. Cayó en aquella

esquina, donde hay una ermita. En la ermita quedaron los impactos de las balas.»

Era el 12 de julio de 1936. Consuelo Morales, viuda del teniente Castillo,

cuenta por primera vez lo que no ha dejado de recordarse a sí misma lo largo de

cuarenta años. Cuenta, no sin resistencia:

«¿Porqué hablar ahora? He estado olvidada todo este tiempo. Quiero seguir

olvidada. Lo que yo quiero es tranquilidad. No soy política, no quiero salir.

Nadie me ha hecho caso de joven. ¿Por qué ahora?»

El teniente Castillo era un militar republicano. Un militar de izquierdas,

perteneciente al Arma de Infantería, que unos meses antes había solicitado su

traslado a la Guardia de Asalto. Reiteradamente, las organizaciones políticas de

derechas le habían amenazado de muerte. La amenaza se cumpliría en aquella

calurosa tarde de julio, ejecutada por un grupo de cuatro o cinco hombres. Al

día siguiente. 13 de julio, era también asesinado Calvo Sotelo. Las historias de

la guerra civil española, en su capítulo de antecedentes.suelen tener dos

epígrafes: «Asesinato del teniente Castillo. Asesinato de Calvo-Sotelo.»

Consuelo Morales, viuda de Castillo —«estuvimos casados 52 días»— habla en una

pequeña habitación de un piso viejo, entre sencillo y humilde, del barrio

madrileño de Arguelles. Una estufa de butano, unas sillas de skay, un televisor

que la dueña de la casa apaga: « Lo tengo que poner muy alto, porque tengo un

oído mal». Carmen Morales es una mujer de más de sesenta años, erguida, alta,

rubia. Mira a su interlocutor con algún recelo.

. «En mi caso hay otras, muchísimas, viudas. Ellas no salen, no se habla de

ellas. Está la viuda del capitán Parando... Aunque no se si vive: yo perdí

contacto con ella después de la guerra. Iba con su marido por la calle, creo que

por Lista, y les dispararon unos pistoleros. A ella no la mataron porque al que

le disparó se le encasquilló la pistola. Quedó viuda con dos niñas. Yo quedé

viuda y embarazada.»

«Dirán que debo estar callada»

«Pusieron la capilla ardiente en la Dirección General de Seguridad, y el

entierro fue el día 14. No recuerdo aquellos días. Para mí todos los días eran

igual. En noviembre, nos fuimos a Valencia mis padres y yo. La niña nació en

Valencia.»

La foto coloreada de una niña rubia de poco más de tres años, que sonríe: «Era

igual que su padre.»

«Después de la guerra hubo una denuncia y nos metieron en la cárcel. Sí; a mis

padres también. Estuvimos nueve meses. Yo no quiero volver a la cárcel ¿Han

estado en la cárcel? En Ventas, como yo soyalta—aunqueahora menos: he encogido—

no tenía suficiente espacio para estirarme. Decían: Castillo, que ocupas mucho.

Eramos 7.000 mujeres. A la niña la dejé con mi abuela, de noventa años. La niña

murió después. El parto había sido malo, y luego, todo aquello... La niña no se

crió bien. Le dio algo al corazón. Por la mañana yo la había llevado al Retiro,

y murió la misma noche.»

, «Pero no quiero contar mi historia. Dirán que debo estar callada. Y habrá

gente que se alegrará...Sí: usted no sabe que hay gente con pelos en el corazón,

gente que se atreve siempre.»

«La familia de él se fue al extranjero después de la guerra. Yo también pensé en

irme, pero estaba mi madre, y la niña... Una no sabe qué hubiera sido mejor. En

Francia nos habríamos tenido que ir al campo dé concentración, y luego la otra

guerra..;»

«Después del:año cuarenta nos escribían muchas cartas, decían animaladas. Hace

tanto tiempo...Yo no he tenido contacto con nadie. Es raro que la gente sepa que

soy la viuda del teniente Castillo. Una vez vino un periodista que habla

conseguido mis señas en el cé-/menterio civil. Yo suelo_ir al cementerio.» ...

En 1936 también había cartas: amenazadoras para el teniente Castillo. «A mí me

tenía al margen de la política, aunque yo sabía que estaba amenazado y sabía

también sus ideas, claro: pero no lo que hacía.»

Al salir de la cárcel —«tenía que vivir»— Consuelo solicita la pensión ordinaria

que le corresponde como viuda de oficial. Se le había suprimido la concedida por

la República. Su solicitud es denegada. Trabaja en un almacén, en una papelería.

También al recuperar la precaria libertad, encuentra que el piso que ocupaba con

sus padres, y en el que habia pásadó los dos escasos meses de matrimonio, se íes

ha quitado.

