Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
 Los episodios nacionales. 
 Sangre, sudor y pacto     
 
 Hoja del Lunes.    17/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Los episodios nacionales

Sangre, sudor y pacto

Como ha llegado a Madrid Victoria Kent, ya estamos completos todos los del chotis. Hemos unido las

ráenos en el velador de la democracia y han comenzado a materializarse todos los espíritus de aquella

historia que todavía no samemos si se va a repetir o no. Esta es, por añora, la última materialización de los

espíritus reconcilíatenos. Doña Victoria Kent na venido tarde y con malas pulgas y lo primero que ha

dicho es que en España no hay libertad y que las elecciones del 15-J no fueron libres, porque ella, por

ejemplo, no pudo votar. Bueno, de eso de la libertad, allá los políticos. Como diría Pérez Horca, la prueba

de que hay libertad es que ella ha vuelto y que puede decir que no hay libertad, porque la primera señal de

la libertad es que todos podamos decir que no la vemos por ninguna parte. En cuanto a lo folklórico, lo

importante es que Pichi-77 ya les puede decir a las respetuosas que le pidan que les compre el Rolls,

aquello que cantaba la Celia Gamez con los dedos en los tirantes del peto: "Se lo pues pedir a Victoria

Kent, que lo que a mí no ha nacido quién". Rafael García Serrano, a quien le ha dado la manía de citar a

don Manuel Azaña—quizá para darle el té todas las tardes a Julián Cortés Cavanillas—, cuenta que don

Manuel decía que en las Cortes de la República no había meta mujer que Margarita Nelken, como

queriendo decir que Victoria Kent y Clara Campoamor se "sentían extrañas". ¡Vaya usted a saber!

Al fin y a¡ cabo eso pertenece a esa intimidad personal que don Landelino Lavilla dice que hay que

respetar, y yo que lo vea.

Porque lo que falta que saber es al la amnistía es la letra capitular de la reconciliación o el borrón y la

cuenta nueva de muertos La frase más hermosa sobre la amnistía la, ha pronunciado don Marcelino

Camacho: "Nosotros hemos enterrado a nuestros muertos y nuestros rencores." Las frases más alarmantes

las ha escrito, en verso y prosa, don Torcuato Luca de Tena, que escucha bajo el rumor de las aguas Se la

historia el roce de la pluma, firmando la amnistía y «1 roce que lustra las nuevas metralletas, A los de la

ETA la concesión de la amnistía les ha sorprendido cumpliendo escrupulosamente con su profesión:

matando. Y a los del Grapo y la Triple A, también. Pero parece que a los diputados les entró la fiebre de

la unanimidad—con la excepción de Alianza Popular, que siguió esa regla moral que dice que en la duda,

abstente—y la amnistía fue recibida en el hemiciclo con palmas sin pitos. Sean bienvenidos al perdón y el

olvido, si con ello unos hacen el ánimo de respetar las leyes y otros toman la decisión de aplicarla con el

rigor necesario para cortar al largo reguero de sangre que entristece el nacimiento de nuestra democracia,.

Porque consuela, oir qué e! señor ministro de Justicia ha dicho algo que muchos venirnos diciendo haca

tiempo: que la situación de una amnistía permanente es una invitación constante al delito. Los dos

personajes mas antagónicos de la amnistía han sido don Torcuato Luca de Tena, que se ha alzado con un

articulo de los de trueno bíblico y con unos versos endecasílabos que Dios quiera que no sean una

profecía (por cierto, querido Torcuato, que Araluce no se llamaba José María, sino Juan María, y así tu

error o deja cojos los versos en la memoria o en la medida), y don Luis María Xirinachs, que se ha

sentado, por fin.

No es extraño que esto de la amnistía sorprenda a unos alzándose y a otros sentándose. Son las

contradicciones propias de este asunto enorme y delicado de la transición. Echamos las campanas al vuelo

por la concesión de la amnistía, y al mismo tiempo tenemos que echarlas también a rebato porque la

Policía ha detenido con igual diligencia a los miembros del Grapo y a los de la Triple A, es decir, a

extremistas terroristas de extrema izquierda y de extrema derecha. Y, además, antes tuvimos que doblar a

muerto. Bueno, pues ya está bien de toques de badajo. "Yunques sonad; enmudeced campanas." Yo no sé

si se pondrán de acuerdo los partidos en eso de promulgar una ley de defensa de la democracia contra el

terrorismo. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que la democracia necesita esa defensa.

Desde un extremo y desde otro se está intentando la sustitución de las urnas por la goma-2 y por la

metralla. Y hace falta aplicar la justicia. Aplicar la justicia coa muchísimo respeto, pero con muchísima

firmeza. Con el respeto que quizá faltó antes y con la firmeza que quizá falte ahora. Aquel obispo

Añoveros, que se vino una vez a Madrid con su chapela vasca sobre la cabeza, ahora ha puesto sobre ella,

y nos ha recordado las palabras del dulce y mínimo Francisco de Asís: "Donde hay odio, que haya amor;

donde hay ofensa, que haya perdón; donde discordia, armonía; donde error, verdad; donde duda, fe;

donde tristeza, alegría.

Porque olvidando se encuentra y perdonando se es perdonado." Si no, alguien habrá que repita la historia

de los motivos del lobo.

Todo eso es lo de la sangre. El sudor es cosa de todos, porque aquí estamos sudando bien la democracia.

