El pueblo por la paz     
 
 ABC.    25/09/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. JUEVES 25 DE SEPTIEMBRE DE 1975.

PAG 3.

EL PUEBLO POR LA PAZ

La manifestación en la plaza de Oriente, de cara a la balconada del Palacio Real, ha resultado una

afirmación rotunda, enormemente multitudinaria, apabullante, de patriotismo y, sobre todo, de serena y

consciente cohesión nacional,

Sería minimizar su significación, desmedular su contenido, mixtificar con tibieza calculada su carácter,

reducirla a solamente una repulsa de las agresiones e incomprensiones exteriores que padece España en

estos días.

La afirmación de unidad patriótica frente a las injustas campañas surgidas en algunos países extranjeros

era, desde luego, una de las motivaciones principales que alentaron a la manifestación.

Pero no ha sido, evidentemente, el único estímulo para su celebración. Otro propósito, no menos

importante y fundamental. no menos plenamente querido y expresado se ha centrado en el apoyo, en di

refrendo a una política nacional interna de Firmeza frente al terrorismo y la subversión, de mantenimiento

sereno del orden público, y de apoyo a las fuerzas que lo sirven.

Franco representa y polariza ambas motivaciones. No cabe la salvedad, aunque se intente razonarla con

distingos y matizaciones de cenáculo, de atribuir a una de ellas la adhesión popular desbordada y negar la

proyección del consenso público hacia la otra, ¡Y, precisamente, hacia la interior, cuando la preocupación

máxima del país, del pueblo que ansia la tranquilidad de una pacífica convivencia, es el fin de las

agresiones terroristas, la desaparición de tanta injustificable y terrible violencia delincuente!

En la atmósfera, lógica, de un rotundo entusiasmo popular, la manifestación se ha desarrollado con orden

y serenidad ejemplares. Han predominado muy claramente los acentos y actitudes afirmativas. La

condena de la enemistad y hostilidad exteriores ha sido firme, pero mantenida dentro de los límites de la

razón. Las derivaciones manifestantes —tan significativas— de aplauso a las fuerzas de la Policía y del

Ejército han sido emocionadas —y emocionantes— sin rebasar !a normal exteriorización de unos

sentimientos de buena ciudadanía.

El Estado y el Gobierno han recibido una muy sustantiva demostración de respaldo popular. La

comunidad social española entera, representada en la manifestación, ha reafirmado su digno sentido de la

soberanía nacional, de la independencia patria y su vocación decidida a favor de una España unida,

pacífica, conviviente, segura y progresiva.

Para el proceso inmediato de la política nacional puede tener un valor decisivo la gigantesca

manifestación de ayer. La tarea gobernante contemplará —así cabe suponerlo— un horizonte en el cual se

han disipado brumas y dudas.

Y hay que desear, con plenitud que el 1 de octubre de 1975 sirva de aliento eficaz para la evolución

política que el país necesita y que es posible dentro de sus Leyes Fundamentales. Porque, en definitiva, la

manifestación en la plaza de Oriente no ha sido rememoración de nostalgias, sino afirmación de cara al

futuro La manifestación, no estaba de espaldas; miraba hacia adelante.

 

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