Autor: Díaz, Luisa. 
   Adios a la guerra     
 
 Arriba.    23/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

URGENTÍSIMO

ADIÓS A LA GUERRA

«Señor director: Como presentación le diré que soy lectora de ARRIBA de siempre. Comprendo que el

periódico ha tenido que cambiar su sentido político, sus lectores lo mismo, pero nunca pensé encontrar en

sus páginas, y hasta con recuadro de honor, titulo «Adiós a la guerra», un texto despreciable. Su autor

(cuyo nombre no quiero retener, aunque me figuro que es tapadera del suyo propio) nos pide que no

hablemos más de la guerra, con razones tan chabacanas e hirientes que invitan a la más enérgica repulsa.

El llamar guerra a lo que fue lucha contra el comunismo internacional, sin duda, se aplica por la brevedad

de la palabra, pues lo cierto es que en España se nos metió Rusia disfrazada de república, y cuando

teníamos ya en casa la hoz y el martillo y llevábamos camino de acabar siendo una colonia soviética la

reacción del Ejército nos salvó del peligro y los satélites rusos que teníamos aquí, junto con sus amigos

españoles que los habían traído, tuvieron que marcharse con «el rabo entre las piernas» (perdón por lo

poco literario del término, pero, a la altura del autor del recuadro). Se llevaron todo lo que pudieron,

claro, pero se marcharon, caso hasta ahora insólito en la historia del comunismo, que hasta ahora no le

han echado de parte alguna.

Dice también el autor que a él y a los que nacieron en los años treinta nos les afecta la guerra para nada.

¡Ya lo creo que les afecta! Nacieron con Franco, pero pudieron nacer con Stalin. Ahora lo que no

sabemos es lo que ellos hubieran preferido. ¿Sigue después de esto opinando el recuadrista que se parece

a la guerra carlista?

Y vamos a la separación que existe entre nosotros, según él. Eso, que no se puede llamar separación,

existe aquí, en toda Europa y en medio mundo. Estos últimos años han aparecido infinidad de

organizaciones con distintos nombres y siglas, que parece no tener más objeto que la destrucción de tota

la sociedad civilizada. Como no les han dejado llegar al Poder, como sucedió aquí, no existe un

enfrentamiento al descubierto, pero sí una desconfianza y lucha sorda, que se traduce en que se vive en un

clima muy parecido al nuestro. Hasta ahora les salvan las elecciones, que seguramente serán (Dios lo

quiera) las que nos salvarán a nosotros; ¡pero no el callar o hablar de lo que para muchos fue un drama

inolvidable!

Pero para llegar a esto que esperamos cayeron muchas vidas, y no me refiero a los que cayeron en los

campos de batalla, sino a los millares de víctimas de las chekas de Madrid y a los trágicos paseos que

terminaban en las grandes fosas de Paracuellos del Jarama y sitios similares. Por cierto, ¿no conoce el

recuadrista Paracuellos? Debía darse una vueltecita, como turista, claro, porque eso a él no le afecta

nada.»

Y para terminar, la concordia está en conducirse con honradez de palabra y obra, en no lastimar, no herir

y, en estos momentos, en seguir con el corazón lleno de esperanza y el «sí »en la papeleta de votación a

ese hombre bueno, que el 14 de diciembre, en quince minutos de pantalla en Televisión, con sinceridad,

sin sarcasmos ni ironías, y con toda la seriedad que sus palabras requerían, supo llevarse el «sí» de tantos

millones de españoles, deseosos de comprensión y concordia.

LUISA DÍAZ (Madrid)

 

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