Autor: Cid, Ricardo. 
   Ramón Ariño: "Nadie abandonó su puesto"     
 
 Interviú.    14/04/1977.  Página: 37-39. Páginas: 3. Párrafos: 24. 

Ramón A riño: "Nadie abandonó su puesto"

Por RICARDO CID CAÑAVERAL Fotos: SANTIAGO GARCÍA MUÑOZ

Un hombre de unos setenta y tantos años. Ágil y menudo. Con la mirada penetrante

y fija de una visión debilitada. Se llama Ramón Ariño. Fue presidente de la

Diputación de Madrid durante toda la guerra civil.

En una estantería modesta se alinean las obras completas de don Manuel, de

Azaña. Formó parte de la primera Junta de Defensa de Madrid. Se ha pasado cerca

de veinte años de su vida en las cárceles de Franco. Sigue haciendo política:

"Izquierda Republicana no ha dejado nunca de existir y de actuar".

"Lo cuenta Casado en el libro que publicó poco antes de morir. Cuando las tropas

de Franco entraron en Madrid, dos políticos se habían quedado en la capital:

Julián Besteiro y Ramón Ariño".

"No te escribirá nadie a su periódico diciendo que no es cierto lo que yo te

diga." Aunque la gente tiene cara para desmentir cualquier verdad. La casa de

Ariño es simple, confortable: "Todo lo he tenido que rehacer". Habla de

"negocios" como medio de vida. Oculta con pudor representaciones de chorizos por

los pueblos para sobrevivir. Sobrevivir ha sido un milagro.

Un muchacho aragonés que llega a Madrid a los doce años. Hijo de un trabajador.

Enseguida trabaja él mismo. Y, al mismo tiempo, estudia. Se afilia muy joven al

Partido Radical Socialista, que más tarde se fusionaría con Izquierda

Republicana, de cuyo Consejo Provincial fue elegido secretario. Es el historial

"probélico" de Ramón Ariño.

"En julio del treinta y seis (¿de qué año?) la Aviación alemana bombardeó d

palacio que ocupaba la reputación en la calle de Fomento". El entonces

presidente recuerda: "El bombardeo fue a las tres de la tarde. Y después tuvimos

sesión en otro lugar, en el edificio de la inclusa. Las minorías parlamentarias

de la Diputación —Izquierda Republicana, Unión Republicana, PSOE— permanecieron

en su puesto.

"Yo estaba en la primera Junta de Defensa, en la presidida por Largo y, en su

ausencia, por el general Asensio. Luego, en la segunda Junta, presidida por

Miaja, estaban ya solamente representantes de los partidos y de las sindicales.

Y la tercera Junta fue la del golpe de Estado, sí, ponga golpe de Estado, dado

por Besteiro y Casado".

La memoria de Ramón Ariño es nítida. Los hombres que han pasado cuarenta años en

silencio tienen recuerdos precisos. "Era diputado conmigo Wenceslao Canuto, que

pertenecía al PSOE. También él permaneció toda la guerra en Madrid. Hay que

elogiar la austeridad y la hombría de bien de ese hombre. Es penoso que el hijo

(Santiago Carrillo) haya dicho de su padre algunas cosas como las que ha dicho.

La caída de Madrid es un tema recurrente: "En la tercera Junta no estaba ningún

representante de Izquierda Republicana. Había un miembro del partido, pero no lo

representaba. Tampoco había nadie del PC. El presidente y el secretario de

Izquierda Republicana se enteraron del gotee por la radio.

"Besteiro solicito que acudiera alguien de Izquierda Republicana a las reuniones

de la Junta, al menos para informar. Como Izquierda Republicana no tenía tomado

acuerdo de asistir, yo solicité que previamente se discutiera eso, porque San

Andrés no nos representaba, y, además, estaba enfermo. Se acordó asistir y fui

designado. Yo comparecí en dos reuniones informativas antes de que ´se

permitiera´ la entrada de las fuerzas de Franco. La última fue el veintinueve o

el treinta de marzo, a las siete de la tarde.

Luego, por la noche a las doce, estaba yo en la redacción de nuestro semanario

"Política" y recibí una llamada urgente. Me convocaron a una reunión para

decirme que podía salir con ellos

antes de las dos de la mañana. Esa era la exigencia del cuartel general

franquista. De los de aquella reunión, sólo dos personas nos negamos a abandonar

Madrid: don Julián Besteiro y yo."

Un camino sembrado de cadáveres: "Fuimos a explicar la situación a San Andrés,

que estaba muy grave en el sanatorio del Rosario. Le enviamos en una ambulancia

para Valencia. Le cogieron en Valencia, y murió en el penal de Pamplona".

ESPAÑA COMO CÁRCEL

"No digo en qué trabajo, porque ya me quitaron todo lo que tenía, y no vaya a

ser que me lo quiten otra vez." Le quitaron también, y sobre todo, la libertad.

Los hijos, en asilos, y el padre, en un itinerario interminable de penales y

cárceles. "Salí en d sesenta y dos, a tos sesenta años de edad. Al acabar la

guerra me condenaron a muerte. Así estuve siete meses. Después, Porlier,

Pamplona, Burgos...". Sale en libertad en el cuarenta y cuatro, aunque "me

detuvieron mego siete u ocho veces". Y el último proceso, en el 48:

"Me condenaron a dieciocho años como presidente del Consejo Nacional de

Izquierda Republicana. Así lo considero probado el Consejo de Guerra que me

juzgó. Pasé doce años más en la cárcel".

