Autor: Valladolid, Agustín. 
 Alcalde de Cercedilla durante la Guerra Civil. 
 Treinta y ocho años escondido por temor a las represalias     
 
 Arriba.    19/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Alcalde de Cenedilla durante la guerra civil.

TREINTA Y OCHO AÑOS ESCONDIDO POR TEMOR A REPRESALIAS.

Don Protasio Montalvo Martín, de setenta y siete años de edad, treinta y ocho de

los cuales los ha pasado escondido por temor a Jas posibles represalias que se

sucedieron al término de la guerra civil.

En el lugar de Su voluntario y cercano exilio, una pequeña casa, a tres

kilómetros de Cercedilla, a la que se accede por un empinado camino, nos ha

recibido. Fatigado, visiblemente emocionado por la presencia de caras que

recuerda o por otras que llevan la sangre de sus antiguas compañeros, este

hombre, cuya lucidez Impresiona, nos cuenta, entre abrazo y abrazo, su singular

historia.

—Don Protasio, ¿por qué tanto tiempo encerrado?

—Sueno, yo era Alcalde de Cercedilla cuando nuestra guerra y por el mero hecho

de ser ana autoridad sabia que si me dejaba ver habría represalias.

—¿Pero no sintió nunca la necesidad de arriesgarse y salir?

—Sí, alguna vez quise hacerlo, sobre todo en los últimos años. Pero mis hijos,

que estaban al tanto de fo que ocurría en el pueblo, no lo creyeron oportuno.

Ahora sólo queremos vivir en paz. Después de lo que hemos sufrido, no queremos

ningún tipo de querella con nadie.

Militante del PSOE.

—Don Protasio Montalvo tiene tres hijas y un hijo. Andrés, el pequeño, tiene un

taxi y es el presidente del PSOE en Cercedilla. ¿Quién testaba al corriente de

su cautiverio voluntario?.

—Sólo mis hijos. Mi nuera y mis nietos han sabido hoy de mi existencia.

—¿Militaba usted en algún partido político?

—En el Partido Socialista Obrero Español, en el que, a partir de hoy vuelvo a

estar. He recibido el carné número cero.

—¿Según tenemos entendido, el PSOE sa está ocupando de legalizar su situación

actual?

—Efectivamente. Aquí ha estado Peces Barba y me ha comunicado que ellos se

ocuparán de las gestiones necesarias, como documentación, etc., para que mi

situación quede aclarada legalmente.

—Don Protasio, cuéntenos qué hacía en un día cualquiera.

—Pues arreglaba cosas de la casa, leia mucho...

—¿Entonces estaba usted ai corriente de lo que pasaba en el país?

—Si, de todo. Yo leía ¡a Prensa, oía la radio y sabía en todo momento ¡a

situación política que el país atravesaba.

—¿Qué opina entonces del actual. momento político?

—Pues, personalmente, tengo que estar agradecido al Rey y al Presidente del

Gobierno, porque han hecho posible el que yo haya podido salir a la luz pública.

—Y la gente de aqui, ¿qué decía sobre su paradero?

—Unos decían que estaba en Francia —allí tengo una hija, que hoy mismo se ha

enterado de que he puesto fin a mi cautiverio—; oíros, que en Brasil, y los

demás, que estaba muerto.

Toda una >>media vida>> en un escondite por el miedo. Sin tener más compañía que

la de su mujer, doña Josefa, y sus hijos. Cuando don Protasio Montalvo salía a

despedirnos, rodeado de sus nietos, daba la impresión que un milagro se había

obrado. Era la viva imagen dé una guerra clvi! completamente olvidada en las

páginas del pasado. Miedo y rencor quedaban atrás. Agustín VALLADOLID

(Fotos ANTONIO)

 

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