Autor: Ortega, Félix. 
   Toda la verdad sobre el oro de Moscú     
 
 Arriba.    16/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TODA LA VERDAD SOBRE EL ORO DE MOSCÚ.

SEGÚN opinión de expertos financieros occidentales, en este momento la gente más

preocupada por el oro de Moscú son los rusos, cuyas reservas, a ojo de buen

banquero, están entre dos mil y dos mil setecientas toneladas de metal. Este

dato absolutamente incorroborable, puesto que la estadística soviética, más bien

lenta, facilitó los últimos datos sobre reservas auríferas hace cuarenta y un

años, se basa en evaluaciones sobre producción minera, ventas en e| exterior,

donde el oro salva el foso monetario-ideológico dólar-rubio, y fuentes de

inteligencia.

El oro de Moscú preocupa bastante a Moscú, porque es su principal arma de

transacción en el exterior, su mecanismo para comprar tecnología o cereales

occidentales cuando lo precisa, o para adquirir divisas capitalistas cuando

precisa capital capitalista. Además de importante, el oro de Moscú es abundante.

La bromista geología ha puesto en cabeza de la producción mundial a la Rusia

leninista y a la Sudáfrica que muele a palos a los trabajadores de sus minas de

oro cuando salen de las galerías.

Pasando sobre el secreto burocrático que rodea al principal mecanismo monetario

soviético, los expertos occidentales creen que la producción aurífera siberiana

oscila entre trescientas y cuatrocientas toneladas al año, |o cual, si no habla

demasiado bien la precisión de la inteligencia, es indicativo. Lo suponen así

basándose —nuevamente— en factores de explotación y en factores de ventas rusas

en el exterior.

El oro de Moscú circula muy bien en el Occidente inflacionista. Como la madre

Siberia es generosa y las planificaciones son inflexibles, cuando la cosecha

sale mal en las tierras negras de Ucrania, los franceses, que, como se sabe,

tienen los colchones llenos de «napoleones» de oro, porque han perdido la fe ´en

el -Fondo Monetario Internacional, se ponen a temblar al mismo ritmo que los

responsables agrícolas del plan quinquenal soviético que corresponda.

Porque ocurre que, como en 1974, e| precio internacional del oro cayó de 190

dólares la onza a 135 al vender los soviéticos sus toneladas fuera de casa. En

1973, Moscú había vendido 330 toneladas en un momento en el que los granjeros

franceses casi flotaban en el aire cuando dormían, arrullados por sus monedas.

Entonces el precio cayó dé 130 dólares la ponza a noventa dolarecetes.

Finalmente, en 1976 la falta de diálogo entre rublos y divisas motivadas por la

plusvalía, forzó hacia abajo el precio internacional del metal de casi 200

dólares onza a los alrededor de 130 a que se cotiza ahora. No fue sólo el oro de

Moscú, pero el oro fue un factor. La subida, agregan fuentes financieras, había

estado relacionada con el hecho de que el oro de Moscú había circulado poco en

los países plusválicos en 1975. Sólo unas 140 toneladas. Como los mercaderes

capitalistas esperaban la aparición de casi trescientas, la emoción y la escasez

hicieron de nuevo, .y momentáneamente, más ricos a los agricultores franceses

con costumbres de Ali-Babá en sus métodos de ahorro.

Por fin, al penetrar en el nuevo año, el oro de Moscú, debido a compras masivas

en Occidente los pasados años, está, según los expertos, a un nivel tal vez

cuarenta o cincuenta por ciento inferior en el nivel de reservas al que estaba

hace un par de años. Y el problema soviético es tener tanto oro bajo tierra en

Siberia, no en Moscú. Porque el aumento de sus necesidades tecnológicas y de

compra facilitado por la detente, les puede poner en la disyuntiva de vender más

toneladas fuera de casa. Y si venden demasiadas, e! precio baja. Y no es que les

odien de nuevo los agricultores franceses. Es que reducen su propio valor

adquisitivo.

Félix ORTEGA

 

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