Ariño se interrumpe: "No hay que realzar ahora tos tintes persecutorios. Más

bíteres tengo en recalcar que tos republicanos hemos sido siempre enemigos de

toda clase de violencia. También de la ejercida desde el Poder".

Una linea quebrada, pero no rota, que pasa por las cárceles y los paredones y el

silencio: "Nunca hemos dejado de actuar para restablecer en España las

libertades suprimidas por los que se sublevaron. Pero en ningún momento hicimos

ningún acto de violencia que pugna con nuestra formación política de siempre .

Ariño habla sin ampulosidad y sin irritación. Con algo de construcción clásica,

tajante. Como quizá hablaba Marcelino Domingo, el que fue presidente del Partido

Radical Socialista y luego vicepresidente de Izquierda Republicana. Ariño apunta

con el dedo: "Marcelino Domingo hizo, como ministro de Instrucción Pública, más

escudas en dos años que la Monarquía en treinta. Con una pedagogía moderna.

Penal de Burgos en 1943. En el centro, de pie, Ramón Ariño. A su derecha, el

diputado socialista Luis Lavin.

¡Qué escuelas! Muchas están todavía ahí. A Marcelino Domingo le hizo campañas

tremendas de difamación el insensato de José María ;Gil-Robles... Los hombres

que más daño hicieron a la República fueron Largo, por la izquierda, y Gil-

Robles, por la derecha. Si Gil-Robles hubiera procedido como De Gasperi en

Italia». Pero no, jugaron con tos poderosos. Poderosos de la miseria, carentes

de pudor, que hicieron la brutal masacre.

«SE HABLA MUY POCO DE LIBERTAD"

Los recuerdos van encontrando conexiones con el presente. "Pero ¿es que se puede

comparar a aquellos políticos con éstos? ¿Comparar a Azaña? ¿Con quién? ¿Con

Girón, con Arias Navarro? Tuvo que hacerse una suscripción para comprar un coche

a Azaña, porque él seguía yendo en tranvía cuando era presidente del partido, y

se decidió que era peligroso."

Hasta llegar al presente de plano. "Se habla mucho de democracia. Pero muy poco

de libertad, y menos de justicia igual para todos. No hay democracia sin

libertad y garantías. Hace falta tener un poco más de respeto por el pueblo

español. Para hablar de democracia hay que haber respetado la libertad".

La comparación surge de nuevo, inevitable. Y, por tanto, el pasado: "En las

cárceles se ha vivido el espanto. Las ´sacas´ (hacia el paredón de fusilamiento)

de cuarenta, ochenta o ciento veinte hombres diarios, y los domingos alguno más,

para santificarlos". El horror y la corrupción: "Estando en la cárcel se nos

hizo a algunos un ofrecimiento para colaborar en ´Revista de Occidente´. La

oferta era seguir en Madrid, estar más cómodos, ser presos ´distinguidos´.

Contestamos que no escribiríamos sin libertad de prensa. A los diez días, unos

estaban en el Dueso; otros, en Pamplona. A mí me mandaron a Ocaña".

La dignidad: «"Yo he mantenido mi posición en la cárcel y también ante ese señor

Conesa. Y en la prisión de Valencia, cuando aquél pronunciaba un discurso que

era un insulto, te dije que me daba vergüenza oírle".

"Me ha costado caro. No ha sido fácil el cambo."

"TARANCON SERIA UN BUEN JEFE DE GOBIERNO"

"Nosotros, en este momento, somos espectadores. Hay qne ver lo que pasa ahora:

Carrillo, que dice que no tiene inconveniente en ver al Rey; Alberti, en esa

foto... La oposición... Tras la liquidación de la dictadura, el Rey encargó a

Sánchez Guerra formar Gobierno, y éste te respondió que primeramente tendría que

Ir a la cárcel Modelo a buscar allí ministros. Va allí, y tos políticos presos

te responden: ´No´.

Yo me sigo quedando con los de antes."

Y vuelve el gran tema: "Los viejos como yo —¡ojalá fuera joven!— pensamos que no

hay nada que valga tanto como la libertad". Casi la letra misma del himno

anarquista: El bien mas preciado es la libertad.

Ahora hay miedo a la libertad. ¿Ha leido usted ese libro? Si, El miedo a la libertad"

... Yo tengo miedos.

Yo quisiera qoe ustedes tuvieran una formación... Porque no ha habido mas verdad

que la mentira que les han contado. Con la monarquia de Alfonso XIII teniamos mitienes,

periodicos..." Pocas veces asoma la nostalgia. cuando esto ocurre, Ariño cierra los

ojos como si le molestara la ¡V "Habia entonces peñas en los preiodicos. Yo trabaje

en "La Líbertad y en otros diarios. No se si sigue esa costumbre de bu peñas en los

periódicos.´1

De nuevo la honestidad: "Tarancón es un nombre que resoltará idóneo como jefe de

Gobierno. Tiene una honestidad que yo quisiera ver en la oposición. Dignidad y

entereza bu que tuvo el d hablar en el acto ese de la coronación",

Una última revisión: "No be sido nunca anticomunista ni antinada. Yo estoy por J

a libertad. Yo quiero ser honesto, leal. También con los adversarios. Y estoy

intimamente satisfecho de lo que hice".

"Y quiero morirme siendo así. No tengo problemas político» con mis hijos."

 

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