Autor: Viñas, Angel. 
   El destino de las reservas de oro en la Guerra Civil española     
 
 Ya.    12/12/1976.  Página: 4-5,7. Páginas: 3. Párrafos: 13. 

EL DESTINO DE LAS RESERVAS DE las tres grandes decisioones iniciales adoptadas

por el Gobierno de Izquierda Republicana de don José .Giral para atajar las

consecuencia del golpe militar del 18 de julio, dos han sido comentadas hasta la

saciedad: la entrega de armas a las organizaciones sindicales y la de solicitar

ayuda al presidente del Consejo de Ministros de la República Francesa. Ambas sé

produjeron en la mañana y tarde, respectivamente, del día 19. La tercera gran

decisión ha tenido, por el contrario, menos fortuna y, a pesar de su

importancia, apenas si ha encontrado glosadores: se trataba, sin embargo, de

una, medida que daría origen a un proceso no menos dramático cual fue el de la

movilización y venta de las reservas metálicas del Banco de España con el fin de

financiar las necesidades de la contienda.

El- 21 de julio de 1936, el ministro de Hacienda republicano, don Enrique Ramos

y Ramos, comunicaba

al gobernador del Banco, don Luis Nicolau d´Olwer, que el Gabinete habla

decidido autorizar la venta de metal hasta poco más de veintidós millones de

pesetas oro para ejercer "la acción interventora en el cambio internacional" y

estabilizar la cotización de la peseta. Esta era, en efecto, la única

posibilidad legal prevista en la ley de Ordenación Bancaria para enviar oro al

exterior: la legislación de la época de paz se mostraba notoriamente Inadecuada

para atender a las necesidades que surgian de la güeña. En la caja reservada del

Banco de España se encontraban entonces unas 635 toneladas de oro fino,

compuestas esencialmente por monedas, extranjeras en un 80 por 100. El tesoro

tenía un valor que puede cifrarse en unos 715 millones de dólares de la época.

Nueve convenios de préstamos.

El 24 de julio de 1936 se firmó entre el Gobierno republicano y el Banco de Es

paña el primero de una serie de nueve convenios de préstamo por loa cuales éste

ponía a disposición de aquél las reservas metálicas para su venta, con el fin de

obtener divisas que aplicar a las necesidades de pagos internacionales de la

República, Las enajenaciones iniciales se harían al Banco de Francia, comenzando

las órdenes de disposición del metal el 31 de Julio. Entre esta fecha y finales

de marzo de 1937 se remesarían a Francia unas 174 toneladas de oro fino, que en

su mayor parte se venderían al Banco de Emisión francés. Su contravalor se

abonaría a una cuenta de crédito que había abierto el Banco de España en el de

Francia, en 1931, y desde ella se transferirla a distintos países para hacer

frente a los pagos por adquisición de armas, pertrechos y servicios. A partir

del 7 de noviembre de 1836, el Estado republicano canalizaría sus pagos a través

de la Banque Commercíale pour l´Europe du Nord, de París, bajo con-

trol soviético, y a la cual traspasaria el Banco de Francia los importes

ordenados desde Madrid o Valencia.

ORO en la GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

En 1936 se autorizó la venta de metal hasta veintidós millones de pesetas oro •

El Gabinete creyó la medida necesaria para ejercer "la acción interventora en el

cambio internacional" y estabilizar la cotización de la peseta • En aquel

entonces el tesoro tenía un valor que puede cifrarse en unos 715 millones de

dólares de la época • Las enajenaciones iniciales se hicieron con el Banco de

Francia. En pocos meses se remitieron a Francia unas 174 toneladas de oro fino.

La inicial enajenación de las reservas vía Banco de Francia iría a parar, en un

95 por 100 del importe total, a los agentes republicanos que actuaban en el

exterior comprando armas y contratando servicios de todo tipo (Luis Araquistain,

Alejandro Otero, Rafael Méndez, Alvaro de Albornoz, Luis Riaño, Pedro Pra, Félix

Cordón Ordás y Eusebio Rodríguez recibieron las sumas más importantes) o a

ciertas cuentas especiales abiertas al Centro Oficial de Contratación de Moneda

o al Banco de España. En este periodo el Gobierno de Madrid pudo sentir los

efectos de la arremetida de Franco contra la venta de las reservas y las

reticencias de ciertos bancos extranjeros para cursar transferencias a agentes

republicanos.

