La otra meta de la subversión     
 
 ABC.    02/10/1975.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA OTRA META DE LA SUBVERSIÓN

No pueden quedarse en el eco de un día les comentarios que suscita el reciente mensaje del presidente

Arias. De entre las muchas glosas que reclama ese texto importa destacar ahora su claro y brillante

planteamiento de la antítesis entre terrorismo y progreso político.

Desde estas columnas hemos registrado con aplauso los tenaces y constantes esfuerzos del jefe del

Gobierno por lograr para nuestra Patria un auténtico clima de convivencia civil por el camino de un

pluralismo político y de una efectiva participación ciudadana en las tareas del Estado. Sería injusto

pretender subestimar la sinceridad con que el presidente Arias ha acometido ese programa y la serie de

medidas legislativas con que se ha comenzado a darle cauce. Es cierto que nos hallarnos en las primeras

etapas de ese empeño. Pero tenemos conciencia de que su consecución es uno de los más firmes

propósitos del Gobierno. Desgraciadamente, las urgencias de una acción antiterrorista puede desviarle de

ese rumbo. Y aquí radica el nudo de la cuestión. Porque la subversión no puede dejarse impune. Mas

tampoco la reacción frente a ella debe ir más allá de los límites en que se encuadra el ejercicio de esa

«libertad esencial y verdadera» que aludía el jefe del Gobierno en su mensaje.

Que el problema es de ardua solución, no cabe duda. Ahora bien, una de las lecciones que se desprenden

de esta experiencia histórico-política es que la maniobra terrorista va más allá del frío asesinato

indiscriminado. De lo que se trata es de algo más profundo: de cortar de raíz los fecundos brotes de ese

desarrollo político por el que España quiere consolidar la imagen de su libertad. Esa aspiración es la que

más puede herir a los enemigos de la Patria. La meta encubierta de su lucha se cifra en frenar la evolución

del régimen hacia estadios de amplia y efectiva concordia ciudadana. Por eso hablaba Arias Navarro de la

«integración de los discrepantes».

He aquí una magnífica bandera que no se puede arriar por mucha y por cruentas que sean las

maquinaciones con que se trate de conspirar —desde dentro y desde fuera— contra la salud política de

España.

Las intervenciones públicas del presidente Arias han constituido siempre una noble convocatoria a la paz

civil. Y este lenguaje es el que más saña despierta entre los que pretenden fraguar la ruina de la Patria.

Por eso, aunque parezca paradójico, los intentos de subversión anárquica que confirma la brutal oleada

terrorista no deben hacernos retroceder en la trayectoria de nuestro progreso político. La continuidad de

éste ha de proseguirse dentro de las coordenadas de una libertad en todo instante compatible con el

principio de autoridad y el justo impeno de la Ley. Es en ese imperativo en el que creemos inspiradas las

palabras del jefe del Gobierno, Hay. pues que seguir adelante

 

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