Según uno de sus hijos. 
 El Gobierno opuso reiterados obstáculos al regreso de los restos de Alcalá Zamora  :   
 La familia venía realizando gestiones desde el 1977. 
 ABC.    18/08/1979.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. SÁBADO, 18 DE AGOSTO DE 1979.

SEGÚN UNO DE SUS HIJOS.

EL GOBIERNO OPUSO REITERADOS OBSTÁCULOS AL REGRESO DE LOS RESTOS DE ALCALÁ

ZAMORA.

La familia venía realizando gestiones desde 1977.

Niceto Alcalá-Zamora y Castillo, hijo del primer presidente de la II República

Española, Niceto Alcalá Zamora y Torres, puntualiza, a través de una carta

enviada a Efe, algunos aspectos sobre las circunstancias en que se ha

desenvuelto el traslado de los restos mortales de su padre desde Buenos Aires a

Madrid. Dice si: «En 1977, con motivo de cumplirse el centenario de su

nacimiento, la familia realizó una exploración (por medio de un intimo amigo,

don Juan Lladó, presidente del Banco Urquijo y padre de don José Liado, entonces

ministro y en la actualidad embajador en Washington) para saber si se podía

traer su ataúd a Madrid, ya que no podíamos correr el riesgo de que, tras

arribar en el puerto español, se impidiese su entrada en territorio nacional y

hubiese que devolverlo » Argentina, dado que tampoco se nos pasó siquiera por la

Imaginación efectuar una inhumación clandestina o de contrabando.

La respuesta del señor Martín Villa fue negativa, so pretexto de que habría

habido que rendirle honores oficiales, petición que ios familiares no formulamos

ni Insinuamos en ningún momento y que, ademas por razones obvias de

republicanismo, no habríamos aceptado del actual régimen.

Poco después, el 6 de julio de dicho año, se efectuaron en Priego de Córdoba los

actos conmemorativos del centenario de su natalicio, en un ambiente de fervor

Indescriptible de sus «paisanos hacia su hijo más Insigne, pero también entonces

el Gobierno, a través del gobernador civil de la provincia, opuso toda serle de

dificultades:

• Quiso obstaculizar el acuerdo del Ayuntamiento, todavía de designación

gubernativa, de restablecer en su casa natal la lápida que los falangistas

destrozaron en 1936, y a tal fin pretendió que la misma apareciese recubierta

por unos determinados colores absolutamente Inadecuados.

• Superado ese escollo, pretendió que los hijos no hablásemos en la

ceremonia programada, sin conseguirlo tampoco.

• Amenazó con que la fuerza pública disgregaría a los asistentes tan pronto

se produjese el menor incidente, (Por fortuna, alguien le convenció de que

ello habría podido desembocar en una tragedia, habida cuenta de la cifra de

personas reunidas en la calle.)

• Vetó el acuerdo municipal que la calle principal de Priego, en

.la que se encuentra su casa natal, y que desde 1910 llevaba su nombre, lo

recuperase, como también que se hiciese otro tanto en el Instituto de

Segunda Enseñanza de su pueblo, creado siendo él presidente de la República.

En 1979, trigésimo año de su fallecimiento, se hizo una nueva gestión (en la que

no tuve intervención alguna) para el traslado. Obtenida la autorización

Indispensable, sólo asistimos al entierro quince personas de la familia más

íntima, de ellas cuatro hijos y siete nietos. Produce por ello estupor que el

señor Mella, secretarlo de Estado para la Información, sostenga que el Gobierno

no puso trabas al sepelio del señor Alcalá Zamora. Por supuesto, jamás

intentamos convertir un acto, para nosotros tan emotivo, en esa manifestación

multitudinaria a que el señor Meliá se refiere; pero si habríamos deseado, y no

fue posible, que hubiesen concurrido otros familiares, amigos lealisimos,

colaboradores suyos de cuando fue presidente, o paisanos de Priego. Entre quince

personas y una multitud no se habrían hundido las esferas si se hubiese

consentido la asistencia, por ejemplo, de un centenar.

Finalmente, es inexacto, en absoluto, que la familia recabase para nada, como

asegura el señor Meliá, la cooperación del Ministerio del Interior, a menos que

el secretarlo de Información atribuya a ese vocablo un sentido para su uso

particular y con metas de propaganda partidista o de que entienda que la misma

consistió en la anomalía de que en el cementerio de la Almudena no pudiésemos

disponer, pese a haberse solicitado con antelación suficiente, de los servicios

de un sacerdote para que rezase un responso.»

 

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