El recurso al banco bajo control soviético trataría de remediar tales

deficiencias: para entonces, con la capital de España en peligro, el nuevo

ministro de Hacienda, don Juan Negrín, y el nuevo presidente del Consejo, don

Francisco Largo Caballero, acelerarían el proceso de movilización del oro

Iniciado por Giral y Ramos. De entrada, el metal se trasladó fuera de Madrid,

medida que el Gobierno precedente no había osado adoptar. En segundo lugar, se

intensificó el ritmo de ventas a Francia: en la primera mitad de octubre (el oro

había terminado de llegar a los polvorines de La Algameca, en la base naval de

Cartagena, el 21 de septiembre) se enviaron a Marsella unas treinta toneladas de

oro fino. A finales de mes se remitieron otras 44 toneladas.

Nuevo destino del oro

Entonces, sin embargo, había surgido ya un nuevo destino para el oro del Banco

de España. El Gobierno republicano necesitaba divisas, organización bancaria

secreta y activo apoyo exterior. En las condiciones monetarias, políticas,

díplomáticas y militares del comienzo del otoño de 1936 el traslado fuera de

España del oro sólo podía realizarse a la URSS el 15 de octubre. Largo Caballero

informaba de tal decisión al embajador soviético en Madrid. Una semana mas tarde

se inició la carga en Cartagena, terminándose el 25. Pocos días después, la

Banque Commerciale pour l´Europe du Nord comenzaba las primeras transacciones

financieras internacionales del Gobierno republicano, que cargó con los costes

del transporte del oro a Moscú: 88.259,80 dólares.

Con el metal se estableció un depósito número 1, constituido por 910 toneladas

de oro aleado (poco más de 460 toneladas de fino). Su valor ascendía a 518

millones de dólares de la época.

El Gobierno republicano o, mejor dicho, don Francisco Largo Caballero y don Juan

Negrín no tenían interés en dejar dormir el. deposito: seguían necesitando

urgentemente divisas y material de guerra, y el 16 de febrero de 1937 dieron la

primera de las diecinueve órdenes de venta que liquidarían gran parte del

depósito. Las seis órdenes iniciales las firmarían conjuntamente ambos

dirigentes. Luego seria Negrín (ya presidente del Consejo) quien tomaría tal

responsabilidad(compartida por don Francisco Méndez Aspe cuando accedió, el 6 de

abril de 1938, a la cartera de Hacienda y Economía).

La mecánica de disposición del depósito fue simple: desde Valencia (o Barcelona)

se cursaban las órdenes supersecretas de venta del oro por determinados importes

expresados en dólares. El metal aleado se fundía y reflnaba y se convertía en

fino, cuyo contravalor, al precio del mercado de Londres, se aplicaba bien al

pago de suministros bélicos soviéticos efectuados previamente o se transfería a

la cuenta abierta por el Ministerio de Hacienda republicano en la Banque

Commerciale pour l´Europe du Nord, donde se centralizaría gran parte de las

tenencias de divisas de la República. Dentro del primer caso hay que computar,

por lo menos, 131,5 millones de dólares. A París se transfirió un mínimo de

113,6 millones de dólares, 41,5, millones de libras y 375 millones de francos.

Ambos supuestos agotaron 426 de las 460,5 toneladas de fino por las que se

efectuó el depósito.

Convenio con Rusia

El 7 de marzo de 1938, la República Española y la Unión Soviética establecieron

un convenio crediticio a tenor del cual se constituyó un segundo depósito,

desglosado del primero, por un total de 31 toneladas de fino. Con arreglo ya a

otro procedimiento, el Gobierno Republicano dispuso totalmente del contravalor

del nuevo depósito en el período que terminó el 15 de octubre. De hecho, el 1 de

agosto de 1938 sólo quedaban en el antiguo algo menos de dos toneladas de fino.

