Autor: Bardón, Diego. 
 El último embajador de España en la U. R. S. S.. 
 Marcelino Pascua, el del oro de Moscú     
 
 Diario 16.    15/02/1977.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

Martes 15- febrero 77/DIARÍO 16

REPORTAJES/23

El último embajador de España en la U.R.S.S.

Marcelino Pascua, el del oro de Moscú.

Diego Bardón.

GINEBRA, 15 (Enviado especial D16). — Marcelino Pascua, el último embajador de

España en Moscú, el encargado de firmar el proío-colo en la entrega del oro

español a los rusos, el hombre que más veces se entrevistó con Stalin, ha

cumplido ya ochenta años.

En su retiro de Ginebra recibió a ún redactor de D16, y a la pregunta sobre la

supuesta designación de López Bravo como su sucesor, respondió: "A veces, una

Embajada es un medio, inapreciable para quitarse a gentes de encima."

El 21 de septiembre de 1936, días después de que el general Franco encabezara el

alzamiento militar contra la República, el entonces presidente, Francisco Largo

Caballero, designó al diputado socialista Marcelino Pascua embajador de España

en la U. R. S. S., en donde permaneció hasta marzo de 1938.

La elección.

"Los amigos —manifestó a D16 el último portavoz español en el Kremlim—, entre

quienes cabría destacar a Indalecio Prieto, Besteiro, Henche y Negrín. quizá

valorando mi fidelidad a la República y una supuesta serenidad y firmeza de

carácter, jugaron, un papel importante en la elección."

Pascua vive ahora de su retiro de médico de la OMS (Organización Mundial de la

Salud). Habita un modesto piso de la calle Vermont de Ginebra (Suiza), rodeado

de objetos que rememoran sus efemérides personales. En su cabeza, una ilusión

que no deja de dar vueltas: "Deseo" con toda vehemencia pasar los últimos años

de mi vida en mi Valladolid natal." Pero, muy exigente y con cierto orgullo,

pone su precio:

"Amnistía sin condiciones."

Los honorarios.

Ahora, al intentar hacer un breve balance de los pasos que le llevaron a la

U.R.S.S., dice: "Tras renunciar a la Dirección General de Sanidad, de la , que

por expreso deseo de Miguel Miura fui titular desde 193t, me marché a Moscú con

un sueldo anual de 25.000 pesetas y una asignación de 85.000, con las

que debería cubrir todos los gastos de representación."

El 25 de octubre de 1936 fue para Marcelino Pascua y para España "el día del

desembarco de Odesa".

España se despidió en esta fecha de 510.000 kilogramos de oro en monedas y

lingotes. El Gobierno, uno de los pocos legalmente constituidos que España tuvo

a lo largo de los tiempos, decidió canjear el oro por armas para hacer frente a

la pujanza franquista.

El desembarco.

Diez días después de que los cuatro buques que transportaban el oro atracasen en

Odesa, Marcelino Pascua recibió en su despacho de embajador un comunicado en el

que se le convocaba a "efectuar el pesaje y la firma de los protocolos de

entrega".

"Las .7.800 cajas que contenían los supuestos 510.000 kilos de oro afirmó

Pascua—, se pesaron una a una, con minuciosidad increíble. La operación no pudo

ser más legal. Varios apuntadores iban registrando los pesos de cada caja, ante

mi mirada y la de aquellos representantes del Gobierno que asistieron al acto."

Pero como "no es oro iodo lo que reluce, "muchas de aquellas monedas —añadió—

eran completamente falsas. Otras, contenían una aleación de metales extraños,

que en ocasiones sobrepasaba con creces el 10 por 100 que este tipo de

acuñaciones suele tener".

La verdad del oro.

Todo lo relacionado con el famoso oro de Moscú esta "detalladamente redactado en

los documentos que envié al Ministerío de Asuntos Exteriores. Cualquier curioso

y estudioso del tema puede acercarse y solicitar acceso a los archivos. Lo demás

es mentira. Especialmente falsa es la versión que dio Araquistaín: sin duda,

dejándose llevar por su odio visceral contra Negrin".

"Ya digo que la verdad sobre el oro que llegó a Moscú está contenida en el"

informe que envié a España antes de ser nombrado embajador en París." .

El cambio de Embajada Marcelino Pascua lo justifica de la siguiente manera: "Los

embajadores nos gastamos con dos años de ejercicio y es necesario cambiar de

lugar o dedicarse a oíros menesteres."

La prensa: Amargo recuerdo

En París permaneció Marcelino Pascua hasta que los franquistas destruyeron, los

últimos bastiones de la resistencia - frentepopulista. De allí se marchó con un

amargo recuerdo: "La prensa española, que ya estaba sometida a las aspiraciones

del dictador, me difamó, asegurando que me marché de la Embajada con cuadros,

tapices y objetos de gran valor. Esto es una calumnia: los ladrones fueron otros

bien distintos de los que luchamos por una España socialista.".

