Autor: J. C. . 
 Capitán Sanz Palacios:. 
 La amnistía debe promulgarse  :   
 (siempre que sea para bien de España). 
 El Alcázar.    07/10/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

DURANTE toda mi vida he procurado colaborar con las personas que más lo han necesitado. Y no lo

digo como mérito sino sinceramente. Ahora se plantea, parece que de una vez por todas, el tema de la

amnistía. Creo que, por mi profesión y por mis circunstancias personales, mi opinión al respecto puede

tener cierto valor. Pues bien, la amnistía debe promulgarse, siempre que sea para bien de España, a

condición de que con ella se acaben los derramamientos de sangre. Incluso para los comunes, sí. El 8 de

febrero pasado, en una carta enviada —y no publicada— a una revista de difusión nacional, invitaba a

firmar conjuntamente —y yo el primero— desde Ruiz Giménez a Alvarez Dorronsoro un escrito dirigido

al Gobierno pidiendo amnistía total para todos sin distinción de color ni ideas. Somos ya muchas familias

de luto»

Capitán Sanz Palacios: "LA AMNISTIA DEBE PROMOGARSE (siempre que sea para bien de España)

Hace un año, su hijo fue asesinado en el mismo atentado que costó la vida al gobernador de

Guipúzcoa

Son palabras que deberían acompañar el informe complementario de una decisión jurídica histórica. La

declaración con mayúscula de un abogado del cuerpo jurídico militar, Alfonso Sanz Palacios, defensor en

varios procesos de algunos de los políticos que hoy se sientan en las cámaras parlamentarias. Y padre de

uno de los policías de escolta del gobernador civil guipuzcoano, Juan María de Araluce, asesinado como

él, hoy casi justamente un año por un comando de ETA.

"Si yo intentara hacer aquí un panegírico de mi hijo, se me diría y con razón que era pasión interesada.

Bastará con recordarle que un compañero suyo me decía que su mayor pena era no haber ocupado en el

momento del crimen el puesto de otro infortunado. Palomo Pérez. Me prometió además que de tener un

hijo le pondría Luis de nombre, para poderle llamar Koldo."

Ahora se cuestiona la función de las fuerzas de orden público en una sociedad ditinta a la de hace un par

de años, ¿cuál es su opinión al respecto?

Ni estuve ni estoy pesaroso de que mi hijo ingresara en el cuerpo general de policía. Al contrario, me

encuentro muy satisfecho. Es una institución heroica y ejemplar, entrañable en todos sus aspectos. No me

importaría tampoco que mis dos hijas se casaran con funcionarios policiales, ¿qué mayor orgullo para mí

que he tenido no la desgracia, sino simplemente el destino de perder mi primogénito con una muerte en

acto de servicio en un cuerpo, no represivo como algunos quieren pintarlo, sino ejemplar por tantos

conceptos?

Quisieron que declarase en falso

El capitán Sanz Palacios ha recordado también un tiempo "del que mejor no tocarlo mucho". Y sus

protagonistas "Como letrado, siempre disfruté de cierta fama como defensor militar. Y así, en el 63,

representé al oficial Manuel Azaustre Muñoz y su mujer, acusado de rebelión (por cierto que en el

domicilio particular del matrimonio estuvieron residiendo un tiempo Julián Grimau, Simón Sánchez

Montero y un tal Aurelio, que probablemente actuaba con nombre falso. En mi informe testifiqué que el

acusado no había asistido a ninguna de las reuniones mantenidas por los otros tres en el piso, por lo que

no fue más que un elemento involuntario de colaboración). Más tarde, quisieron encomendarme la

defensa de Grimau. Era el mes de abril del 63. No acepté pues el abogado de Madrid, Amandino

Rodríguez Armada, con el que mantuve varias charlas, pretendía que nos pusiéramos de acuerdo en

invocar el hecho de que el acusado había sido arrojado por la ventana de los despachos policiales. Al

visitar el lugar del presunto suceso y negarme a ello, la defensa recayó en otro capitán, el señor Rebollo,

hoy director general de Correos.

Carlos Zayas, a quien no veía desde su proceso, me le encontré el otro día, siendo ya diputado por Teruel.

Por cierto, que no conocía la tragedia que me afligía. Juan Ignacio Sarda y Antón, Rodolfo Guerra

Quintana fueron otros de mis patrocinados. Todos ellos siempre bajo el mismo cargo de actividades

subversivas. Te encontrabas además con situaciones violentas. Por ejemplo, el padre de éste último había

estado de alférez provisional en el frente de Belchite en el mismo batallón, el 111, al que yo pertenecía.

Por eso le digo —sonríe el capitán Sanz— que cuando me preguntan si soy demócrata, no puedo por

menos que responder que hasta los huesos. Claro que yo entiendo la democracia no sólo en una

dimensión política, sino como una forma de relación con los más débiles. Me refiero, al margen ya de mi

curriculum profesional, en cuanto a mí me toca, a la ayuda de igual a igual respecto a los humildes. Así le

puedo decir que los primeros cien trabajadores de la empresa Barreiros eran paisanos míos de Paredes de

Escalona, a quienes facilité el contrato de trabajo.

Hago mías las palabras de la viuda de Araluce

Esta crónica testimonial debe dejar, porque lo quiere su narrador, debidamente cotejados los detalles

dolorosos —la luna de miel abortada de Koldo, el ensañamiento de esos 96 disparos, las pruebas de cargo

que no desvelarán las versiones a pelo de los tristes acontecimientos, el banquillo de los "activistas"...pero

la lectura de los párrafos tiene necesariamente que coincidir en un solo punto. Aquél que resume la

dolorosa experiencia del capitán Sanz, para superarla: "Quisiera en estos momentos hacer mías las

palabras de la viuda de Araluce, es mejor y mucho más cristiano el perdonar. No creo que tenga que

recordar aquí el principio legal de que "al mismo hecho el mismo derecho". Procuremos todos el que no

tengamos que recurrir a las repulsas de la prensa que a nada conducen. Esa será la mejor demostración de

que TODOS odiamos la violencia."

¡Qué hermosa lección la de la familia del abogado laboralista Serafín Holgado, asesinado en el atentado

de la calle de Atocha en el mes de enero último, cuando se fundió en un abrazo con la esposa y el padre

del policía armado, asesinado también por aquellas fechas! Habría que imitarles, sólo por el bien de la

nación. De lo contrario al ritmo que llevamos, el futuro sólo puede acarrearnos fatales consecuencias".

La Policía es un cuerpo ejemplar, no represivo como algunos quieren pintarlo.

No acepté la defensa de Julián Grimau porque me negué a testificar que había sido arrojado por la

ventana

Al ritmo que llevamos, el futuro sólo puede acarrearnos fatales consecuencias.

J.C.

EL ALCÁZAR

 

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