Autor: Salas Larrazábal, Jesús. 
   Puntualizaciones sobre el destino del oro español en 1936     
 
 Ya.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 21. 

HE leído el artículo.El destino del oro español en 1936, publicado en el

suplemento dominical del diario YA correspondiente al día 12 de diciembre de

1976, con interés al principio y lleno de extrañeza al adentrarme, en los

párrafos finales. ¿La extrañeza se acrecentó al. comprobar que el autor era mi

buen amigo y concienzudo historiador Ángel Viñas.

No abierto u comprender qué le ha podido impulsar u escribir la sorprendente

interrogante que reproduzco a continuación: "¿Cabe Imaginar a Sil Majestad el

Rey reclamar a monsieur Giscard d´Estaing el metal vendido por la República

española al Banco de Francia?"

Creo que muy pocos dudarían del derecho de ejercitar esta reclamación si

previamente no se hubiese efectuado la regularización correspondiente. Pero es

el caso que en 1939 negociaron el serrador francés León Félix Bérard y el

general y ministro español Francisco Gomez, de Jordana sobre este y otros temas

pendientes entre Francia y España, y llegaron a" un satisfactorio acuerdo.

El ejemplo comparativo aducido por mi amigo Ángel Viñas sirve precisamente paca

ver lo anómalo de la postura de quienes pretenden dar por zanjado. el tema del

oro español llevado a Moscú, sin una previa liquidación definitiva.

No han pretendido nuestros sucesivos Gobiernos ignorar los gastos legítimos

efectuados por la URSS con cargo al depósito aurífero del Bancó de España.

Puntualizaciones sobre el destino del oro español en 1936, pero están en su

derecho, y, creo que también en su obligación, de solicitar una justificación

clara de dichos gastos.

NO HUBO ACTITUD GUBERNAMENTAL CERRADA TAMPOCO entiendo la alusión de Viñas a

"la capacidad"de resistencia de los mitos creados por un régimen que había

llegado a ser prisionero de los mismos". Nada más lejano a la realidad en lo que

a este tema se refiere. El régimen recientemente sustituido no se negó

obstinadamente, como escribe Viñas, "a reconocer la enajenación del metal (o su

constatación documental)". Buena prueba de ello es que permitió la publicación,

incluso en revistas oficiales, de artículos y libros que admitían dicha

enajenación en un porcentaje elevado, porcentaje que llegó a ser evaluado por

estimación de las entregas.

Me refiero concretamente a mi libro "La intervención extranjera en la guerra de

España", salido a la venta en 1974, en el que se reflejaban gran número de datos

de la aportación rusa, que me permitieron valorarla en unos 380 millones de

dólares de la época, o sea, en un 74 por 100 del montante total del depósito.

Esta valoración había sido publicada anteriormente en el número 379 de la

"Revista de Aeronáutica y Astronáutica", correspondiente al mes de junio de

1972, revista que edita el Ministerio del Aire.

Como argumentación adicional, añadiré que varios historiadores y

economistas hemos sido convocados en tres ocasiones diferentes para colaborar

en. un estudio que tenía por finalidad aclarar en lo posible la situación real

de las cuentas con la URSS. En 1971 me comprometí a preparar un artículo para un

número extraordinario de la "Revista de Estudios Fiscales", que pensaba

dedicarse íntegramente al tema comentado; preparé y envié el artículo, pero no

debieron responder los demás articulistas, y el número especial no vio la luz.

Este fue el origen del trabajo, que finalmente publicó la "Revista de

Aeronáutica" en 1972.

Poco después fuimos de nuevo convocados varios investigadores para colaborar en

un estudio colectivo. Esta vez por el entonces ministro de Información y

Turismo, señor Sanchez Bella. Mi artículo debió de satisfacerle, pues no volvió

a insistir en el tema.

De nuevo resucitó la idea la "Reviste de Estudios Fiscales", cuyo director cursó

nueva convocatoria, esta vez por estrilo, en 1974. El único acto de este tercer

intento fue una reunión en el domicilio particular de Ángel Viñas, que nos

acogió con gran cordialidad. En aquellos momentos ya había corregido. las

pruebas de "La intervención extranjera en la guerra de España" y estaba a la

venta la monumental "Historia del Ejército popular", de mi hermano Ramón. Ángel

Viñas, que aparecía como impulsor de la iniciativa, perdió momentáneamente

interés por la misma, por razones personales, y la colaboración se demoró una

vez más.

Creo que lo anteriormente expuesto aclara suficientemente que los Gobiernos de

los unos 70 a 75 no adoptaron la actitud cerrada que les achaca ahora Ángel

Viñas. Retiraron de la circulación el libro de Simia, pues en una época de

censura previa, el no haberlo hedió hubiera podido interpretarse cómo aceptación

oficial de lo en él expuesto, sin que existiera evidencia de que la tesis de

Sarda fuera correcta.

