Impaciencia:. 
 Cuatro proyectos de asociación     
 
 Dossier Mundo.     Página: 18-20. Páginas: 3. Párrafos: 43. 

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MAYO-JUNIO 1971

Impaciencia:

Cuatro proyectos de asociación

La prueba de la impaciencia con que los españoles esperábamos las asociaciones la constituye el hecho de

que antes de transcurrido un mes de que el Pleno del Consejo Nacional aprobase las Bases de las

asociaciones de opinión pública dentro del Movimiento ya se habían iniciado sondeos para constituir

asociaciones. Los españoles con auténtica vocación política sabían que en realidad el auténtico sujeto

político en el actual nivel histórico es el grupo. El individuo aislado, a la hora de las grandes decisiones,

apenas cuenta. Nada tiene, pues, de extraño que los españoles que, aún estando dentro del sistema, tenían

inquietudes políticas intentaran organizarse políticamente.

El primer trámite a seguir, según las citadas Bases, para constituir una asociación es la formación de una

llamada Comisión Organizadora. Dicha Comisión se disuelve una vez se celebren elecciones para

designar los órganos de Gobierno. Para la constitución definitiva de la sociedad cuentan los organizadores

con un plazo de seis meses, prorrogables por otros seis.

La primera asociación

La primera acta de constitución que se firmó ha sido la asociación que pretendía agruparse bajo el nombre

de «Acción Política». Los nombres de los diez primeros firmantes produjeron cierta sensación en los

ambientes políticos españoles. Y no debemos olvidar que, por aquellas fechas, para que un hecho atrajera

la atención política tenía que revestir una indudable trascendencia. El verano de 1969 trajo al panorama

español dos de los más importantes acontecimientos, en cuanto al mundo de lo noticiable se refiere, que

se produjeron en los últimos años: el nombramiento de don Juan Carlos de Borbón como Príncipe de

España, en cuanto despejaba una importante incógnita sucesoria, y el estallido del «affaire» Matesa,

presentado a la opinión pública con una inusitada espectacularidad.

¿Cuál era la razón de la expectativa despertada? Los nombres de los diez primeros firmantes del acta

aclara mucho a este respecto. En ella figuraban nombres como don Pío Cabanillas Gallas, entonces

subsecretario de Información y Turismo y secretario del Consejo del Reino; don José López Muñiz, que

desempeñaba la presidencia de la Diputación de Oviedo y que también figuraba como consejero del

Reino; don Juan Manuel Fanjul Sedeño, procurador familiar por Madrid y uno de los llamados

«procuradores trashumantes»; don Francisco Giménez Torres, ex secretario general de la

Organización Sindical y ex consejero del Reino; don José Antonio Perelló, procurador familiar por la

provincia de Valencia; don José García Hernández, jefe de la Asesoría Jurídica del Ministerio de

Información y Turismo y consejero nacional del Movimiento por Guadalajara; don Joaquín Viola Sauret,

procurador familiar por la provincia de Lérida; don Luis de Ángulo Montes, procurador en Cortes en

representación de los Colegios de Abogados; don Luis Jaudenes García de Sola, uno de los iniciadores del

«Grupo Institucional» en 1966 y don Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo, sobrino del que fue ministro de la

Dictadura, don José Calvo Sotelo y director general de la Unión Española de Explosivos.

No resulta fácil averiguar la particular ideología de que se nutriría la actuación pública de «Acción

Política». Había que hilar muy delgado para encontrar afinidades. «Una sola cosa queda cierta en su

orientación: el apoyo incondicional al sucesor del Jefe del Estado, de quien —se asegura por ahí— esta

asociación constituirá la base política y la cantera de cargos e ideas.» Esto escribíamos en agosto de 1969.

Podría precisarse, en principio, que se pretendía defender la monarquía católica, social y representativa tal

como la propugnan nuestras Leyes Fundamentales. Alguien, fijándose tal vez en los antecedentes

políticos de algunos de los diez firmantes del acta, creyeron hallar semejanzas con la antigua «Acción

Patriótica» y el llamado «Grupo Institucional» que se pretendió formar en 1966.