Unos sudan por el trabajo, otros porque no encuentran trabajó, otros sudan de miedo por lo que se nos

puede venir encima, otros por lograr el pacto y los últimos por si se logra el pacto. Dicen que eso del

"Pacto de la Moncloa" es como un anticipo del Gobierno de concentración. Se trata de que gobiernen los

mismos, pero con eso que los italianos llaman el "apoyo externo" de la oposición. Además de los

políticos, quien se tiene que poner de acuerdo en el "Pacto" es el país. Hace tiempo que el profesor

Fuentes Quintana hizo el diagnóstico del enfermo y señaló los remedios. Ahora falta que el enfermo

quiera tomarse las pildoras. Porque lo que le pasa al enfermo es que no está por la labor. Después de

muchos años de que le vayan diciendo lo que tenía que hacer, ahora dice que ya no le hace caso a nadie, y

estamos en esa estación política floral del "alhelí del sálvese quien pueda", como diría el poeta de la

generación del 27, al que tampoco le han dado el Nobel.

De cualquier forma, siempre es bueno que los políticos pacten para gobernar o para dejar gobernar. Al

fin y al cabo, gobernar ahora no es gustar las mieles, sino las hieles del poder. A mí me da la impresión de

que, por mucho que diga Juan Luis Cebrián, los de la oposición están diciendo la paráfrasis unamuniana

"¡Que gobiernen ellos!" y haciéndole un corte de mangas a las poltronas ministeriales. Antes, para

estar en política, o se estaba en el poder o se estaba en Carabanchel. Pero ahora se está tan ricamente en la

oposición, esperando que escampe. Los cien días del Gobierno Suárez son como cien años, y no hay más

que compararlos con los cien días del Gobierno Aria», que ya parecían cien meses Lo peor de todo es que

el personal, la feligresía, la parroquia o el colectivo se está hartando tanto del Gobierno como de la

oposición. Dicen que en unos meses hemos dado un bandazo a la izquierda. Eso ¡o dicen las estadísticas.

Otros aseguran que, desde el Centro, hay muchos que han dado un bandazo a la derecha. Mal asunto.

Eso quiere decir que se están saliendo con la suya los que quieren la desestabilización, que es la palabra

más de moda en el vocabulario político del momento. Es curioso que, sin ministro de Relaciones con las

Cortes, las Cortes hayan ido como una seda. Así que no es extraño que sigamos sin sustituto de don

Ignacio Camuñas. Los que quieren la crisis se han puesto nerviosos esta semana y los rumores han

llegado a varios ministerios. Ya se sabe que estamos con la fiebre de pedir las dimisiones de todos. Como

van a volver los serenas, dentro de poco podremos pedir de nuevo la dimisión de Juan García Carrés.

La verdad es que a mi hay ministros que me caen bien y otros que me caen mal, aunque procuro

disimular las dos cosas- Pero no tengo interés en que dimita ninguno, porque, como diría don

Santiago Carrillo, siempre será posible encontrar otros peores, y lo único que sucede es que a veces

dicen unas cosas que entran ganas de persignarse y de encomendar el alma a Dios. Pero es que, como

explica Pió Cabanillas, estamos pagando la novatada. De todos modos, habría que decir algo parecido a lo

que dijo el cardenal Ottaviani sobre Juan XXIII: ";Dios mió. ya que no le abres los ojos, cjérraselos!"

Naturalmente, no respondo de la autenticidad de la frase, pero me conviene, que diría el maestro Eugenio

d´Ors.) Bueno, pues a algunos ministros, ya que no se puede lograr que hablen lo que deben,

habría que cerrarles la boca.

Con todo, algo se adelanta. Mucho se adelanta. No es que hayamos echado a correr por la senda

constitucional, entre otras cosas porque todavía no tenemos Constitución, pero ya damos pasos, aunque

sea con andaderas. Hay reglamento de las Cortes. Hay amnistía. Hay "Pacto de la Moncloa".

El computador electrónico del Congreso ya funciona y los señores diputados ya tienen sus llaves, sin

esperar a que las hayan devuelto todos los procuradores de las orgánicas. Ya disponemos de los datos

definitivos de las elecciones. Ya tenemos la película de Patino "Caudillo" en las pantallas. Ya están

escondiendo en los quioscos la pornografía. Ya nos estamos atracando de cultura en la televisión. Ya

vamos a estar en el Consejo de Europa. Y, además de legalizar a los comunistas, estamos a punto de

recibir a los masones y de establecer relaciones diplomáticas con Israel sin que le haya dado el infarto

nada más que a ese ilustre turista que estaba jugando al golf en La Moraleja y que se llamaba Bing

Crosby.

NOTA.—Don Eduardo Prado Manso, vicepresidente de ARDE, replica una alusión mía en la que

afirmaba que, antes, la República era aspiración de aquellos intelectuales que integraron los Amigos de la

República, y que ahora la nostalgia republicana está en el alboroto callejero. El señor Prada me cita uña

serie de hombres ilustres, ya muertos, y otra serie de hombres, todavía vivos. Entre estos últimos se

incluye a don Claudio Sánchez-Albórnoz. Me encanta que me discutan, y me entusiasma discutir.

Pero con una condición. Comprendo que es una condición dura: que antes de discutirme, me lean.

Jaime CAMPMANY

 

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