Autor: Barra, Alfonso. 
 La campaña antiespañola en el mundo. ABC en Londres. 
 El frenesí antiespañol produce ya cansancio     
 
 ABC.    01/10/1975.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC EN LONDRES

EL FRENESÍ ANTIESPAÑOL PRODUCE YA CANSANCIO

Londres, 30. (De nuestro corresponsal por télex.)

La fiesta entra en la fase del obituario. La B. B, C., siempre por delante de la noticia, con batín blanco y

con el escalpelo del escritor Mr. G. Hills, hacía hoy la disección del cadáver de España.

El mensaje de la autopsia es que los castellanos pueden hacerse a la idea de una Península Ibérica

transformada en el mapa político de la Edad Media. Un conjunto de pequeños Estados independientes,

porque «el concepto de la unidad española es de la extrema derecha». La sentencia es de Mr. Hills.

Otra posibilidad sería la Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas, con las siglas U. R. S. I. Portugal

apoya el proyecto, bajo el abrazo marxista, pero los comunistas del resto de la U. R. S. I. no lo quiere.

El frenesí anti español produce ya cansancio e indigestión. Carta de un lector al «Evening News»:

«Bravo, tres aplausos para el Gobierno español. En lugar de criticar, Inglaterra debería hacer lo mismo

con los terroristas irlandeses en este país.»

Un sector de la Piensa protesta contra las recomendaciones de Mr. Jack Jones, el brigadista de las

internacionales, que signe de caqui en el Jarama. El presidente de la Asociación de Agencias Británicas

de Viajes advierte hoy que no hay posibilidad alguna de sustituir las vacaciones en España por puestos en

otros ejes recreativos. Ni por el precio ni por las plazas disponibles. El golpe económico contra las

agencias de viajes sería irrecuperable.

Dentro de ese género están algunos despachos procedentes de España que publica el >Daíly Telegraph».

Describen escenas espeluznantes a cargo de «fuerzas de ocupación», que taconean de lo luido. El

editorial, por el contrario, pertenece al género serlo.

Explica que el desafío comunista tiene a Portugal en la anarquía y al borde de la guerra civil. Según los

manuales del marxismo-leninismo, los comunistas lograron Infiltrarse primero en la radio y en la

televisión, para dominar después esos medios Informativos. Ahora la consigna es la huelga general y el

motín para retener las posiciones. El jefe del Gobierno y su equipo ministerial han pasado una noche en

poder de los Izquierdistas.

Mientras tanto, el presidente de Portugal viaja por Polonia y Rusia. Durante cuatro semanas luchó para

mantener a los comunistas en el Poder. Breznef se ha pronunciado recientemente a favor de la violencia

para ocupar el Poder en países extranjeros.

Concluye así el editorial: «Ese es el telan de fondo de la campaña izquierdista contra España de Franco.

Una campaña que países occidentales apoyan con ingenuidad.»

Peter Simple, en su columna del mismo diario, escribe: «Era posible asegurar por adelantado el estallido

de indignación provocado por la ejecución de cinco terroristas en España. Lo que es sorpresa es que

Incluso los comentarios más moderados presuponen que después de Franco será la hora del desorden

general, incluso de la guerra civil.»

Y añade el «Daily Telegraph»: «Dios quiera que no sea así. Parece como si los comentaristas no

marxistas del Occidente desearan ese destino trágico de España, una gran nación que al derrotar con

Inmensos sacrificios a la izquierda internacional, hace cuarenta años, el Occidente adquirió una enorme

deuda con ese país. Siempre que pensemos en España debemos recordar esa deuda. Que la izquierda

internacional suspire por otra guerra civil es comprensible. Esta vez quiere ganar. Pero que otros jueguen

con la idea no puede ser otra cosa que un síntoma más de la manía suicida, otro indicio del deseo crónico

de morir que sufre el Occidente.»

Hay cuerda todavía para alimentar la campaña antiespañola, aunque llueven las cartas de apoyo a nuestro

país, dirigidas a la B. B. C. y a los periódicos. Si faltan noticias serán inventadas. Esa munición, sin

embargo, es conocida desde hace muchos años por su ineficacia. Ahora hay otra dinamita mucho más

potente y letal.

Lo que se está ensayando es maniatar a, nuestro país para que no pueda defenderse eficazmente contra la

violencia organizada, alentada y pagada desde el exterior. Nunca se había intentado con tanta dedicación

atar a la víctima al poste de ejecución. El propósito es que España no pueda desviarse de la vía dolorosa

hasta llegar al Gólgota. Se Invoca el viejo dicho francés: «Es un animal muy perverso, porque cuando le

atacamos intenta defenderse.»

Inútil sería ignorar que el mundo exterior ha dado el primer azote sin consecuencias definitivas, pero está

preparando los sucesivos. Porque los golpes dolorosos, injustos y deprimentes no faltarán. Para rematar a

la víctima hay que prodigar los navajazos.

El apoyo popular a las autoridades en estos momentos es cuestión vital. No es el pasado lo que se ventila,

sino el bienestar, el orden, la paz y la propia existencia de España. En otras circunstancias se trataba de

demostrar los sentimientos heridos y de volver contentos a! hogar. Hoy no es posible volver con la misma

satisfacción, porque quienes alientan a las minorías de la violencia no tienen respeto a la mayoría de la

paz.

Hay tiempo todavía para ordenar las filas, para organizarse, para dar el abrazo a todos los que quieren

reformas y orden. Hay que recordar estos días vividos en el extranjero para advertir que ya no es posible

coger el sueño a la sombra del patriotismo inconmovible de las instituciones que defienden a España. La

consigna es la crucifixión de España con las manos atadas, después de ser cosida a lanzazos.

Hay que gritar en la calle y hay que votar cuanto antes y que voten todos según quieran. Y con esas urnas

por delante, nadie puede pretender que si cruzan la frontera para destruir el orden, España no pida consejo

al mando británico en el Ulster.

No queda eliminado el peligro con la imprescindible manifestación de apoyo. La B. B. C. se adelantaba

hoy, a un deseo manifestado insistentemente en los últimos tiempos, de repartirse el sudario del país

crucificado que. según los indicios, no recibiría muchos responsos. Eso es lo que se lee y se dice en

Londres.

—Alfonso BARRA.

 

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