Lo cierto es que en la actualidad, dicha asociación, que siempre se había mantenido en un estado

«gaseoso» ha pasado a la fase de evaporación total. El cambio de Gobierno efectuado varios meses

después y la dilatación del proyecto de asociaciones parece que ayudaron a la desintegración total del

grupo.

Reforma social española

El señor Cantarero del Castillo es uno de los hombres que mayores y más positivos esfuerzos ha hecho

por dar una salida a la vía falangista. Desde la presidencia de la asociación de antiguos miembros del

Frente de Juventudes está realizando una continua labor en este sentido. Nutriéndose, en principio, de los

afiliados a dicha organización se pretendió también organizar una asociación «de opinión pública» que

pudiera tener cabida en la futura regulación del asociacionismo dentro del Movimiento.

Figuraban entre los promotores de la asociación cuatro procuradores en Cortes, ex afiliados al Frente de

Juventudes y que habían votado «no» en el Pleno de las Cortes celebrado en julio de 1969. Los restantes

componentes del grupo que había tomado la iniciativa eran principalmente presidentes de agrupaciones

provinciales de la asociación de antiguos miembros del Frente de Juventudes. Los fines que se proponían,

en este caso concreto, estaban claros:

• Respeto profundo a la dignidad y libertad del hombre.

• Respecto al derecho a la convivencia, cualquiera que sea el signo político de los españoles.

• El desarrollo económico y social debe servir para potenciar la libertad y los valores éticos.

• Jerarquización en función de los valores personales y no por herencia.

• Democratización de la enseñanza y socialización de la cultura.

• Un sindicalismo que posibilite las reivindicaciones obreras.

• Socialización del crédito y de la Banca.

• Reforma de la empresa capitalista.

• Reforma de las estructuras del campo.

• Corrección y perfeccionamiento de la distribución de la riqueza por una política fiscal y de salarios

más justa.

• Reestructuración territorial española geográfica, económica y administrativa, con mayor autonomía de

las regiones.

• Aceleración de la integración de España en Europa.

• Participación en el desarrollo del tercer mundo.

«Esta asociación —escribimos al conocer sus fines— puede ser el aglutinante de la Falange reformista y

los grupos progresistas no muy escrupulosos.» La verdad es que el proyecto, como todo lo relativo al

asociacionismo, está congelado. El hecho de que siga funcionando la asociación de Antiguos Miembros

del Frente de Juventudes hace que, en la práctica, esté en condiciones de salir a la palestra asociativa en

cualquier momento.

Lo democracia-cristiana de Ballarín

En el complicado mapa ideológico de la España actual, uno de los fenómenos de más difícil identificación

es el llamado democracia-cristiana. Dicha calificación se aplica o es utilizada por un número de

tendencias tan diversas y tan distantes entre sí que el hombre de la calle no sabe muy bien a qué carta

quedarse. Claro está que toda la culpa de esta confusión hay que achacársela al vacío asociativo que,

quiérase o no, hace que se resienta todo nuestro aparato político.

El señor Ballarín Marcial, uno de los «aperturistas» en los debates del Consejo Nacional, fue el principal

promotor de una asociación que se llamaría «Democracia Social», de inspiración cristiana. Incluso

Televisión Española le dedicó un importante espacio televisivo, lo que permite dar una idea de la fuerza

que tenía e incluso de su grado de aceptación a nivel más o menos oficial.

«Democracia Social —ha dicho el señor Bailarín— representará una posición de centro muy necesaria y

constructiva en este país, donde abundan las minorías extremistas a la derecha y a la izquierda.» Otro

punto que aclara no poco la ideología del grupo: «su filosofía será, en lo fundamental, cristiana (con la

orientación abierta y sugestiva que ha sabido imprimir a tan tremendo objetivo el Concilio Vaticano),

pero ello no quiere decir, sin embargo, que vaya a ser confesional».

Como fines de la asociación se fijaron los siguientes:

• Reconocimiento de la libertad religiosa y del pluralismo político.

• Plantear las relaciones Iglesia-Estado como sociedades separadas.

• Hacer que la economía y la política queden sujetas a la justicia en un verdadero Estado de Derecho.