La venta del oro había sido rápida, pero también hablan sido rápidos los

suministros bélicos soviéticos: en el primer año de guerra se habían recibido,

por lo menos, 300.000 fusiles, 10.500 ametralladoras, 5.200 fusiles

ametralladores, 900 piezas de artillería, 400 tanques, 400 aviones, 66

ametralladoras para avión, 10 cañones y 55 ametralladoras para barco, 4 lanchas

torpederas, municionamiento, repuestos, etc. Casi todo

(Continúa en la página 7.)

El destino de las reservas de oro en la perra civil española

En las condiciones de la España de 1936, el traslado del oro sólo podía

realizarse a la Unión Soviética. La venta del oro fue rápida para obtener

numeroso material bélico este material se pagó directamente en Moscú.

El 26 de noviembre de 1938, Negrin y Méndez Aspe solicitaron nuevos suministros:

los rusos y el Gobierno de Barcelona habían contratado ya cierto material en la

Ciudad Condal, pero los dirigentes republicanos lanzaron un plan de necesidades

previstas para los cuatro •trimestres de 1939 (!). Era ya una época en la que la

República se había visto obligada a recurrir a las reservas de plata del Banco

de España. Precisamente, la movilípe, practicando la ley del silencio; Largo

Caballero culparía a Negrin de engaños y turbios propósitos; Prieto adujo

ignorancia y atacó sin piedad al político canario. Incluso el propio Negrin no

soltaría prenda hasta que en 1956, en un rasgo de genio que era a la vez una

trampa en que incautamente cayó el Gobierno del general Franco, hizo que se

entregasen postumamente a éste los documentos que permiten reconstruir gran

parte de la operación de venta del oro en Moscú.

Sobre Negrin se desataría la Indignación de alguna nación de éstas y su venta (a

las autoridades norteamericanas y a empresas francesas y belgas) dio ocasión a

los dirigentes republicanos para regularizar la disposición del oro: un decreto

reservado de 29 de abril (pronto conocido por los nacionales), firmado por

Méndez Aspe y rubricado por Azaña, elevaba a la categoría de norma jurídica la

práctica hasta entonces seguida. El artículo segundo autorizaba al ministro de

Hacienda y Economía a tomar a préstamo oro y plata del Banco de España para

atender a las necesidades de la guerra y el artículo tercero le facultaba para

enajenar libremente tales metales. Subsistía la obligación de reembolso del

Tesoro al Banco de las cantidades dispuestas. El día anterior a la firma se

había cursado a Moscú la última orden de venta de oro, pero el decreto

convalidaba expresamente todas las situaciones jurídicas y disposiciones

ocurridas anteriormente.

Republicanos y nacionales

La operación iniciada por la República Española como respuesta al reto

existencial que se le había planteado sería distorsionada después por

republicanos y nacionales, «a extraña unanimidad. Los primeros tratarían de

salvar su responsabilidad en la venta de las reservas: Giral, Azaña y Méndez As-

nos de sus correligionarios, en tanto, que Franco se negaría obstinadamente a

reconocer la enajenación del metal (o su constatación documental). La bien

orquestada prensa española acentuó la entrega del acta de depósito, pero

silenció, en general, la contabilidad que la acompañaba. En torno al oro del

Banco de España volvieron a congelarse los frentes en las posiciones de la

postguerra y cuando el profesor don Juan Sarda, trató tímidamente en 1970 de

deshelar el nacional, su trabajo fue secuestrado por orden del Gobierno.

La necesaria clarificación histórica, económica y política tropezaba, sin duda,

con la percepción a corto plazo de intereses muy concretos y con la capacidad de

resistencia de los mitos creados por un régimen que había llegado a. ser

prisionero de los mismos.

En los momentos en que, en 1976, la Monarquía lanza una suave ofensiva en poli-

tica exterior y se inicia la transición no parece que haya cambiado mucho la

situación respecto al oro, pero, ¿cabe Imaginar a Su Majestad el Rey reclamar a

monsieur Giscard d´Estaing el metal vendido por la República española al Banco

de Francia?

Ángel Viñas

(Técnico Comercial del Estado. Catedrático.)

12-XII-1976

 

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