Viñas reproduce ahora la argumentación del profesor catalán. Como ésta no me

convenció en 1970, es lógico que mantenga mi postura negativa, en 1976, pues el

artículo de YA no aporta datos esenciales nuevos. De no haberse aplazado un

seminario sobre estudios históricos contemporáneos, programado por la

Universidad Autónoma de Madrid para este cuarto trimestre de 1976, hubiera

podido discutir este tema con Viñas en un marco más reducido, pero las

circunstancias me han llevado a esta controversia pública, situación que no es

de mi agrado.

Sarda y Viñas se apoyan en que Negrín dio orden de venta de la mayor parte del

oro depositado en Moscú, pero esto no justifica el gasto del contravalor en

divisas do dicho oro vendido. Es posible que esto ocurriera y que la aportación

soviética superar» en precio a los 380 millones de dólares de 1939 que salieron

por evaluación directa, pero ello exigiría que las entregas de la URSS fueran

bastante superiores a las reconocidas; si fue así, lo lógico es que Moscú

aportase las pruebas pertinentes.

EL CONTRAVALOK EN DIVISAS

EL contravalor en divisas del oro vendido era contabilizado por un banco

soviético, que se encargaba de los adeudos correspondientes a las compras

realizadas por el Gobierno de Barcelona. El estudio del movimiento de dicha

cuenta es lo que dilucidaría la cuestión, no el de las 19 órdenes de venta de

oro.

Antes de profundizar en este criterio vamos a aclarar que en la propia

valoración, del oro vendido se aprecian burdos errores en las cuentas.

Según expone Viñas en su artículo, et proceso seguido fue el siguiente: una vez

recibida cada orden de venta de oro, se fundía y retinaba el metal aleado, para

convertirlo en fino, y se acreditaba al Gobierno de Barcelona su contravalor, al

precio del mercado en Londres. Sarda aclaraba, además, las mermas que Moscú

consideraba propias del proceso de fundición y la cantidad que cargaba por dicho

proceso. Todo esto resultaría razonable si Viñas no nos indicara en el artículo

que comentamos que el 80 por 100 del tesoro aurífero del Banco de España se

componía de monedas extranjeras, en su mayoría libras esterlinas de oro. según

demostró Luis Botín en su libro "Los años vitales", que reproduce el acta de

recepción que se firmó en la URSS. No be visto que nadie comente estas extrañas

cuentas que valoran las monedas de curso legal por debajo y no por encima de su

contenido en oro.

Mi primera objeción, pues, a los papeles que legó Negrín se refiere al método de

valoración de las monedas de oro.

La segunda proviene del criterio anteriormente expuesto de que la aceptación de

la venta del oro no implica el agotamiento de su contravalor en divisas.

Pero todavía queda una tercera objeción, pues aun admitiendo que dicho

contravalor llegara a utilizarse para hacer frente a órdenes de compra del

Gobierno de Barcelona, no puede darse alegremente por gastado. En efecto,

cualquier iniciado en el comercio internacional sabe que es normal en los

contratos de fabricación la exigencia de aperturas anticipadas de créditos

irrevocables por el total de los importes de los contratos; ello supone el

depósito de dicha cantidad en un bañen, i pero no garantiza su pago, que

se produce habitualmente contra la entrega y aceptación del material fabricado,

excepto Un porcentaje del orden del 30 por 100 que suele pagarse a la firma del

contrato.

En 19S9 llegaron a Francia, o estuvieron a punto de hacerlo, grandes cantidades

de material de guerra, encargado varios meses antes, que no pudo entrar en

España por ei rápido derrumbamiento de la resistencia en Cataluña. Resulta

evidente, pues, que saldos importantes tuvieron que quedar en diversos bancos a

disposición del hunco que ordenó las aperturas de los créditos.

Aparte de estas objecíones de carácter • general, debemos considerar como muy

probable que un análisis crítico de las facturas de las diversas entregas

llevara a una importante reducción de su montante total. Esta afirmación está

basada en la experiencia alemana e italiana, concretada en el hecho de que los

negociadores de estas nacionalidades presentaron Inlcialmente cuentas muy

superiores a las que," tras dura negociación, aceptaron finalmente.

Capítulo aparte merecería la contabilización de las exportaciones españolas a la

URSS a lo largo de los años l936 a 1939, cuestión fundamental para el encuadre

total de las relaciones económicas entre ambos países, que suele ser ignorada.

Otros muchos comentarlos podrían hacerse, pero creo conveniente no insistir hoy,

pues pienso que va hemos agotado la paciencia de los lectores.

Jesús SALA LARRAZABAL

 

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