Autor: Jato, David. 
   El Oro de Moscú     
 
 El Alcázar.    14/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LOS comunistas utilizan la táctica de ironizar sobre aquellos temas ante los que

se encuentran dialécticamente desarmados. Los estudiantes saben bien, que ante

problemas como las represiones soviéticas de Hungría y Checoeslovaquia, o la

resistencia de buena parte de sus intelectuales, los marxistas han reaccionado

en reuniones y asambleas con grandes risotadas o frases despectivas, pero sin

aducir una sola razón.

Ahora, un cofrade del P.C., Sánchez Montero, que una revista destapada nos

presenta como un «monje laico», tras señalar la pobreza de la organización

comunista, toma a broma el tópico del oro de Moscú. La entrevista aparece en el

marco de esta situación, de equilibrio inestable, «en imparable deterioro de la

autoridad» en opinión de José María Ruiz Gallardón, en la que se han borrado los

límites de lo legal. Así se empieza: «Bajo el seudónimo de Circulo de Estudios e

Investigaciones sociales S.A. se encuentra camuflada en Madrid la sede de

operaciones del Partido Comunista»." De ahí, que tengamos como válida aún cuando

apuntamos en dirección contraria, su afirmación: «El Gobierno está infringiendo

la legalidad». El ciudadano Sánchez Montero no parece estar de acuerdo con el

pueblo español en aquello de no mencionar la soga en la casa del ahorcado, pues

entre nosotros, menos que en parte alguna se puede bromear con «el oro de

Moscú».

El envío del oro español a Moscú, operación bochornosa cuya responsabilidad

alcanza a todo el socialismo desde el P.S.O.E., al P.C., atormentó a muchos de

sus autores. Las reservas de oro del Banco de España, eran las terceras en

importancia entre todas las existentes en 1936.

Su cuantía hizo escribir a Indalecio Prieto: «Entretanto, la revista gráfica «La

U.R.S.S. en Construcción» dedicaba un número especial al aumento de las

existencias de oro en Rusia, atribuyéndolo al desarrollo de la explotación de

yacimientos auríferos allí. Era el oro de España». Cuando Prieto señaló su

seguridad de que el Kremlin no devolverla jamás aquél tesoro no elude la enorme

responsabilidad del socialismo español en ese hecho, pues socialista era el jefe

del Gobierno y socialista el ministro de Hacienda.

Rusia fue generosa, en opinión de Largo Caballero, con el ministro que llevó el

oro a Moscú, y pagó sus aventuras con generosidad. Asi dice el «Lenin» del

P.S.O.E. de su compañero en el socialismo y el gobierno:

«Dos o tres veces que pregunté por el señor Negrín, me dijeron que estaba en el

extranjero.

Para esas salidas no había pedido permiso ni advertido nada al Presidente del

Consejo. Yo guardaba silencio, suponiendo que habría ido a resolver asuntos

relacionados con los gastos de material de guerra y que debía guardarse el

secreto. Después supe que se marchaba con pasaporte falso, con nombre supuesto,

en magnífico automóvil y acompañado de señoras con quienes no tenía ningún

parentesco, y que había estado en París y Londres.

No serla ningún disparate pensar que en esas escapadas, aparte de las juergas,

se ocupase, de colocar fondos para, una vez terminada la guerra, disponer de

medios».

Indalecio Prieto precisó que para zanjar definitivamente las falsificaciones de

supuestos gastos con cargo al oro español, la URSS hizo desaparecer a todos los

funcionarios soviéticos que hablan intervenido en la operación desde el

comisario de Hacienda, Grisko que fue fusilado, hasta el Director del Grosbank,

Marguliz.

Con el dinero español se compró al comunismo europeo que sujeto por el oro tiene

la obligación de volcarse en cada circunstancia en favor de los comunistas

hispanos. Para no extendernos demasiado dejemos que el socialista Prieto nos

señale algunas de las ayudas recibidas por el Partido Comunista de Francia,

denuncia hecha en un articulo titulado «Un desfalco y una estafa»:

«El partido Comunista Francés administró para compras de material de guerra dos

mil quinientos millones de francos entregados por Negrín, sin que la

administración de tan enorme suma la hubiese controlado, poco ni mucho ningún

funcionario del Estado español.

El Partido Comunista Francés habla retirado para si, quizá como beneficio de

intermediario, cantidades considerables de dinero proporcionado por Negrin.

La propaganda, pública primero y clandestina después, del Partido Comunista

Francés se costeaba con dinero asi extraído del Estado Español, pues los

auxilios de la III Internacional eran nulos y el producto de las cotizaciones

distaba muchísimo del gasto enorme de esa propaganda.

Ávido de dinero, el Partido Comunista Francés, rectificando constantemente sus

liquidaciones por nadie examinadas, reclamaba mayores sumas a los señores Negrin

y Méndez Aspe.

El espléndido diario comunistoide Ce Soir, remedo del triunfante París Soir, se

sostenía con fondos de los suministrados por Negrín.

Y la flota, compuesta de doce buques, perteneciente a la Por David JATO.

«France Navigation», era propiedad de España, pues con dinero español se

compraron todos los barcos, no obstante lo cual los comunistas franceses, .

administradores de dicha compañía, se negaron a devolverlos considerándolos

suyos.

Pues bien, aunque todos esos gastos se hicieran con cargo al pro depositado en

Rusia, es imposible la completa consunción de éste. Repito que se trata de un

desfalco descomunal. A fin de exculparse, Rusia habrá-falsificado cuantos

documentos justificativos le sean menester, en la misma forma que falsificó

tantos para fundamentar procesos monstruosos contra enemigos del bolchevismo y

contra bolchevistas más o menos descarriados. Negrín, desde la tumba, no podrá

negar autenticidad a firmas suyas, trazadas por expertos falsificadores».

A juzgar por las cuentas de las subvenciones europeas que recibe el socialismo

español, el clima moral en que chapotean sigue siendo el mismo que nos describe

Prieto en los párrafos anteriores. Las ironías de Simón Sánchez tal vez sirven a

la conciencia de sus compañeros de viaje entre los que se encuentra el inefable

liberal señor Satrústegui, pero no convencerán a nadie que utilice la cabeza

para pensar.

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ENERO

1977

 

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