La vivienda de Augusto Figueroa había sido concedida a otras personas. «Vivo

aquí desde entonces: primero con mis padres, y ahora, después de morir ellos,

con mi hermana.»

«No quiero contarlo. Además, también hay en la gente algo que no es interés,

sino curiosidad. Y, luego,que ustedes se ponen a escribir y se les va la mano.

Aquí tengo una revista... ¿Cómo cuenta las cosas así este señor? No conoce la

historia de Castillo.»

«Estoy resignada. Me han domesticado»

«Cuando nos casamos, yo tenía veintitrés años, y él 33». No hay foto de la boda;

o quiza Consuelo Morales no quiere mostrarla. Hay, sí «una pero está de

paisano», del teniente Castillo, enmarcada en madera plateada.

Desdé 1966 Consuelo Morales —su segundo apellido de soltera es también Castillo—

recibe una pensión ordinaria (del 25% delsalario), pero no la extraordinaria

(del 100% del salario), que coresponde a las viudas de quienes mue-.en en acto

de servicio. Una sentencia del Tribunal Supremo de 12 de junio de 1968. estimaba

que Castillo, que acudía de uniforme a su puesto, ya que «no había tornado el

servicio, no podía estar en ejercicio de desempeño del mismo, y menos aún

realizando en esos momentos un acto de Servicio de armas, definido en las leyes

militares como áquelqüe reclama en su ejecución el uso empleo o manejo de las

mismas». E! acto de referencia es el del asesinato.

«Ahora vivo tranquila. Estoy resignada». Sonríe: «Me han domesticado». Es

«Pusieron la capilla ardiente en la Dirección General de Seguridad, y el

entierro fue el día 14. No recuerdo aquellos días. Para mí todos los días eran

iguales. En noviembre, nos fuimos a Valencia mis padres y yo. Después de la

guerra hubo una denuncia y nos metieron en la cárcel».

una sonrisa muy corta, que deja paso a una cierta, relativa placidez: «No puedo

vivir sin Madrid. Lo necesito. Sí: soy de aquí. Tengo una amiga en Alicante, y a

veces voy. También a Salamanca, a casa de mi hermano. La muerte de mi hermano,

hace cinco meses, de cáncer, ha sido el último golpe. He recibido muchos

golpes... Pero, sí, sí, salgo. Además, ¿qué hago yo aquí sola? Voy a ver a las

amigas. Cuando estoy fuera, parece que me ahogo, me falta todo esto de Madrid.»

«El único hecho acreditado»

Todavía hoy están sin aclarar las responsabilidades de la muerte del teniente

Castillo. Según algunas opiniones, el atentado estaba preparado por algunos

grupos falangistas, pero otro grupo, que • contrató pistoleros, se adelantó.

Hugh Thomas señala como implicado al falangista Ángel Alcázar de Velasco, quien

más tarde desmentiría Haber intervenido.

Según la sentencia del Tribunal Supremo ya aludida, redactada por el magistrado

ponente Antonio Esteva Pérez, «el único hecho acreditado es que la muerte del

señor Castillo se produjo violenta y alevosamente por un grupo terrorista,

posiblemente integrado por personas de ideas políticas opuestas a aquellas que.

acertada o desacertadamente, profesaba don José del Castillo y Sáez de Tejada, y

ello más como venganza política, represalia personal, que como atentado a su

condición de teniente de la Guardia de Asalto».

En el mismo año, 1968, el Boletín Oficial del Estado publicaba una orden de

Presidencia del Gobierno por la que se concedía una pensión extraordinaria a la

viuda de José Calvo Sotelo, considerando a este «muerto en campaña».

Mientras señala unas resistas. Consueto Morales dice: «Sí. He procurado seguir

lo que se escribía, pero no he podido leerlo todo, claro». Y también señalando

las revistas, cambia la conversación: «No sé. A ver si esto se orienta un poco

después délas elecciones... Ahora parece que se puede decir algo más, y entonces

van a pensarque yo hablo aprovechándome.».

Consuelo Morales repite que no quiere salir en fotografías. En pie. es una

hermosa mujer de edad, a la que resultaría difícil considerar anciana. «Es pura

fachada. No estoy bien. Tengo arteriosclerosis. El organismo .tiene que acusar

los sufrimientos». Estrecha la mano con energía y sus frases son rápidas y

amenas cuando habla desleirías intrascendentes: el tráfico, él barrio, las

calles de Madrid sin las que ella no sabe vivir.

En el portal, una vecina vestida de luto, con un paquetito de dulces, pregunta

inquisitiva: «¿Han estado ustedes en alguna gestión, en algún negocio?»

 

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