• Perfeccionar los mecanismos de la representación política y evitar la influencia de los medios

económicos en las elecciones de todas clases y en la acción política general.

• Aplicación efectiva en España de los Derechos Humanos.

• Tutelar los derechos fundamentales y promocionar a la juventud, abriéndoles cauces de

participación y responsabilidad en la sociedad y en su Gobierno.

• Igualdad de oportunidades para todos, enseñanza básica gratuita y acceso de los mejor dotados a la

enseñanza superior.

• Reconocer y proteger la libre iniciativa económica, entendida como una energía creadora al servicio

no sólo de los capitales invertidos en la empresa, sino de quienes trabajan en ella, de los

consumidores y de la comunidad.

• Desarrollar el sector público de la economía, mediante las nacionalizaciones que exija el bien

común.

• Promoción del trabajador y participación proporcionada en los beneficios.

• Creación de un Banco sindical para ayudar a las empresas cooperativas.

• Planificación integradora de las energías privadas y públicas para la supresión de las igualdades

regionales y territoriales.

• Reforma fiscal y mayor fluidez del crédito oficial.

• Promover la ordenación del territorio mediante un sistema de planes regionales, coordinados, que

logren un equilibrio entre las grandes metrópolis, las capitales regionales intermedias y las cabeceras de

comarca.

• Corrección de los desequilibrios económicos entre las diversas regiones españolas.

• Descentralización administrativa y económica, mediante la división de España en regiones y zonas

operacionales, procurando su adaptación a la tradición histórica y la dotación de órganos deliberantes

y ejecutivos para la realización de la política de desarrollo regional.

• Perfeccionamiento de la libre asociación y representatividad en el seno de un sindicato único de

participación y gestión.

• Reivindicación de Gibraltar y relaciones diplomáticas con todo el mundo.

• Evitar el colonialismo económico y conseguir el ingreso en el Mercado Común para servir de

puente cultural y económico con Iberoamérica. Ayudar al tercer mundo.

Otros proyectos asociativos

Aunque los tres proyectos reseñados anteriormente fueron los que tuvieron una mayor consistencia y

parecían, por sus signos externos, los más viables, hubo también otros intentos dignos de ser reseñados.

Don Blas Pinar, célebre por sus singulares y no muy actuales posturas, pretendió, según declaró a la

agencia «Fiel», la constitución de una asociación entre los simpatizantes de la revista «Fuerza Nueva». Y

adoptó esa actitud a pesar de que en el Consejo Nacional votó «no» al proyecto asociativo «porque lo

consideraba un eslabón más del proceso de descomposición de lo que el Movimiento Nacional significa y

representa».

«Fuerza Nueva —declaró don Blas Pinar— intenta propiciar una asociación de carácter nacional en la que

se podría integrar ahora los sectores políticos del Requeté y la Falange, porque ahora percibimos que el

enemigo está perfectamente organizado y si en esta realidad continuamos desunidos, desagrupados en

infinitas asociaciones, podremos considerarnos derrotados.»

Aunque el señor Blas Pinar no aludió a ella, quizá no sería muy aventurado suponer que entre los

deseosos de afiliarse a su proyectada asociación figuraran también los llamados «Guerrilleros de Cristo

Rey», ya que este grupo ha puesto en acción algunas de sus ideas.

Otra de las personalidades que mostró claras intenciones de constituir una asociación de «opinión

pública» fue el conocido abogado y economista don Manuel Funes Robert, técnico del Ministerio de

Comercio, y con unas teorías económicas claramente opuestas a las seguidas por la política oficial. Sin

embargo, no se tienen noticias de que haya llegado a tomar cuerpo su idea, ni siquiera a nivel de proyecto.

Podrían citarse también a este respecto las actividades del «Distrito Centro de Madrid», la «Vieja

Guardia», los «Círculos Doctrinales José Antonio» y otras organizaciones que más o menos ya funcionan

en el contexto sociopolítico actual. Sin embargo, sus asociaciones no se diferenciarían de sus actuales

programas ni de sus normas de actuación. Todo esto, claro está, en el terreno de la pura hipótesis. Y es

sabido que en política hay que operar sobre realidades.

 

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