Entre las experiencias que Marcelino Pascua —miembro de una humilde familia

castellana, con treinta y ocho años a la sazón— vivió en Moscú adquieren

especial relevancia sus frecuentes entrevistas con.Stalin y el haber sido el

firmante del protocolo en la entrega del oro, horas antes de que éste pasase a

manos moscovitas.

"Debido a la importancia que la guerra civil tenía para los rusos, mis

audiencias con Stalin fueron incontables. Pero Slalin jamás me recibió en

solitario, ni nuestros encuentros trascendieron a los medios de difusión. Su

cargo, secretario general del Partido Comunista, no le facultaba para ejercer

representatividad oficial a nivel de Estado."

Stalin y sus acompañantes.

Marcelino Pascua recuerda perfectamente que "los eternos acompañantes de Stalin

siempre fueron los mismos: el mitológico Molotov y el ejecutivo Vorochilov".

"Estos, invariablemente , ejercían el papel de comparsas. Con voz, pero sin

voló, como si se tratase de la cuadrilla de un destacado torero, no hacían más

que aceptar las opiniones, aprobaciones y condenas del jefe incuestionable. Una

pena que personajes de la talla de Molotov y Vorochilov quedasen reducidos a

aplaudidores particulares del líder", manifestó el ex embajador.

Entre los rasgos notables que conformaban la estructura caracterología de Stalin

"habría que contabilizar su vjnlido del humor, gentileza y cordialidad". Pero

semejantes cualidades, "no atribuibles a Hitler, Franco y Mussolini, las

compartía con una severidad implacable, como evidenció a la hora Je purgar a los

disidentes".

Stalin, asegura Marcelino Pascua, era capaz" de "pasar horas y horas escuchando

relatos sin abrir la boca."Al menos a mí, jamás me inferrumpió durante una sola

explicación o disertación. Tan sólo al final rompía su concentrado silencio para

hacer una pregunta muy concreta, sobre hechos igualmente concretos". "En

definitiva —añadió Pascua—, Stalin quería información en lugar de opiniones o

halagos.

Por eso sus conocimientos de los protagonistas de aquella España resultaban

verdaderamente extraordinarios. No sólo sabía quiénes eran Largo Caballero. Gil-

Robles, Mola o La Pasionaria, sino que se expresaban certeramente sobre

insignificancias relativas a personajes secundarios de la politica y el

Ejército."

Vorochilov y Molotov

"Hombre que ante todo valoraba la fidelidad, la constancia y el trabajo,

Slalin potenció la figura de Vorochilov, reconociéndole su participación en la

guerra civil y su entrega total al partido. Vorochilov, si vivió para algo, fue

para el partido."

En cuanto a Molotov —que en opinión de Marcelino Pascua "fue ante todo un

excepcional administrador"—, su presencia en las altas esferas era la

consecuencia de los "méritos adquiridos desde los primeros tiempos de la

resistencia. Ya en el legendario Petrogrado, junto a Trosky y oíros compañeros

comunistas, Molotov había alcanzado gran prestigio revolucionario".

"Director de "ístra", órgano informativo de las fábricas, los cuarteles y los

"soviet", Molotov fue uno ite los estrategas de la oposición a los mencheviques

y de la hostigación al Gobierno Kerensky. Pero llegado el momento, Stalin se

olvidó de iodo y le condenó al olvido."

Trotsky

Refiriéndose a Trotsky, Marcelino Pascua, tras una súbita expresión de terror,

afirmó que jamás se le "hubiese Ocurrido pronunciar su nombre ante Sstalin". La

adversión del dictador a la figura gauchista de Trotsky y el rechazo de la

pretendida revolución permanente que éste encarnaba, era tal, que "nombrarle

equivalía a ser automáticamente ejecutado en el mejor de los casos. ¡Dios mío!

¡Pero si Trotsky representaba en el Kremlim al diablo, la peste y la traición!"

Disconforme con las purgas de Stalin, Pascua, no obstante, le reconoce grandes

méritos, "a pesar de que ahora esté muy a la moda negarle el pan y la sal. Antes

de juzgarle —puntualiza—. habría que tener en cuenta lo que era Rusia: un

inmenso país en el que cohabitaban religiones, etnias, culturas y tradiciones

diversas".

"Ante estas circunstancias, cualquier desviaciónismo resultaba peligroso. Si a

esto añadimos que por ser el primer país que abolió la propiedad, privada estaba

llamado a ser el potenciador de revoluciones económicas y políticas, ya me

contará usted la dimensión de los problemas."

 

< Volver